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Inscripción Nº 185389 26/10/2009
Introducción
Al llegar a Buenos Aires en 1963 y en mis largas estadías posteriores en Argentina
como también en Uruguay, lo que más me llamó la atención fue el trato
respetuoso y cariñoso que se brindaba al niño.
El pibe era el rey.
Generalmente se le trataba bien y con cariño.
Al niño se le escuchaba, se le
animaba, se le celebraba, se le cuidaba.
Concluí que lo más probable era que de
ahí venía la personalidad, la pachorra, la actitud ganadora del trasandino. Y me
llamó la atención ya que en esos años y hablando en general, lo cual implica
lógicamente excepciones, en Chile sucedía lo contrario.
Nuestra opacada personalidad y mentalidad perdedora de ese entonces, incluso la timidez
reflejada en un lenguaje sobrecargado de diminutivos quizás provenían del
despectivo trato a los niños.
Poco a poco, tras continuos artículos de sicólogos
en revistas y medios de comunicación desde fines de los ’60 adelante sobre la
necesidad y las bondades de respetar y el “dejar ser y hacer” en una
equilibrada libertad, la situación fue cambiando y especialmente en las últimas
dos décadas con la globalización de los medios.
Pienso sí que lamentablemente se ha estado llegando al otro extremo y ahora son, en un buen porcentaje, nuestros
niños y jóvenes los que no respetan a los mayores. Ideal sería llegar al equilibrio correcto.
Es indudable que las vivencias en nuestra
niñez condicionan e influyen en gran medida la suerte y la manera en que
enfrentamos nuestro devenir en la sociedad a lo largo de nuestras vidas. Gran
parte de nuestra mentalidad y personalidad se forja en la infancia, tal como se
forja nuestra salud y desarrollo físico según la alimentación y cuidados que
tengamos en esos primeros años.
Obviamente ello no nos libera de nuestra
responsabilidad por nuestros actos, responsabilidad que hay que asumir
plenamente, pues a pesar de la adversidad los seres humanos tenemos el deber en
la vida de liberarnos, de cambiar o mejorar. Sin embargo, cuanto éxito tengamos
en ello no dependerá sólo de nosotros, sino de nuestro entorno donde se incluye
la familia, nuestras relaciones, buenos amigos y la cultura de la sociedad en la
que nos toque vivir. Las trancas de las cuales no logremos liberarnos
permanecerán en nosotros como nuestras humanas zonas erróneas.
En esta introducción hago referencia a lo anterior ya que en lo personal, si bien siento
haber superado en alguna medida varios complejos y estar algo tranquilo consigo
mismo, creo haber fallado en superar algunos traumas más profundos que no sólo
perjudicaron mi vida sino tal vez la de otros seres queridos. A ellos les pido perdón, como también a los
que ofendí o no tuve la actitud correcta en algún momento de mi vida
Desde hace muchos años pensé en escribir mis memorias, mas ello implicaba pasar necesariamente por
el tiempo de mi infancia que para mí fue traumante, por decir lo menos. Pero
últimamente comencé a pensar que tal vez si escribía aquellas vivencias,
probablemente me podría ayudar a liberar mi mente y mi alma de esas cargas
negativas y pudiese vivir mis últimos días habiendo logrado estar en paz con
aquel que las provocó.
Cavilé mucho en el tiempo si escribir o no. Finalmente aquí están estas memorias.
Los primeros recuerdos de mi infancia vienen desde los cuatro o cinco años en
Antofagasta, 1945 ó 46. Mi madre y yo vivíamos de allegado en casa de su tía
Carmen quien era parte de los cuatro hermanastros de mi abuelo Luis, hermanos
en lo civil ya que Zapata era el apellido que llevaban todos. Mi abuelo
materno era hijo de un pícaro italiano con quien mi bisabuela había tenido un
desliz y que fue a tiempo solucionado por el gran amor de quién lo acogiera
como primogénito dándole su apellido.
La casa de tía Carmen era acogedora y se
ubicaba en la Avenida Argentina, vecina o en el mismo lugar donde décadas
después se levantara el Hospital Regional. La recuerdo como aquellas casonas
que en los ’60 se usaban como residenciales veraniegas en Viña del Mar. Un
florido antejardín, una enorme palmera, luego un porche y la casa blanca de
buena madera. La tía era cariñosa y sus dos hijos adolescentes eran traviesos.
Recuerdo momentos felices con mi madre en esa casa.
Pero más vívidos en mi
mente son los recuerdos cuando llegaba el tío Víctor, hermano de tía Carmen y
nos sacaba a pasear en su auto.
Me recuerdo lo más cerca posible de la
ventana, sintiendo la brisa del mar en mi rostro. Supongo que era tan feliz
como los perritos que sacan medio cuerpo fuera del auto en busca de ese
placer.
Ese tío Víctor también se hizo cargo de mi kínder en un colegio
perteneciente a la iglesia Corazón de María y que quedaba cerca, en nuestra
calle esquina con 21 de Mayo.
Algunos vagos recuerdos tengo de elogios sobre
qué habiloso era el niño y cuán rápido aprendía. . . bueno hasta ese entonces.
Con 4 años de edad en Antofagasta
La tía Carmen también daba alojamiento a algunos estudiantes provenientes de
Chuquicamata, distante 240 kilómetros en donde en esos años no había liceo y un
día la madre de uno de esos internos y que en Chuqui daba pensión a trabajadores
solteros o que se hacían pasar por solteros, se entera que uno de ellos era mi
padre, el cual la estimaba y respetaba mucho. Esta dama de nombre Isabel se
empecinó entonces en la tarea de reunirlo con mi madre.
Mis padres se habían
conocido en la salitrera Oficina Vergara, donde por entonces el tío Víctor era
dueño de una farmacia. Mi abuelito Luis había muerto cuando mi madre que era la
mayor de cinco hermanas contaba con sólo 10 años y como mi abuelita se había
vuelto a casar teniendo dos hijas más, el tío Víctor le ayudaba alojando a
algunas sobrinas.
Luego de un casamiento por el civil apremiado por este
influyente tío y autorizado por mi abuelo paterno, pues ambos eran menores de
edad (21 años por aquel tiempo), siguió la separación y así Hilda Clorinda, mi
madre, regresó a Mejillones donde en casa de mis abuelos nací un 22 de Diciembre
de 1940 y en donde vivimos los siguientes tres o cuatro años. Ella costeaba mi
crianza y su sustento aprovechando su gran talento para la moda, diseñando y
confeccionando trajes y vestidos para una asidua clientela. Incluso años después
todas las damas norteamericanas, esposas de los gringos en Chuqui, le mandaban a
hacer su ropa.
Javier Segundo, mi padre, siguió por la senda del futbol. Era un excelente y
hábil centro delantero. El servicio militar en Antofagasta se le había hecho muy
grato y regaloneado debido a este talento y en 1939 jugando por la asociación de
la oficina salitrera Pedro de Valdivia fue campeón de Chile en futbol amateur,
cosa que se repitió en 1941.
Fue contratado entonces por el Warderers de
Valparaíso, donde permaneció alrededor de un año con mucha dificultad ya que
la disciplina que le imponía el futbol profesional iba en contra de sus ganas de
diversión y la buena vida. Hoy diríamos simplemente que le gustaba carretear.
Empezó a subir de peso y finalmente renunció volviendo al norte donde comenzó a
trabajar en Chuqui. Años después fue entrenador del equipo de la asociación de
futbol de la localidad.
Mi padre tenía buena pinta, simpático, le gustaba cantar
tangos y muy bueno para los combos. En la sección de la mina donde lo asignaron
había un matoncito que le decían el Mata-siete y sintiendo antipatía por mi
taita muy pronto le busco pleito. Después de la pelea el Mata-siete quedó como
chaleco 'e mono y mi padre con el apodo de Mata-ocho.
Seguramente a regañadientes, he pensado yo después, ya que según la señora
Isabel mi padre contaba con muchas admiradoras y lógicamente disfrutaba su
juventud, aceptó el encuentro con mi madre el que se produjo en casa de esta
señora, ubicada en el sector habitacional llamado 'Los 2000' (por la
numeración).
Mi madre debe haber usado frases muy estimulantes y pintado un
mundo lleno de colores en mi mente infantil sobre ‘vas a conocer a tu papá, a tu
papito’, que aún hoy aparece vívidamente el recuerdo, la imagen de él parado en
una esquina de la habitación y yo corriendo con los brazos abiertos hacia él,
terminando con un abrazo y justamente con un… ¡papito!
Pero pronto todos los
colores de ese mundo de ilusiones empezaron poco a poco a volverse grises.
Primero vivimos unos meses de allegados en casa de Don Vicente, su esposa Olga y
sus hijos, amigos de mi padre. Allí entre otros ingratos vagos recuerdos esta
uno que sí quedó fuertemente grabado debido a la frustración que sentí, no
obstante que tenía poco más de 6 años.
Era domingo, pues recuerdo que estábamos
todos en el almuerzo. Llega el postre y, alegría general sobre todo en los
niños, pues era durazno en almíbar en conserva rodeado de crema de leche. Cuando
me dispongo a comer el mío, mi taita me manda a comprarle cigarrillos a la
esquina. Corrí de ida, más corrí de vuelta pensando en el postre. Cuando llego
mi plato estaba tapado y al destaparlo había algo físicamente similar, un huevo
frito falso de esos que venden para broma. Todos incluyendo mi taita largaron la
carcajada, yo sólo sonreí esperando que al terminar la broma apareciera mi
postre. Jamás apareció, me quedé sin él; mi padre que fue el de la idea
simplemente se lo había comido mientras yo iba por sus cigarrillos.
La compañía nos asignó el uso de una vivienda en el sector llamado “El Lata” dentro del
campamento minero. Nunca supe el origen de ese nombre. Pero recuerdo que eran
unas pequeñas casas pareadas de sólo dos habitaciones, sin patio ni antejardín,
con sólo una puerta al frente y que no tenían agua ni servicios higiénicos.
Estos se encontraban para uso colectivo más o menos a una cuadra de distancia,
es decir, un baño colectivo para unas diez o más casas. Allí vivimos unos 5
años.
Y allí están los recuerdos más amargos de mi infancia, los que tal vez me
produjeron mis zonas erróneas en mi mente y que marcaron mi camino por la vida.
Chuquicamata (Fotografía Mark Simons)
Tal vez por ser yo culpable del cambio en su vida; quizás si no amaba lo
suficiente a mi madre; tal vez por su dura infancia en las oficinas salitreras
con un severo padre o que sé yo por qué otro motivo, la cosa que mi taita me
golpeaba salvajemente en forma constante y en todo momento me hacía sentir su
bronca hacia mí.
Generalmente encerrado en el dormitorio, una de las dos piezas,
yo corría llorando, gritando desesperado, saltando entre dos camas, tratando de
evitar la gruesa correa de cuero y su hiriente hebilla de metal.
Mi madre tenía
mejor suerte, pues los golpes y maltratos que recibía no eran tan frecuentes
como los míos.
Empecé a orinarme en la cama y al descubrirlo tipo 3 o 4 de la
mañana, mi taita reaccionaba indignado con otra golpiza. Era desesperante no
poder evitar dormido el mojar las sábanas y evitar así los golpes al despertar.
En 1947 había entrado al primer año básico en la escuela fiscal del campamento,
repetí el segundo y luego también hice el tercer grado dos veces, terminando el
sexto y último recién en 1954.
Recuerdo que entre los niños en la escuela y en
el barrio en un tiempo se puso de moda el jugar tirándose lentejas con unas
cerbatanas improvisadas con unos tubitos delgados de vidrio. Tuve la infantil y
tonta ocurrencia, por travesura, de tirarle un par de lentejas al vecino. Luego
éste, sin yo saberlo, me acuso con mi padre.
Esa noche después de cenar mi padre
me pide una hoja de cuaderno y empieza lentamente a enrollar el papel hasta
hacer un delgado tubo, luego le pide a mi madre lentejas o porotos y para mi
sorpresa comienza a lanzar con soplidos algunos granos.
Qué emoción, qué
alegría, mi distante y severo papá estaba haciendo algo que me acercaba a él,
algo que nos unía, algo que podíamos compartir. . . Corro entonces a buscar y
mostrarle mi tubito y mis lentejas. . .
— ¡Mira papá, yo también juego a lo
mismo! . . .
Pero en ese instante recibo un fuerte puñetazo en la frente que me
tira lejos. El solamente quería prueba de lo que yo había hecho contra el vecino
para darme un castigo.
Ese golpe sí que fue fuerte. Me llegó hasta el alma. Me
quedó doliendo quizás si por siempre. Yo aún no cumplía los 8 años y unas
lentejitas que llegaron suavemente al enropado cuerpo de un intolerante tipo
mayor, dejaron a mi padre distante de por vida.
Perdí la confianza en él, me
llené de miedos, timidez, me volví introvertido.
Todos los días al acercarse la
hora en que él regresaba del trabajo yo sentía angustia, un dolor, una especie
de nudo en el estómago.
Tal vez allí comenzó unos de mis defectos o complejos:
el de sentirme atacado con facilidad.
Desde los cinco años de edad estando en Antofagasta me recetaron lentes ópticos
permanentes para corregir un estrabismo y miopía.
Para los ‘cabros’ del barrio y
la escuela era entonces el cuatro-ojo, algo que con gritos no dejaban de
recordármelo. Mi incipiente timidez e inseguridad agregada a mi pelo rubio de
entonces y el color de mi piel muy blanco para el común del nortino, fueron
quizás las razones que me hicieron centro de un constante hostigamiento y matonaje por parte de ellos
( hoy le llaman bullying ). Simplemente les caía mal y en grupos con golpes me lo hacían
saber.
Pero creo que esos golpes hicieron más daño en mi psiquis. Con el tiempo
sigues cayéndole mal a la gente, pues queda en ti una subconsciente predisposición
negativa
que así va ser.
Con mis primeros lentes y uno de los
trajes que me confeccionaba mi madre.
El que mi taita me hiciera callar despectiva y continuamente tal vez derivó en
mi miedo a hablar, miedo a decir algo tonto u ofensivo. Miedo que finalmente
hacía que sí realmente metiera la pata. Durante gran parte de mi vida preferí
rehuir ambientes sociales o reuniones. Perdí muchas oportunidades de trabajo
simplemente por no estar presente.
Volviendo al pasado, al nacer mi hermana
María Elena en Octubre de 1948, aunque el castigo sicológico, el mal trato
verbal y despectivo no se detuvo, bajó un poco la frecuencia de las golpizas,
sobre todo al declarársele al año y medio de edad un asma de tal gravedad que le
acompañó toda su infancia y adolescencia.
Toda la preocupación de la familia era
su estado de salud. Los ataques sobrevenían continuamente y especialmente en la
noche. Venía entonces la ambulancia y la llevaba al hospital y volvía una vez
estabilizada. Después al hacerse crónica la enfermedad, había que estabilizarla
en casa siguiendo indicaciones.
Cuando sobrevenían los ataques en que quedaba
semiconsciente había que darle algunos medicamentos, tomarla en brazo en
posición semis sentada y con una revista echarle aire sobre su rostro. Podía
pasar 2 o 3 horas antes que pasara el ataque y volverla a su cama.
Como mi padre debía ir a trabajar al otro día y generalmente se dormía bastante
mareado luego de jugar dominó o cacho en el club social y mi madre, además de
los quehaceres de la casa cosía y trabajaba en moda, yo era el que, aunque tenía
que ir al colegio, debía cumplir con ese cometido.
Como niño el llamado al sueño
era intenso y el no poder hacerlo era terrible. Eran momentos desesperantes que
se repitieron por años y creo que son la causa el por qué me irrito y me pongo
intolerante cuando alguien se enferma o se queja.
También se daba que mi hermana
pasaba semanas hospitalizada para así aplicarles diversos tratamientos, diversos
remedios inyectables o de tomar, los cuales le fueron con el tiempo
comprometiendo dañinamente otros órganos. Frágil y delgadita no podía hacer
actividades infantiles como correr, saltar, jugar.
También su escolaridad se
resentía. Era una alumna que asistía cuando podía, tanto en la escuela básica
como después en la enseñanza media.
Desde el 4º año básico, el señor Raúl
Miranda pasó a ser mi profesor hasta terminar la enseñanza básica que eran 6
años en ese entonces. Sentía mucha admiración por él y lo recuerdo con cariño.
No sólo nos enseñaba lo del programa de estudio, si no que nos hablaba y
aconsejaba continuamente.
Eran largas y gratas charlas de sabiduría. También se
preocupaba por los problemas de cada alumno.
Aunque aún se usaba el castigo
físico, no lo hacía indiscriminadamente u obedeciendo una rabieta. Era todo un
sistema. Los que se portaban mal o no cumplían los deberes, tenían que hacer una
fila y pasar uno por uno delante de él, poner las cinco dedos juntos con las
yemas hacia arriba y recibir un reglazo sobre ellas (regla grande de madera). Si
te pasabas de la raya en portarte mal, tenías que recibir más de un reglazo o en
las dos manos. Si bien dolía o más bien ardía bastante, ello pasaba pronto, no
así las ganas de portarse bien, ser responsable y respetuoso.
Desde que me
escuchó una vez tocando la armónica en un recreo, regalo de navidad que mi tía
Luisa me había hecho quizás al ver que yo pasaba canturreando, silbando,
tarareando o tocando un improvisado bongó sobre un banquito de madera, el señor
Miranda empezó a ponerme bien seguido en los actos o veladas de los días lunes
para que yo tocara.
Luego me hizo integrar el coro y finalmente decidió que en
vez de él, fuera yo el que lo dirigiera cuando venían las presentaciones. Me
recuerdo haciéndolo en un importante acto para la comunidad en el Gimnasio
Chilex (Chilex Exploration Company se llamaba la compañía minera).
Cuando una comisión de profesores del Instituto Comercial de Anfofagasta llegó
al colegio a tomar exámenes de admisión a los que egresaban de 6º y tenían
interés en ese colegio, el Sr. Miranda me aconsejó o más bien me pidió que diera
ese examen, no obstante que al pedirle a mi padre ir al colegio a conversar con
él unos meses antes, se había enterado que su idea era que yo fuera a la escuela
San José de la parroquia del campamento donde se impartían algunos cursos cortos
de carpintería, albañilería u otros oficios y luego entrara a trabajar a la
compañía minera.
Mi padre había cursado sólo el primer y segundo año de básica y
había abandonado para trabajar ayudando a mi abuelo en las salitreras. Su
nominación como trabajador en la minera era de obrero. Y entonces era
comprensible que pensara que mis estudios hasta ese nivel eran suficientes.
Cuando se recibió la carta del Instituto con mi aprobación, tanto mi madre,
familiares y el profesor lograron felizmente hacerlo cambiar de idea para que yo
fuera a estudiar la enseñanza media y técnica comercial en Antofagasta en 1955,
aprovechando además que la compañía de cobre entregaba una buena asignación por
estudiante.
Así, sin querer queriendo fui a parar al Instituto Comercial donde
después de los 5 años generales, en 1960 quedé en la especialidad de Contadores que eran
2 años más.
En ese entonces todas las emisoras radiales tenían la costumbre de
tocar después de almuerzo música clásica y al escuchar el piano lo disfrutaba y
lo sentía en el alma y aunque nunca había estado frente a ese instrumento,
empecé a soñar con estudiar música y piano en el Conservatorio en Santiago lo
cual era un imposible, ya que mi padre me hacía callar o me mandaba hacer
cualquier cosa cuando me sentía canturrear o tocar la armónica. Cuando en una
oportunidad me atreví a manifestarle mis deseos sólo se sonrió burlonamente sin
decir nada.
Profundizando un poco sobre las emisoras radiales debo decir que
estas tenían una gran importancia en la vida de aquel entonces.
Hoy en día los
jóvenes tienen mil formas de entretenerse y cultivarse. Como antaño la lectura y
la radio, pero además la televisión abierta o en cable, el computador, la
internet, los equipos de música con CD y DVD (además de cursos en estos
medios), juegos de videos como nintendo, sistemas MP3, MP4, y especialmente
los celulares con todos sus adelantos, etc. Y todos a un precio totalmente
asequible.
Imagínense entonces la presencia de la Radio en los años ’40 al ‘60
al no existir todo lo anterior. Ahora mayor fue su auge aún al llegar el
radiorreceptor portátil a transistores. Eso sí una ventaja que hoy no se tiene
es que las emisoras tocaban todo tipo de música durante el día, es decir no
estaban focalizadas como ahora a un tipo de música específica
Así entonces se escuchaba corridos mexicanos, recordando a Jorge Negrete, Pedro
Infantes, Miguel Aceves Mejía y otros; pasodobles españoles sobre todo con Juan
Legido y los Churumbeles de España; tangos argentinos, valses peruanos, mambos,
chachachá y salsa de Cuba con la famosa en ese entonces Celia Cruz; música
fox-trot y swing norteamericana; mucha música chilena al mediodía e incluso
tenían una hora con canciones para niños y después de almuerzo se escuchaba
música clásica u orquestada.
Cuando vivía en Chuquicamata no había emisoras
locales como ahora así que las radios de Santiago en onda corta era el medio
más importante en entretención, cultura e información. Les seguían las revistas
semanales que nosotros los niños esperábamos con ansiedad como el Okey, con
muchas historietas y Condorito incluido, y el Peneca. Los adultos leían las
noticias apoyada fuertemente con fotos en la antigua revista Vea y la política
en El Topaze. Las damas tenían el Ecrán y Rosita entre otras.
El otro gran medio de entretención en el campamento era el cine que durante la
semana era generalmente para mayores, pero se hacían funciones de matinée a las
3 de la tarde los domingos para los niños. Además de la película, exhibían unas
series infantiles con capítulos que continuaban al domingo siguiente.
El deseo de asistir era grande y yo le rogaba a mi madre que tuviera el almuerzo temprano.
Recuerdo que temeroso le pedía permiso y dinero para la entrada a mi padre que cuando llegaba aceptar,
generalmente al llegar el momento de irme me la hacía difícil y me mandaba antes a cortar leña o cualquier otro mandado.
Cine de Chuquicamata (Fotografía Sergio Nouvel)
Me recuerdo corriendo hacia el cine, agitado, con el almuerzo saltando en mi
estómago para no llegar tarde, pero casi siempre me perdía parte de la función.
Creo que lo que más empecé a aborrecer de mi padre era el doble estándar, la
doble personalidad o hipocresía. Fuera de casa era un tipo simpático, buen
vecino, buen amigo decía la gente. Pero en casa a solas con mi madre y conmigo
era otra persona. Recuerdo que las pocas veces que llegué tranquilo y a tiempo a
esas matinées, con más dinero que el necesario para la entrada y sin tener que
haber justificado mi asistencia con alguna tarea de última hora, eran las veces
que le pedía permiso frente a su o sus invitados a almorzar en casa. Allí fingía
todo un cariño y simpatía hacia mí.
Después de por vida he aborrecido el doble
estándar o la hipocresía de las personas; lamentablemente muy usual en nuestro
país.
El lado positivo, el recuerdo agradable de esas matinées ya alrededor de
los 12 ó 13 años, edad en que te comienzas a enamorar, era el gusto de ver y
compartir con las rubias y lindas gringuitas de mi edad y que hablaban inglés
alocada y coquetamente en la platea . Recordemos que los ejecutivos y muchos
técnicos de la mina eran gringos. Positivo pues fue lo que me motivó tiempo
después a estudiar inglés autodidácticamente (curso por correspondencia con
discos fonográficos de la época).
Volviendo atrás en el tiempo, en 1951 nos
asignaron una habitación en el sector de “Los Doscientos”, casas con más
habitaciones y un pequeño patio, pero también sin baños ni agua. Allí se nos
unió por un tiempo mi tía Luisa, la hermana que seguía en edad a mi madre y que
venía de Mejillones para forjar su futuro.
Era alegre y de mucha personalidad y
era la que más me defendía ante las agresiones de mi padre. Siempre me hacía
regalos, pero el más importante como ya conté, fue una armónica en una navidad
ya que al lograr sacar el tango ‘Adiós pampa mía’ en ese mismo amanecer y ‘El
cafetal’ durante el día descubrí mi habilidad como músico.
Pronto ella entró a
trabajar y luego de encontrar a su príncipe azul, se casó y se fue a su propio
hogar. En esa casa al igual que en El Lata, desde los baños colectivos ubicados
a un par de cuadras, cada ciertos días yo debía acarrear agua a casa con 2
baldes grandes, varias veces, hasta llenar una tinaja para el uso doméstico.
También tenía la tarea de ir a buscar yareta con un carretón de mano que
teníamos, cuesta arriba, a la pulpería Nº 2 (mercado) que quedaba bastante
retirada. La yareta se apilaba en un rincón del patio y cada 2 ó 3 días debía
con un hacha cortarla en trozos pequeños para ser usada como combustible en la
cocina de leña.
El clima no facilitaba para nada estas duras tareas. Mucho frío especialmente
desde el anochecer y hasta temprano en la mañana. Luego un poco de sol, algo de
calidez y alrededor de la 1 ó 2 de la tarde empezaba un viento fuertísimo
arrastrando tierra de los cerros y formando incluso pequeños y delgados tornados
o remolinos. La sequedad del aire absorbía hasta la humedad de los labios,
partiéndolos hasta producir hendiduras. También partía las manos hasta
ensangrentarlas, sobre todo a los niños al jugar en la intemperie. Con la altura
de 2400 metros sobre el nivel del mar no había problema ya que uno se
acostumbraba. En los meses de Enero y Febrero de los años 1956, 57 y 58 durante
las vacaciones de verano trabajé en la compañía, facilidad que daba la empresa a
los estudiantes de media o superiores que lo deseaban. Recuerdo haberlo hecho en
la oficina de empleo y pago que quedaba bajando después de la pulpería Nº 2 y en
la bodega arriba dentro de las instalaciones mineras. Todo lo anterior, el duro
maltrato infantil, las duras obligaciones domésticas de niño, el trabajo juvenil
sin vacaciones ni carretes, las inclemencias del clima en el desierto, la férrea
disciplina de las escuelas con profesores normalistas de esa época, agregando mi
mal genio y mi parte de genes italianos en mi sangre crearon en mí una forma de
ser exigente, formal, perfeccionista; conflictivo dicen mis detractores que son
muchos.
Pero aclaro que sólo reclamo ante la negligencia, falta de respeto o
injusticia y que jamás exijo a las personas más de lo que me exijo a mí mismo.
La verdad es que ante la presencia del mayor de los humildes yo soy aún más
humilde, pero más soberbio que el mayor de los soberbios, si con su prepotencia
no respeta a los demás.
Un recuerdo agradable e importante de esos años entre 1952 y 1954 corresponde al
hecho de que yo pertenecía a un grupo de niños y jóvenes a los que la parroquia
llamaba “aspirantes” con actividades juveniles y otras ligadas a la iglesia, y
un día llegó a cargo de la parroquia el padre Gustavo Le Paige y pasó estar a
cargo de nosotros.
Era fascinante escuchar sus historias, ver sus fotografías de
tantas partes del mundo donde había estado, sobre todo fotos del Congo Belga en
África. También era filatélico y tenía un libro enorme de unos 60 centímetros
cuadrados y de unos 12 centímetros de grueso que cerraba con un candado y que
contenía cientos de hermosas y valiosísimas estampillas. Su sala de estar donde
nos daba las charlas estaba llena de objetos raros y de colección de diferentes
lugares del mundo.
Luego que llegó organizó un paseo por el día con nosotros a
la localidad rural de Lasana, cerca de Calama. Allí mientras nosotros los
muchachos recorríamos las quebradas junto a la ribera del río Loa, empezamos a
encontrar objetos arcaicos, pequeñas osamentas, etc. las cuales
corrimos a mostrarle al padre.
El, asombrado como nosotros, tomó muy enserio el asunto en ese momento; recuerdo
que nos dio ciertas recomendaciones de cuidado. Yo no volví a participar en otro paseo.
Pero ese día él empezó su maravillosa obra, historia que todos conocen a través de su museo
en San Pedro de Atacama, lugar en donde se radicó tiempo después luego de dejar la parroquia en Chuquicamata.
Otro recuerdo agradable que atesoro de esa niñez es cuando mi abuelita materna
Clorinda lograba el permiso de mi padre para llevarme algún tiempo en verano a
Mejillones donde ella vivía. Yo lo sentía como un rescate.
Era sacrificado y
tedioso para ella ya que venía en ferrocarril y en esos años con su máquina a
vapor subía lentamente los 240 kilómetros desde Antofagasta y hasta los 2400
metros de altura en que está Calama.
La empresa era Ferrocarril Antofagasta
Bolivia, cuyos dueños eran ingleses. En Mejillones tenían la maestranza de
mantenimiento de coches y locomotoras y allí trabajaba mi abuelo adoptivo
Maximiliano. Los fines de semana él se convertía en lobo marino saliendo a
pescar con su bote en la noche o al amanecer.
En su casa vivían sus dos hijas,
mis tías Irma e Isabel, hermanastras de mi madre, pero que jugábamos como niños
ya que tenían sólo un par de años más que yo. También vivía allí mi tía
Margarita la menor de las hermanas de mi madre y cuya herencia italiana se le
asomaba en su físico, en sus finos gustos y modales, en su talento para cantar
y tocar el acordeón.
Todos ellos me regaloneaban y me hacían sentir importante
lo cual llevaba a que yo me portara bastante mal o demasiado travieso ya que
por fin podía liberar 'mi cabro chico'. La gente era sencilla y humilde
económicamente, más nunca he olvidado el cariño, la comunicación, la alegría de
vivir de los vecinos del barrio.
En el día los paseos en la playa, los baños en
el mar con idas y venidas nadando hasta una balsa a unos 80 metros adentro o la
pesca desde el muelle cuando se daba. Al anochecer, sentados al lado fuera de
la puerta grupos de vecinos en amenas charlas, mientras cada hora era anunciada
por el suave y dulce repicar de una pequeña campana desde el cuartel de
bomberos.
En marzo de 1955 con 14 años comenzó muy sutilmente, poco a poco y
relativamente la independencia de mi mente y espíritu.
Internado en una casa
familiar ubicada en calle 21 de Mayo de Antofagasta junto a otros estudiantes,
empecé a asistir a clases en el Comercial. Ya solamente debía estar en casa de
mis padres en vacaciones y afortunadamente en los tres siguientes veranos,
como ya lo comenté antes, las pasé trabajando en la minera.
La vida estudiantil en el Comercial era entretenida. El colegio tenía mucha mística y
los profesores eran excelentes.
Había ramos entretenidos como dactilografía
donde aprendí a escribir en el teclado al tacto y rapidísimo. En matemática
nos enseñaban, como futuros contadores, técnicas para sumar con una seguridad
y velocidad increíble.
Los ramos que yo más gustaba eran el de Dibujo, cuya
profesora de nombre Jovita, era hermana del profesor Gabriel Rojas que dictaba
el otro ramo de mi preferencia: Música. Este profesor se daba el trabajo de
traer un fonógrafo portátil y sus discos para hacernos escuchar obras clásicas
y hablarnos de sus desarrollos y de sus autores. Nos hacía cantar coralmente y
también nos entretenía tocando él mismo el violín.
Hasta hoy yo tengo en mi
mente la imagen de casi todos los grandes compositores ya que, incentivado por
este profesor hice un cuaderno con sus datos, sus obras y sus imágenes
pegadas en él y que recortaba de unos cancioneros que editaba la Odeón y la
RCA, y que regalaban en los negocios que vendían discos de música.
También tuve buenos amigos entre los compañeros como Frank Dawson cuyo padre era
de nacionalidad inglesa. Frank tenía un gran talento musical. Tocaba el piano,
acordeón y guitarra. Recuerdo también con cariño a Freddy Toledo que se sentaba
a mi lado y que dibujaba muy bien. Además era físico culturista y había
adquirido el curso de Charles Atlas, un míster universo norteamericano, para el
desarrollo muscular con el sistema de tensión dinámica.
Un día me hizo la gauchada de prestarme el curso para que yo lo copiara. Su
práctica fue lo que me ayudó después a bajar de peso y mejorar un poco el físico
cuando empecé a preocuparme de él.
También fue el tiempo del primer amor. Estuve
enamorado de Sara, compañera de colegio, convirtiéndola en un amor platónico por
mucho tiempo antes que me atreviera a decírselo debido a mi timidez.
Durante esos cuatro años que estuve internado entre 1955 y 1958 recuerdo gratamente cuando
en algún fin de semana viajaba a Mejillones. En un escrito de los que he
posteado en la sección Vivencias de mi sitio en internet, escribí uno llamado El
Tren.
Parte del texto dice:
“Y entonces una vez al mes mi abuelito que trabajaba en Ferrocarriles me
mandaba los pasajes. Esos típicos cartoncitos rectangulares que el inspector con
un alicate perforador le hacía clic. El viernes a las 6:30 de la tarde partía de
la estación rumbo a Mejillones, 69 kilómetros al norte.
Evoco entonces el pito
de partida. Pero no es cualquier pito. Es el pito de locomotora a vapor,
especial, nostálgico, cuyo sonido también se ve como nube, medio triste, medio
alegre diciéndonos:
— ¡ya nos vamos!
Lento, luego más rápido y más rápido se
aleja de la ciudad y el sonido del crujir de rieles y ruedas, con efectos
especiales cuando alguien abre la puerta del coche, acompaña con ritmo canciones
o pensamientos en mi mente.
Ya en la pampa salgo y me siento en la escalerilla
de la puerta de acceso del coche. Observo las dunas, los cerros; la fuerte brisa
azota mi rostro; luego en una curva veo allá adelante la negra locomotora y
otro pitazo
más nostálgico aún y como que se repite a lo lejos.
Y me siento solitario, pero libre. Y pienso y sueño.
Otro pitazo como diciendo — ya falta
poco — me despabila y alegra. Ya pronto estaré esa noche en amenas tertulias con
cuentos de fantasmas que penan, chistes y adivinanzas y al otro día correré por
esas playas de blanca arena y llegando hambriento a casa comeré un rico congrio
o una deliciosa corvina pescada por mi abuelo.” Fin de la cita.
Fue también el periodo de mucha inquietud y de crecimiento personal ya que al
tener como hasta hoy una afición a la auto-enseñanza o de autodidacta, leía
mucho sobre todo el Reader’s Digest y artículos o libros de ese estilo como el
singular libro Manual de Carreño y otros. Hacía los ejercicios físicos del
sistema tensión dinámica, incluyendo al final el baile solitario de varios
rocanroles y transpirando la gota gorda obviamente.
Solía también a veces trotar
entre 6 y 7 de la mañana desde el centro por una línea de tren que había por el
borde costero, hasta el balneario municipal donde me tiraba al agua en un corto
baño.
Desde el verano de 1956 en que se escuchaba a rabiar los rocanroles de
Bill Halley, se habían adueñado de las radios y del gusto juvenil las canciones
norteamericanas e inglesas. Eran de melodías tan hermosas, románticas y de
arreglos tan armoniosos que obviamente yo también caí en su embrujo.
Con mi
mesada de estudiante había adquirido un curso por correspondencia de inglés que
se anunciaba en la prensa. Era de la National School de la ciudad de Los Ángeles
de EE.UU. y que además de las unidades escritas y libros, venía cada lección con
un disco 78 rpm de acetato, veinte discos en total. Enviaban uno o dos después
de rendir y aprobar las pruebas, como también del pago de las cuotas.
Como tenía buen oído y estudiaba con entusiasmo constantemente mi aprendizaje fue muy
positivo. Además no perdía oportunidad de practicarlo conversando con los
marinos gringos que llegaban al puerto y recorrían la ciudad.
Como también práctica de inglés empecé a tratar de sacar en todo lo que era posible las
letras de las canciones juveniles éxitos del momento de Paul Anka, Elvis
Presley, Frankie Avalon etc. y como me gustaba canturrear, pronto me encontré
cantándolas.
En horas libres en el colegio, nos entreteníamos en el curso
haciendo cada uno su gracia y de allí un día, por pedido de un profesor que
tenía a cargo un acto, tuve que cantar en una velada para todo el Comercial.
Me acompañó el conjunto que se había formado en el colegio con Frank Dawson, Mario
Álvarez y Loyola. Esa actuación tuvo mucho éxito. Entonces Frank me aconsejó que
me comprara un guitarra y que él me enseñaría los acordes.
Los primeros días de Noviembre 1958 cuando vivía en el internado del señor Aracena, compré mi
guitarra, una de marca Novoton que fabricaban en Santiago, y practiqué tan
intensamente los acordes enseñados por mi amigo Frank, que al mes siguiente en
Diciembre me integré a la banda definitivamente, tocando mi guitarra y cantando
en el acto de fin de año del colegio la canción ‘De vuelta del colegio’.
De vuelta de vacaciones en Marzo de 1959, cada vez que había un acto en el
colegio o a veces en su representación fuera de él, actuábamos nosotros cantando
canciones rocanroleras y con mucho éxito.
Curso en el Comercial de Antofagasta, 1959. Agachadito en el medio, con gafas sobre la cabeza y al lado de una
compañera a la que el Torre le tiró el pelo, está mi buen amigo Roberto Fernandez. Yo estoy parado en la esquina izquierda.
Por ese entonces ya no tenía que vivir
en internados ya que buscando un cambio de clima que ayudara a mi hermana María
Elena a mejorar su asma y con mi hermana Sandra que había nacido en 1957, mi
madre se mudó en el varano de 1959 a Antofagasta.
Arrendó en la céntrica calle
Prat una casa que tenía adelante un pequeño negocio de bebidas gaseosas,
confites y cigarrillos del cual ella se hizo cargo. Mi padre bajaba de Chuqui la
mayoría de los fines de semana y era cuando el ambiente familiar se tensionaba.
Yo ya le hacía frente y definitivamente nos llevábamos mal.
Mi hermana María
Elena fue inscrita en el colegio Yugoslavo que estaba en la cuadra siguiente,
frente a una sede de la Universidad del Norte. Pero también al igual que en
Chuqui faltaba mucho, pues su asma le sobrevenía continuamente.
Otra inquietud
artística era mi afición por el dibujo, imagino herencia de mi bisabuelo
italiano. Por el negocio de mi mamá pasaban camino a la universidad profesores y
alumnos por un refresco o cigarrillos. Un día que ella estaba en el negocio
viendo unos dibujos míos, un señor que resultó ser profesor de artes plásticas
de la universidad se los pidió para verlos y se entusiasmo bastante con mi
trabajo, ya que ofreció la posibilidad que asistiera a algunas de sus clases
como alumno libre.
Recuerdo haber asistido un par de veces, pero dejé de hacerlo
ya que mi pasión por el canto y la música era ya mucho más fuerte y activa.
A mediado de año 1959 la Radio Cooperativa de la ciudad (filial de Cooperativa de
Santiago) organiza un concurso de voces, producido y animado por un gran hombre
de radio de la ciudad don Ricardo Olivares.
Todos los participantes éramos
imitadores: habían varios Lucho Gaticas, Antonio Prietos, un Mario Clavel, un
Humberto Losan, un Raúl Videla, hasta había un Mario Lanza.
Yo era Frankie
Avalon, Sony James, Carl Dobkins Jr. y muchos otros según qué canción cantara.
'Young love' era una las canciones que cantaba con el conjunto del colegio y
que también interpreté en ese certamen.
Tuve la suerte de ganar ese concurso en una final realizada en el teatro
Latorre, repleto de público. Yo no sabía nada de técnica de canto, sólo lo hacía
con pasión y tal vez afinado, por lo que se desprende que parte de la razón de
mi éxito en ese momento eran estas nuevas y hermosas canciones en inglés que
captaban el gusto popular.
Young love
En Radio Cooperativa de Antofagasta
Pero ese primer lugar motivó mi decisión de dedicarme a la música y al canto.
Empecé a practicar todos los días. Mandé hacer a un zapatero remendón un
colgador de guitarra tipo americano, con un par de cinturones de cuero y
remaches, ya que en ese entonces solamente vendían los colgadores que desde el
cuello bajaban por el pecho, detrás de la guitarra y que si la soltabas caía al
suelo.
En una hora de clase libre, mientras soñaba con mi futura carrera de
cantante, definí mi seudónimo artístico: Danny Chilean.
Copiando una idea vista
en una foto de un cantante norteamericano, con unas letras de calco que vendían
en las librerías, puse sobre la caja de mi guitarra este nombre artístico. Sin
dejar de asistir a clases lógicamente, empecé a tener mis pitutos en la ciudad.
Al ver que en radio Libertad, aunque esporádicamente, se presentaban en la noche
durante una quincena o un mes algunos cantantes, como por ejemplo la famosa
Guadalupe del Carmen, fui hablar con el director Sr. Cajeado.
'Mira muchacho —
me dice — yo te vendo un espacio mensual de 21 a 21:30 horas, tres veces por
semana, que puede ser Lunes, Miércoles y Viernes, incluido el locutor por $
100.000 (de la época). La diferencia con la mayor cantidad que saques vendiendo
por tu cuenta el programa a uno o más auspiciadores, es tuya'
Cantando en la radio
Lo primero que me vino a la mente fue el auspiciador del concurso que había
ganado y que era una entidad financiera llamada Finampro. No fue necesario
hablar con otra ya que esta aceptó, pagando $ 200.000.- por propaganda
exclusiva.
Así estuve un mes cantando en esa radio acompañándome solamente con
mi guitarra. Pero hubo un contrato que marco un antes y un después y fue el que
tuve en el centro de espectáculo llamado Burú ubicado, en ese entonces, en calle
Baquedano frente al colegio San Luis y que hacía unos bailables juveniles los
domingos de 18 a 22 horas.
Allí canté durante muchos domingos con mucho éxito.
Más un día recibí la mejor lección o consejo y que fue transcendental en mi
carrera.
Federico Velder, pianista del local me dice: — 'Si, si, estás bien, por
lo menos cantas afinadito, pero no vas a llegar a ninguna parte mientras sigas
imitando.'
Llegué a casa preocupado ya que soy muy perfeccionista y desde ese
día comencé a tratar de cantar a mi manera, diferente al canto original de los
discos. Parecía un imposible.
Se vivía ya el año 1960 cuando un día con el ánimo
medio soñador y romántico sentí las ganas de hacer una canción, pulsando los
acordes en las cadencias que se estilaban en ese momento. Nació una inspirada
canción Verónica y luego Un poquito de amor y entonces descubrí que las cantaba
a mi manera, tal vez con deficiencias vocales y técnicas, pero era yo.
Roberto Fernández, compañero de colegio y con quién había nacido una férrea
amistad al conversar y caminar juntos al o desde el colegio ya que vivía en la
misma calle Prat, me comentaba entusiasmado y enamorado de la belleza de una
muchacha que vivía en un segundo piso en Prat con Latorre.
Ella solía asomarse
al balcón y un día Roberto logró mostrármela. Era una linda lolita de 14 años de
nombre Verónica.
La verdad es que cuando compuse esa canción, nació primero la
melodía y bajo un sentimiento de amor que aún sentía por Sara, pero la letra la
escribí pensando en el amor que Roberto sentía por Verónica y cuyo nombre se
ajustaba a la melodía.
Finalmente yo había logrado pololear con Sara, pero con
muchos alejamientos y reconciliaciones quizás debido en parte a mis celos y a el
malestar que yo sentía por lo sociable y buena onda que era ella con los
compañeros amigos. Pero creo también que me alejaba de ella al sentir
profundamente en mi alma un ánimo de tristeza, un rechazo a la felicidad, algo
que tal vez era lo que ahora definen como depresión. Jocosamente podría decir
que era algo así como un ‘oh pobrecito yo’.
Sin embargo al mismo tiempo la música,
el canto me daban fuerza, me ayudaban a ocultar todos mis complejos y mi
timidez, me hacían un ganador. Incluso al venirme a Santiago a fines de Febrero
de 1961 le prometí con una enorme seguridad a mi madre y hermanas, a mi amigo
Roberto, como también a Juan Carlos Gil que trabaja en radio en el norte, que
antes de vacaciones de invierno iban a recibir un disco grabado por mí.
Y resultó exactamente así.
En los últimos meses de 1960 conocí a Verónica y
alterné con ella y sus amigos en algunas fiestas o malones. Yo solía pasar a
nado desde el muelle del Club Náutico donde yo iba hasta el muelle del Club de
Yate y me relacionaba con ellos. Un día en una de esas fiestas canté la canción
lo que llevó a un pequeño flirteo.
También en esos meses Julio Gutiérrez
productor y animador del famoso programa El Tocadiscos de radio Cooperativa de
Santiago, llegó a la ciudad para asistir al aniversario del programa en
Antofagasta y me toco cantar en el show. Terminando de cantar él se acercó y
con algunos elogios al aire, prometió apoyarme si yo viajaba a Santiago para
seguir en el canto. Allí finalmente decidí venirme a la capital.
En el
Comercial terminé pasando al sétimo y último año, segundo en la especialidad de
contadores y decidí entonces venir a cursarlo al Instituto Comercial Nº 2 en
Santiago con el fin principal de incursionar en una carrera artística.
Terminan
así mis 20 años en el Norte y llego a la capital a fines de Febrero de 1961
justamente con 20 años recién cumplidos.
Arribé en el aeropuerto de Cerrillos en un avión bimotor de la línea aérea
Ladeco y allí me estaba esperando mi tío Oscar, hermano de mi padre quién era
muy cariñoso y buena onda y en cuya casa iba a alojarme se suponía por el año.
Allí vivía su esposa Eliana y sus hijos, la tía Esther otra hermana de mi padre
con su esposo e hijos y mi abuelo Javier.
También vivían otros 2 primos Tito y
Ricardo, hijos de otras dos hermanas de mi padre. Era una casa más bien grande
ubicada en calle Augusto Matte a una cuadra de Carrascal en la comuna de Quinta
Normal.
Empecé asistir a clases en el Instituto Comercial Nº 2 ubicado en Avda.
España, viajando en unas pequeñas micros llamadas liebres, de las antiguas,
aquellas que eran tan bajitas que uno no podía ir de pié, sino que había que
moverse agachado dentro de ellas. Dejé pasar unos días mientras escuchaba las
radios, entre ellas la Minería donde de 10 a 10:30 de la mañana se difundía el
programa Discomanía de Raúl Matas y que por ese entonces animaba Ricardo García.
Después del disco de Peter Rock en 1959, ya habían grabado también otros
cantantes durante 1960 como Nadia Milton y Pat Henry con los Diablos Azules.
Claro que eran covers o más bien copias de éxitos en EE.UU. o Inglaterra.
Junté fuerza y ánimo ganador y un día de ese mismo mes de Marzo en vez de ir a clases,
me fui con mi guitarra a esa radio ubicada en el tercer piso de un edificio en
la calle Matías Cousiño y esperé en la salida de la radio, dentro del edificio a
Ricardo García.
Me acerco y me presento diciéndole que era estudiante, que venía
de Antofagasta y que cantaba canciones norteamericanas. Me quedó mirando unos
instantes y luego me dice: — ‘A ver, sígueme’
Y me lleva a una sala dentro de la
radio y donde justamente estaban Pat Henry y Los Diablos Azules ensayando.
— ‘Por favor
Pato, permite un segundito’ — y me dice: — ‘Bueno vamos, canta.’
Con mi guitarra
canté 2 ó 3 temas y entonces para mi regocijo dice que me pondría ese domingo
como prueba en el Show de la Polla, programa con cantantes en vivo que él
animaba. Y agregó:
— ‘Si te va bien, entonces seguirás todos los domingos y
entonces hablas en la semana con Roberto Rojas sobre las platas’.
En esa actuación empezó todo, ya que me fue extraordinariamente bien, con un gran apoyo
del público. Aparte de mi guitarra, me acompañó Ravello en contrabajo y Gominita Sánchez en batería.
Seguí todos los domingos con honorario de $ 15.000 por actuación. Todo esto antes que terminara Marzo.
En el Show de la Polla en Radio Minería de Santiago
Después del segundo domingo, el director de la RCA don Hernán Aravena le pide a
Ricardo que me lleve al estudio, que quedaba en el 6º piso del mismo edificio,
para hacer una audición. Al llegar estaba grabando la señora Margot Loyola que
gentilmente le cede al director unos minutos para mi prueba. Canté un par de
temas. Luego les digo que también tenía unos temas originales y me piden que
cante alguno. Canté Verónica.
Recuerdo hasta el día de hoy cuando viene por el
pasillo desde la sala de controles el Sr. Aravena y me dice: — ‘Bien Danny,
vamos a firmar contrato de grabación’.
Yo no podía creerlo. — ‘Y vamos a grabar
tu tema Verónica en el lado A de tu primer single.’
Entonces Camilo Fernández
que lo acompañaba y que se inclinaba por grabar solamente covers le dice que no
se lo aconseja, que era mucho riesgo.
— ‘No, no, a mi me tinca la canción, es
buena, le tengo fe’.
Camilo entonces le sugirió que en el lado B pusiera un tema
que era éxito en esos momentos en EE.UU de Ray Peterson: Corina, Corina.
El 30 de Abril salió mi disco y fue éxito durante varios meses en todo el país. La
gente pensaba al principio que era otro tema de EE.UU. ya que sonaba como tal.
Hugo Ramírez un gran músico y orquestador me hizo transmitirle mis ideas para el
arreglo, ya que él no estaba al tanto de este nuevo movimiento musical. Yo había
imaginado las figuras musical de los violines y coros, los cuales lo cantaron su
esposa y cuñada que tenían un dúo.
Bueno obviamente envié copias a Antofagasta,
a la familia, a mi amigo Roberto, a Juan Carlos Gil. . . bueno. . . y a
Verónica.
¡Todo mucho antes de las vacaciones de invierno!
Verónica
Corinna
Grabando en el estudio de la RCA en Santiago
El disco sonaba todo el día en las radios y yo seguía asistiendo a clases en el
Comercia No 2, claro que ya de pocas ganas. Los compañeros que eran todos
nuevos para mí y que para los cuales yo era ’Astudillo el alumno nuevo’, no
tenían idea que yo era el Danny Chilean. Como empezaron a salir muchos
contratos, decidí retirarme los primeros días de Junio y ya no volví más.
También arrendé un departamento en Antonio Varas con Providencia cambiándome
desde la casa de los tíos en Quinta Normal e independizándome definitivamente.
En Julio de ese año 1961 viajé a Antofagasta invitado por el Instituto
Comercial para hacer una presentación en el colegio. Fue muy lindo y emotivo.
También estuve con Verónica y se inició un pololeo que luego funcionaba más bien
a la distancia.
Mi segundo disco fue con dos temas originales: lado A ‘Un
poquito de amor’ que también llegó al primer lugar del ranking acompañado de ‘Si
tú me quisieras’. Años después dejé de cantar Un poquito de amor siendo también
medio olvidado por el público.
Un poquito de amor
Mi tercer disco fue un arreglo en ritmo de rock-
calypso (como Verónica) que le hice a un tema de estilo swing de Sergio
Fernández, coterráneo y que él había compuesto en 1945. Le pedí autorización
para ponerle letra en inglés, ya que era la moda y lo que gustaba. El arreglo
orquestal lo hizo Tito Lederman bajo seudónimo Mareck Johnson.
Fue otro gran
éxito que llegó al Nº 1 en el ranking. En el lado B, Camilo sugirió un cover con
el tema ‘More than I can say’ que también tocaron bastante.
Norma
Más de lo que tú crees
Estos fueron los tres discos 45 rpm que salieron durante 1961 y que me llevaron
a ganar el premio ‘Discomanía’ 1961, máxima distinción en la música en esos
años.
La popularidad era enorme. Se formaban clubes de admiradores (fan clubs) en
todas las ciudades y en las oficinas de la RCA me llegaban alrededor de 500
cartas diarias que al principio ingenuamente pretendía contestar.
Hay una foto que me sacaron para una revista intentándolo. En cada sobre ponía un ejemplar
de la foto promocional que el sello me daba para regalar. Pero pronto me pilló
la máquina y no lo hice más.
Las revistas Ecrán y Mi vida que generalmente hasta
ese entonces sólo se dedicaban a los artistas extranjeros de cine, empezaron a
comentar mis discos.
Ya pronto no podía andar tranquilo en la calles del centro
ni pasar a una fuente de soda a servirme algo sin que jovencitas no se
acercaran a pedir autógrafos.
La verdad es que yo había soñado con cantar y
hacer música, grabar y que mis discos se escucharan por la radio. Pero no sabía
ni imaginé lo que vendría con ello. Y lo que empecé a vivir si bien me halagaba,
también debido a mi timidez y complejos me incomodaba mucho.
Por esos días se cercó a conversar conmigo una persona de más o menos 26 años
que dijo llamarse Luciano Galleguillos y me comentó entre otras cosas que había
sido representante artístico de Peter Rock con quién había terminado con algunos
problemas; que era admirador del trabajo del coronel Parker, el agente de Elvis
Presley y que tenía ese estilo de trabajar; que él era el indicado para manejar
mi carrera y que todo artista necesitaba un manager; todo con un gran discurso
y muy motivador. Era en realidad muy inteligente y talentoso, pero
igualmente ambicioso y bastante egocéntrico.
Con Peter en los buenos tiempos
Yo que aún tenía la
desorientación e inexperiencia del que viene de provincia y que sólo quería
hacer música, le firmé un contrato notarial donde él tenía el 30% de comisión en
Chile y un 40% en contratos para el extranjero. Yo sólo tenía que dedicarme a la
música y él de los contratos y asuntos de promoción en los medios. Eso era lo
que lógicamente correspondía y todo debería andar bien, salvo que
lamentablemente hubiese disparidad de criterios o alguien faltase a la ética.
Tiempo después sabría de algunos contratos cuyos montos reales eran muy
superiores a los valores informados y de los cuales se sacaban los porcentajes
de comisión, resultando mi parte obviamente inferior al que correspondía.
También con el fin de producir empatía popular en algunas notas periodísticas
él hizo que destacaran mi timidez e introversión y que venía de una familia
humilde ya que mi padre era obrero. Cuando yo leí la revista eso no sólo me
molestó mucho a mí, sino que también obviamente a mi padre que además ya de
antes era el único de la familia que se sentía incomodo con mi éxito, por
decirlo de una manera.
Aunque a mí no me gustara, en todo caso estoy consciente
que ese tipo de promoción siempre se ha usado. De hecho, un muchacho argentino
de nombre Nery Nelson que quería ser cantante y que se había quedado en Chile
después de llegar como ayudante de la Bandita de Carlinhos, y que junto a
muchos otros jóvenes aspirantes chilenos me hacían comparsa en los pasillos y
camarines con su amistad y cariño, por lo menos mientras yo era famoso, se dio
cuenta del efecto que tenía esa imagen en la gente.
Al volver a su país cambió
su nombre y al grabar con éxito sus canciones, se puso como slogan:
Palito
Ortega, ‘el muchacho triste de las canciones alegres’. Y en sus fotos siempre
salía con una carita muy seria y triste.
En esos años aparte de hacer sacar
algunas fotos al reportero gráfico, los periodistas generalmente no hacían
muchas preguntas o después no usaban las respuestas que uno les deba y
simplemente se arrancaban con los tarros. Hay que tener presente que en ese
entonces aún no existía la carrera de periodismo en las universidades y los que
trabajaban como tal habían empezado por vocación y autodidácticamente.
Recuerdo
una vez que me encontré con un reportaje sobre mí en una revista con una
entrevista que jamás me hicieron y cuyo titular decía “Danny Chilean se
confiesa” y en donde yo aparecía en una foto de perfil, hablando en primera
persona y entre otras sandeces yo decía que me sentía realizado y orgulloso por
haber comprado un auto.
Yo nunca le he dado mucha importancia a lo material y
aquello me irritó mucho. Seguramente fue otro granito a mi currículum de
‘conflictivo’ que me agregaron cuando, aunque diplomáticamente, se lo hice saber por teléfono a la revista.
Durante el verano de 1962 hice mi primera gira cantando estas canciones junto a
otros temas americanos. Hace un tiempo escribí en la sección Vivencias de mi
sitio en internet sobre esta gira y las giras artísticas en general de ese
tiempo. Aquí está lo que dice:
“Mi primera gira artística la hice en Enero y Febrero de 1962. Fue un Mano a
Mano con Luís Alberto Martínez que tenía muchos éxitos con boleros, ritmo aún
muy vigente en esos años.
El productor y empresario fue Luciano Galleguillos,
que a su vez era nuestro agente, pero tanto Luis Alberto como yo, teníamos
además de nuestros honorarios, una participación porcentual de las ganancias,
así es que Luciano nos pidió sugerencias de artistas como "teloneros".
— En radio Minería se presenta una muchacha que canta hermoso los temas de Connie
Francis — le sugerí yo y quedé de presentársela.
Luís Alberto añade: — Actuando en San Antonio conocí una chica que canta como los dioses los valses peruanos y
los temas mejicanos. Así fue como en esa gira nos acompañaron Ginette Acevedo y
Palmenia Pizarro, que actuaba hasta antes de la gira como Morenita Pilar. ¡Qué
me dicen ustedes!
Un Mano a Mano con Luis Alberto Martínez
También fue en la gira Dick Roberts el Paul Anka chileno, y en acompañamiento
musical Peter Vera y su conjunto; en humorismo y fono mímica, boom en esos
años, el genial Chicho Azúa y Raquelita Galáz.
Esa gira fue todo un éxito
quedando gente sin entrada en cada ciudad. Durante la gira recuerdo haber
hecho la letra en Español a Josefina y ensayado con el conjunto, pues todo mi
repertorio era en inglés.
Le pedí a Peter que octavizara en la guitarra lo que
hacía el bajo en el original. En Chillán alguien de la galería me grita:
— ¡Cántate una en Castellanoooo!
No toda la gente mayor, cuyos temas favoritos
eran los tangos, boleros, tropical y tonadas, comulgaba mucho con los
coléricos que cantaban en Inglés.
Me doy vuelta hacia Peter Vera y le digo: —
¿Te acuerdas del twist que hemos ensayado, en La?. . . ¡Vamos. . .hagámoslo!
El teatro "se vino abajo", fue un éxito al instante. Luciano entusiasmado,
terminado mi show, me dice: — Danny... este tiene que ser tu próximo disco.
Llegando a Santiago se grabó en Marzo y salió a fin de mes.
Josefina
Fue el primer disco de la era rock o nueva ola en español y animó a los sellos y cantantes
seguir haciéndolo sin temor a que no pegaran. El segundo tema fue El Rock del
Mundial, 2 o 3 meses más tarde. Ambos discos, fueron records en venta durante
el año.
Hacia el sur la gira se hizo en tren y en Los Ángeles, Luciano se
pelea con Peter Vera en la estación ferroviaria cuando salíamos hacia Temuco y
lo deja despedido junto a su conjunto. Allí en Temuco hubo que buscar urgente
un grupo musical y así conocí a Horacio Saavedra y a su hermano Héctor que con
su conjunto nos acompañó en esa ciudad. En el resto de las ciudades, Luis
Alberto Martínez y yo acompañábamos a Ginette y a Palmenia con nuestras
guitarras desde atrás de la cortina o ecrán que tenían los teatros que aún
eran cines. Luego nosotros nos acompañábamos sólo con nuestras guitarras en el
escenario. Sólo en Punta Arenas hacia donde viajamos desde Puerto Montt,
conseguimos el apoyo de un excelente joven guitarrista.
Hablando en general de
las giras de esa época, era casi un mes para el norte hasta Arica y otro
tanto hasta Puerto Montt. No existían los buses pullman e íbamos en micros
del recorrido Ovalle-Negrete o Matadero-Palma y con choferes santiaguinos
que muchas veces no habían salido jamás de la ciudad. Aunque ya se trabajaba
en ello, la carretera pavimentada hasta 1963 sólo llegaba a La Serena y desde
allí, salvo excepciones, huellas de tierra con "calamina". Los inexpertos
choferes tomaban la calamina a poca velocidad y entonces con tantos saltos,
llegábamos a las ciudades adoloridos y empolvados como berlines.
Los viajes eran largos, así que la entretención venía de parte de los
humoristas, que siempre eran parte importantes del elenco. Muchos de ellos eran
más graciosos allí que en el escenario y las tallas iban y venían. Jugar unos
pesos en los juegos de naipes era otro pasatiempo y no faltaba el que se
entretenía "pololeando".
Para el Norte la gran ansiedad y expectativa era llegar
a Arica, pues en ese entonces era puerto libre y parecíamos cabros chicos de
felices recorriendo las ferias y negocios comprando "matutes". Lógicamente no
para negocio, si no regalos para la familia y amigos: las radios a transistores
eran las estrellas y entre prendas de vestir: los famosos jeans Pecos Bill;
utensilios novedosos de hogar, instrumentos musicales, confites y chocolates de
Europa.
Casi dos meses de convivencia en la micro y en los hoteles nos hacía
terminar la gira como una familia. El último día de gira era inolvidable, pues
durante el espectáculo nos hacíamos bromas de grueso calibre como "último día
nadie se enoja", de muchas de las cuales se enteraba y disfrutaba el público.
Entre 1962 y 1966 yo hice muchas giras como la descrita, pero volviendo a la
primera, una vez que terminamos el show en Arica y luego de comer, viajamos en
la noche de vuelta a Iquique y así tener más tiempo de promocionar un segundo
día de actuaciones en esa ciudad. Yo me quedé dormido y de pronto despierto en
la oscuridad de la pampa, el bus detenido y nadie en él.
— ¿Qué pasa? — me
pregunto. Siento lejanas voces que comentan expectantes. Me bajo y veo a unos 30
metros a mis colegas nerviosos mirando el negro y estrellado cielo en medio de
la pampa.
— ¿Qué pasa?
— ¡Un platillo volador!... ¡Vimos un platillo volador! —
vociferan. — ¡Bajó así! . . . ¡Se detuvo allá!... ¡Se alejó hacia allá! ¡Un
platillo volador!
Me llegó a doler el cuello con la ansiedad que miré hacia
arriba y hacia todos los lados de arriba, pero no vi nada. Si hubo algo yo me lo
había perdido. Ya no había nada.
Al día subsiguiente apareció un gran titular en
la portada de un diario capitalino:
¡Danny Chilean avista Platillo Volador en el
Norte! “
Fin de la cita.
Volviendo a Luciano Galleguillos, él era muy alegre y siempre con buenas
tallas, muy simpático y carismático produciendo gran cariño y simpatía en las
personas. Muy a menudo este tipo de persona usa aquello para esconder muy bien
sus verdaderas intenciones.
Recuerdo que después de ésta mi primera gira cuando yo compré en la comuna de La
Florida una casa para mis padres, en donde primero se vino mi madre con mis
hermanas, él llegó allá un día cuando yo no estaba e increpó indignado a mi
madre que por qué ella había permitido la compra, que por qué interfería en mi
carrera cuando él tenía en sus planes que con el dinero ganado en la gira me
llevaría a México, en donde según él, yo sería grito y plata.
Eran sus planes
personales que no me había comunicado. Tampoco al parecer le importaba si yo
estaba de acuerdo o no. Pensaba equivocadamente, como lo demostró con otros
artistas de quienes fue agente, que el contrato le daba la facultad de manejar
sus vidas privadas. Yo simplemente no se lo permití.
En ese momento ni él ni yo
teníamos idea que yo ya la estaba pegando en Argentina y que pronto ganaría
mucho dinero conmigo allá.
El contrato con Luciano duró los tres años dispuestos
y no hubo mayores problemas de los ya mencionados.
Bueno, después del éxito de
Josefina que duró muchos meses y como tema bailable continuó su éxito por varios
por años, siguió ‘La Pollita’ tonada chilena que el sello me pidió que grabara
ya que venían las fiestas patrias y yo vendía mucho. ¿Por qué esa tonada?. . .
Simplemente porque era la única que me sabía y de niño.
En el lado B grabé ‘Caminemos’, ambos temas lo tocaron bastante, aunque yo no quedé nada conforme
con mi canto. En ese entonces no existía el productor musical como tal, aquel
que no sólo asesora y cuida la grabación, sino que cuida tu estilo y que no te
salgas de tu línea. Como han podido apreciar, yo me formé artísticamente en el
norte. Camilo Fernández que no era productor ni tenía un sello todavía, sino
solamente asesor musical de RCA, me pasó únicamente los temas ‘Corina’ y ‘More
than I can say’ ambos para el lado B del primer y tercer disco.
Pero él en el
programa Rojo Vip, como en otras oportunidades, dijo que fue él quien me
produjo y en muchas otras ocasiones ha comentado que él me dio la oportunidad
en RCA, cuando en verdad fue don Hernán Aravena como ya lo conté antes.
Debe haber sido él mi productor, tal vez yo no habría grabado tantos discos fuera de mi estilo.
Camilo es una buena persona y dio una oportunidad a muchos artistas en ese entonces,
pero su mayor mérito fue como empresario productor de discos obteniendo fabulosas ganancias.
Además tuvo buen ojo
para elegir éxitos musicales, aunque la mayoría, no todos, ya eran éxitos en
otros países. El recibía la revista de información musical norteamericana
Billboard a la cual estaba suscrito.
Pero a través del tiempo se ha ido
agregando muchos créditos que no lo son y sobre todo el hacer creer que la nueva
ola existe sólo gracias a él. Siempre ha estado en los medios radiales,
televisivos y escritos teniendo así la facilidad para imponer esos conceptos.
Pero este movimiento musical fue mundial y en todos los países hubo generaciones
de jóvenes artistas que cultivaron la música rocanrolera.
En Argentina por
ejemplo se conocieron como el Club del Clan.
Johnny Holiday con su seudónimo
también en inglés encabezaba los artistas franceses, mientras que Enrique Guzmán
lo hacía en México; Roberto Carlos en Brasil. Qué decir en España o Italia.
En realidad para qué seguir.
Pero he citado lo anterior pues hace poco tiempo al ver por primera vez mi sitio,
me llamó molesto por no mencionarlo en lugar de Hernán Aravena. Además confundía,
había olvidado y cambiaba detalles de mis comienzos, porfiándome a mí que los viví
y que un artista jamás olvida por ser sus propias vivencias, lo cual le recordé
enviándole por email copia del escrito que aparece en mi album "¿Cuál de ellas?" que
apareció en esos años (En vinilo 33 rpm).
Mi sexto disco fue ‘Ay Josefina’ un tema antiguo
dedicado a Josefina Baker, una gran bailarina europea. El arreglo fue de Tito
Lederman, primer violinista de la sinfónica y que para incursionar en la música
popular usaba el seudónimo de Mareck Johnson. Como le gustaba usar instrumentos
sinfónicos, en este disco usó un contrafagot. El tema lo tocaron bastante. Luego
vino un gran éxito con el conjunto de Roberto Inglés, el twist ‘Fenomenal’ y al
reverso una canción original que sin ser popular, gustó mucho a románticos de la
época, el tema ‘Mi sueño dorado’.
Mi octavo disco 45 fue otro éxito ya que salió
unos tres meses antes que el original de Eddie Gormé y fue ‘Por culpa de la
Bossanova’. Terminé nuevamente ganando 1962 el premio ‘Discomanía 1962'.
También gané ese año el premio ‘Radiomanía’ de ARCHI.
Y mientras tanto, la revista Ecrán realizaba semana a semana los escrutinios de
la votación del público para elegir entre otras categorías para el premio Moai 1962-63,
al cantante juvenil más popular de Chile, escrutinios en los cuales siempre estuve primero.
Al ganar dicho premio el resultado final fue:
1º Danny Chilean 87.840 votos.
2º Lorenzo Valderrama 44.360
3º Larry Wilson 24.800
4º Antonio Prieto 18.910
5º Sergio Inostroza 12.260
6º Pat Henry 7.970
7º Gloria Benavides 5.100
8º Lucho Gatica 5.030
9º Rafael Peralta 3.790
10º Peter Rock 3.730
Más abajo seguían Luis Dimas, Bob Bryan, Willy Montis, etc.
Premio Moai de Revista Ecrán
En el verano de 1963 sucedió lo que voy a reproducir con la cita de mi escrito
llamado Payola y que puse en Vivencias de mi sitio en Internet cuando fue editada una novela:
”Cuando la vida era un disco 45" es el nombre del libro de Manuel Vargas (lanzamiento
7/11/2005), hombre ligado a la música y con una carrera brillante en la televisión chilena como
libretista y productor. Su novela, mezcla de su inspiración y hechos reales nos
lleva de regreso a los años finales de los ‘50 y principio de los ‘60.
Yo, como Danny Chilean, aparezco en el libro con un protagonismo importante y relatándose
el hecho de ser víctima de la 'Payola' (en inglés Pay-ola: pagar la rockola),
término que definía el pago poco ético en ese entonces que hacía un sello para
que un disc-jockey o programador de una radio tocara un disco musical, cosa que
al parecer se hizo muy común en los años siguientes. Esta costumbre, según se
dice, la inició el hombre de radio Alan Freed en Estados Unidos, fuertemente
sancionado por una comisión del Senado de ese país.
Con ello recordé un episodio
muy triste de mi carrera y que jamás comenté en ningún medio hasta ahora.
No me importó mayormente el hecho en relación a la parte económica, sino en lo
personal, la deslealtad y pérdida de fe en las personas que sufrí en ese momento
con tal situación, como paso a explicar:
Quiso un disc-jockey famoso hacer una
gira veraniega por el país en 1963 con los 3 ganadores del premio Discomanía:
Los Ramblers, Lorenzo Valderrama y Danny Chilean. No obstante que el éxito
estaba obviamente asegurado, quería pagar unos honorarios bajísimos. Habló él
con mi representante que me tenía en exclusividad quién, no queriendo tener
diferencias con este influyente personaje del medio, me pidió que yo negociara
en forma directa con él. Deslealtad de mi representante. Me abandona sin hacer
su trabajo, cuidando sólo sus intereses.
Me veo obligado entonces a negociar con
esta persona y ante mis reparos me dice que si para el sur la gira marcha bien,
en la segunda etapa para el norte me sube los honorarios que yo le pedía. Fue
un acuerdo.
La gira al sur fue extraordinaria y el último día, de vuelta en una
segundo show en Rancagua, cuando se da el horario de salida al norte, pido
hablar sobre los honorarios y ante mi asombro, este señor me niega rotundamente
el acuerdo. Ofuscado digo no seguir en la gira. Viene entonces el colmo de los
colmos, cuando me increpa:
— Quién te crees que eres. . . si eres famoso es
gracias a mí, porque yo te toco los discos.
Qué descaro pienso, recordando que
el director de mi sello me había confidenciado meses antes, al pedirle que me
subiera el pequeño 1.5% que yo tenía de royalty, que no podía pues un porcentaje
importante era para este señor disc-jockey por tocar los discos.
Esto que me
molestó mucho, yo lo tenía en secreto como me lo pidió el director y habría
seguido así de no mediar su actitud indigna y sus palabras hirientes.
— Yo no le debo nada — le respondí aún más ofuscado, — si toca mis disco es
porque el sello le paga.
Presente estaban su socio y algunos artistas.
Al día siguiente recorrió los diarios y revistas denunciando que yo era un
irresponsable, conflictivo, mal agradecido, que había dejado la gira botada,
etc. Mi amigo Larry Wilson me reemplazó para el norte.
Yo me encerré en mi
departamento, pasé tres días sin salir, sin comer, con una depresión enorme, muy
triste, no obstante escuchar como en todas las radios tocaban mis discos en los
primeros lugares.
Jamás acudí a los medios a decir mi verdad hasta ahora. El
señor disc-jockey cumplió su promesa de no tocar nunca más un disco mío. Ese
1963 trabajé el resto del año en Argentina.
Felizmente el veto de este señor no
impidió que durante 1964 y 1965 siguiera mi racha de éxitos como Susy o Lucy,
Rita que linda eres, Playa-playa, Escándalo en la familia, Cara mía y otros.
Agradecido estoy de la gente de radio honesta de entonces.
He reservado los nombres de las personas indicadas como disc-jockey, representante y director
artístico del sello por respeto, ya que todos ellos están fallecidos. Sólo he
querido establecer la verdad para quienes aún pueda interesarles y ante la
edición del mencionado libro.”
Fin de la cita.
La etapa de mayor apogeo de la nueva ola, es decir cuando más cantantes de
música rocanrolera en español se sumaron al mundo del disco 45, llamado también
single o sencillo en otros países, fue entre los años 1962 y 1964, aunque
muchos de ellos grabaron sólo uno o dos discos y luego siguieron en otra
actividad.
Quiero citar aquí parte de un escrito llamado Revista Ritmo que
inserté en la sección Diario de mi sitio en internet para aclarar qué tipo de
música era la rocanrolera que identificaba a la nueva ola y también su relación
con esta revista:
“Desde 1955/56 bajo las influencias de la música popular
juvenil de EE.UU. e Inglaterra en forma de country rock, rock and roll, twist,
rock lento o balada, rock paseo, rock calypso, y los grandes cantantes
exponentes de ella, empiezan a surgir sus seguidores a nivel mundial y que en
Chile se cristaliza 1959 con la aparición del disco de Peter Rock, otro de Nadia
Milton y un semillero de cantantes juveniles que al principio sólo se
manifiestan como imitadores en un programa llamado Calducho de la Radio Pacífico
en Santiago.
Esta música esencialmente rítmica tenía características bien
definidas:
El rock and roll, al igual que el blue, tenía como base cadencia de 3
acordes: Tónica, Subdominante y Dominante. Es decir si estuviéramos en tono Do
sería: Do, Fa y Sol. Lo mismo pasaba con el twist. Ahora agregando a esa
cadencia la relativa menor, en el caso de este tono Do el acorde La menor, daba
como base con algunas variantes una cadencia que acompañaba miles de temas. Como
ejemplo Amorcito, Silueta, Blue Moon, Verónica, El Diario, De vuelta del
colegio, etc. etc.
Las canciones tenían letras con temas juveniles como el
colegio en liceo o enseñanza media, vacaciones, pololeos, problemas juveniles,
la edad del tonto, etc.
Pero tan difícil como cantar un tango en inglés con su
gran cantidad de palabras, era al principio pasar al español canciones tan
rítmica.
El 90% de las palabras en inglés son de una sílaba. Así en un compás
de 4 negras podríamos decir: I love you so, pero en español nos sobrarían
negras: Yo te quiero mucho (6 negras).
Esa es una de las razones por qué se
cantaba en inglés. Aunque hoy el rock derivado del rock and roll también es
cantado en Inglés por grupos de cualquier nacionalidad.
Hasta ese entonces
llegaban al disco sólo artistas adultos y consagrados en actuaciones o shows de
radio, pero con este movimiento en EE.UU. se descubre un mercado consumidor
juvenil (que siguió creciendo hasta hoy) y entonces se estimula la llegada al
disco de adolescentes, no siempre con experiencia en escenario.
Así Paul Anka, Neil Sedaka, etc. o Peter Rock en Chile graban a los 14, 15 o 16
años.
En Chile al principio y por un buen tiempo casi teníamos sólo difusión
radial. No había medios de prensa dedicado a nosotros, no había televisión, ni
video, ni fotógrafos dedicados a la ‘farándula’.
Ecrán, revista de cine,
dedicaba a este movimiento una cuartilla en páginas posteriores. Se llamaba Pick
up. Y poco a poco a medida que nuestra música se imponía en el gusto popular,
cambió a media página, después a página completa; luego dos páginas en el centro
de la revista al que llamaron Rincón Juvenil.
Siguió tomando fuerza y en 1964
Rincón Juvenil se convirtió en revista.
Luego “sólo en 1965 nace la revista
Ritmo” de la editorial Lord Cochrane.
Pero para ese entonces los ritmos y música
ya habían cambiado, incluso con Los Beatles por medio, con todas sus
innovaciones.
Y en Chile se volvía a lo melódico con el Pollo Fuentes,
Villadiego, Gloria Simonetti, y a nuestras raíces con grupos del movimiento del
neo folclore.
Y eso sí cubrió en buena forma la revista Ritmo, además de una
liviana ‘farándula’ con algunos artistas que venían de la nueva ola como Pat
Henry, Gloria Benavides, y otros.”
Fin de la cita.
En esos años ’60 en Santiago llegaron haber 6 emisoras con auditórium y shows en
vivos acompañados con grandes orquestas: a la radio Pacífico a fines de los 50's
se agregaron La Minería, La Cooperativa, La Portales, La Corporación y al final
un tiempo, la Balmaceda. Tantos esos shows radiales como su programación durante
el día fueron fundamentales para el desarrollo de la música nacional y
especialmente la de la nueva ola.
Junto con tocar como ahora música foránea, se
le daba la misma importancia y tiempo a los artistas nacionales.
Parte de la
vigencia que aún tienen algunos artistas de los 60's se debe a ese apoyo.
También le dio gran auge a la música neo folklórica.
Hoy ni siquiera el folklore
tradicional se difunde y lamentablemente la mayoría de las emisoras obedecen las
leyes de la globalización y los famosos ratings y, al igual que la televisión,
han mermado notoriamente su contribución a la cultura y el apoyo a los artistas
nacionales. Salvo excepciones, tampoco cuidan mucho la calidad vocal, dicción y
cultura de sus animadores o locutores y los temas y lenguaje de conversación son
los mismos de "los cabros en la esquina".
También durante ese tiempo se vivió una hermosa época de amistad y
compañerismos entre nosotros. Los shows de radios nos mantenían conviviendo
continuamente, puesto que en cada programa participaban casi todos con un par de
canciones. También lo hacían las giras y además nos visitábamos en nuestras
casas.
Recuerdo malones y tertulias con los simpáticos hermanos Encina, Mario y
Jaime que formaban el dúo Los Dólares, con Sergio Inostroza, con Willy Montis,
con Gloria Benavides que era muy amiga de mi hermana María Elena y que en ese
entonces se parecían mucho físicamente.
También en ese entonces se formó el equipo de futbol de la Nueva Ola. Los
mejores y más entusiastas eran Buddy Richard, Pat Henry, bastante bueno Marco
Aurelio (bolerista, no nueva ola), José Arturo que además de cantar, jugaba en
el Magallanes.
Yo era bien malito y jugaba poco, pero como se hacían importantes
partidos a beneficio, entonces participaba jugando unos 10 o 15 minutos y
cantando en el show que se hacía conjuntamente.
Muchas veces se jugó con la
juvenil de equipos profesionales, como con Everton en Viña, O'Higgins en
Rancagua, Naval en Talcahuano.
Según los compromisos de cada uno, no siempre
jugaban los mismos.
En todo caso cuando yo no podía, me representaba mi primo
Ricardo Ramírez que jugaba en el Ferroviario.
Equipo de Futbol de la Nueva Ola
Abajo: Pato Salazar, Buddy Richard, Roberto Carvajal, Danny Chilean, Larry Wilson
Parados: Jaime Encina (Los Dólares), Ricardo Ramírez, Fdo. Montés, José Arturo,
Mario Encina (Los Dólares) y amigo.
Pasada la mitad de la década de los ’60 cuando el movimiento decae, muchos
cantantes se fueron del país, como por ejemplo Pat Henry, Larry Wilson, Nadia
Milton y varios más a México; Los Carr Twins, Willy Montis, Bob Bryan (Roberto
Carvajal), Fresia Soto, Gloria Aguirre y muchos otros a EE.UU. Otros como Luis
Dimas se fueron a Canadá. En esos países casi todos se dedicaron a otra
actividad.
Otros se quedaron en Chile, pero alejándose del canto e integrándose a
otros trabajos.
Muchos volvieron 25 a 30 años después a la actividad sólo cuando
vino el “bum” de la nueva ola como consecuencia del éxito de un programa
especial de la serie “Siempre Lunes”, donde Vodanovic presentó a 16 cantantes
del movimiento, incluido yo.
Somos pocos los que nunca dejamos la actividad del
todo y que estuvimos en las buenas y en las malas, trabajando duro no sólo en
eventos y festivales, sino también en restoranes y en la sacrificada actividad
bohemia como boîtes y centros nocturnos durante los sufridos años de la
dictadura.
Durante todo ese periodo y hasta ahora compartí con una gran artista
y profesional, pero sobre todo gran amiga y excelente persona. Me refiero con
cariño y respeto a Marisa.
Tal como se mencionó anteriormente, durante el año 1962, la RCA argentina
había empezado a sacar todos mis discos en ese país y habían tenido el mismo
éxito que aquí. En esos años Argentina estaba en su esplendor. Una fuerte
economía, un movimiento cultural enorme. Grandes artistas europeos llegaban a
Buenos Aires, sin que pensaran venir a Santiago. Allí por ejemplo vi en un
teatro el show Maurice Chevalier.
Todos los cantantes con éxito de la nueva
ola argentina (club del clan) hacían películas. Nosotros aquí escasamente
hacíamos fotonovelas.
Nuestro cine chileno de entonces: una fotonovela
En Mayo de 1963 me tocó viajar a Buenos Aires a cumplir
un fabuloso contrato. Eran dos actuaciones en el programa ‘Escala Musical’ de
Canal 13, en dos domingos seguidos. En el primero show actuó Carlinhos y su
bandita, luego Palito Ortega y luego mi actuación. En esos dos fines de
semana, tanto el viernes como el sábado, 4 actuaciones cada noche en grandes
clubes donde la gente iba a bailar y ver a cantantes; algunos pertenecientes
a los clubes de futbol y otros más pequeños. Unos 2000 clubes en toda la
capital federal en esos años.
Además de los discos singles 45 rpm, la RCA
argentina ya había editado un álbum long-play llamado ‘Este es Danny
Chilean’.
En esa época la edición de un álbum con 12 temas era como un premio, un reconocimiento
al éxito de un cantante.
Afiche en la calles de Buenos Aires
En mi escrito Los Cerrillos en Vivencias de mi sitio en internet, cuento parte
de esta experiencia. Comienza diciendo:
“Con el cierre del aeropuerto Los
Cerrillos, vienen recuerdos y nostalgias.” Luego de contar detalles ya
referidos, el escrito continúa:
“Después de muchos despegues y aterrizajes en
esas pistas tras actuaciones por el país, en Mayo de 1963 realizo mi primer
vuelo internacional, bastante anecdótico:
Despego de nuestro pequeño y sencillo
Cerrillos para llegar al, por ese entonces, gran aeropuerto internacional Eseisa
de Buenos Aires.
Yo con la boca abierta. Una larga e impresionante autopista
para llegar a una enorme ciudad, la población de todo Chile en ella y. . . oh!
alimento para el ego: las calles plagadas con grandes afiches anunciando mis
actuaciones.
Luego otro abrir de boca: El ensayo con la orquesta en Callao 11
(calle y número), un negocio con salas de ensayos, lo cual aquí no había, con
todas ellas ocupadas con orquestas de tango, orquestas tropicales, grupos
rockeros, coros, solistas, etc. y en donde había que reservarlas con
anticipación. . .
Bueno aquí en Chile también avisábamos con tiempo, pero al
perico de la batería para que prestara su casa.”
Fin de la cita.
Llegando en un cuadrimotor de
Aereolíneas Argentina a Buenos Aires
Regresando unos días a Chile dejé grabado otros dos discos, ‘Isabelita’ y
‘Bimba’ con relativo éxito, junto a temas originales en sus lados B. Después
seguí el resto del año trabajando en Argentina.
Un día en Buenos Aires, estando
en la oficina de Ben Molar, compositor y director de la editorial Fermata, éste
me dice:
— Escucha Danny — mientras ponía un disco en el fonógrafo.
Y comienzo "como a escucharme" cantando Norma en italiano. . .
— Y esto qué?. . . Cómo?. . . — le pregunto.
— Es Tony Dallara que hizo un cover de tu disco en italiano,
con el mismo estilo, el mismo arreglo.
Fue una satisfacción artística. Pero de
vuelta en Chile jamás lo comenté, incluso lo había olvidado. . . hasta unos días
atrás en que el “profe” Jaime Campusano, que tiene un programa en radio Digital
en Internet, con los temas originales extranjeros que los chilenos de la nueva
ola hacían "covers" en los ’60, me mandó un email (el 4/10/2007) con el tema en
MP3 preguntando si yo se lo había copiado a Tony Dallara.
Fue una sorpresa para él saber la historia y que al revés, el cover había sido
hecho a un chileno.
También mi canción Verónica fue grabada en varios países por
otros cantantes, lamentablemente sólo tengo en mi poder la versión hecha en
Brasil por el cantante carioca Carlos Gonzaga, de una hermosa voz y en su
estilo, pero copiando el arreglo de mi disco.
De vuelta al país en 1964 vuelvo a tener un éxito en los primeros lugares del
ranking con el disco ‘Susy o Lucy’ y en el reverso ‘Julie no me quiere más’.
En el verano de 1965 llega a los primeros lugares ‘Playa playa’ , canción que el
compositor cubano radicado en Chile Nelson Navarro escribe para mí cuando, en
una plática de café, le cuento de las playas de mi tierra natal Mejillones. Al
reverso del disco otro tema original: ‘Regresa amor’.
Luego le sigue el éxito de
un tema original con ritmo de shake ‘Rita, qué linda eres’, canción que le
compuse a Rita, una bella artista argentina que vino a presentarse en nuestro
país. En el lado B del disco otro tema original dedicado a ‘Inés’.
Luego, por solicitud del sello y haciéndome salir equivocadamente de mi línea de
canto, compongo y grabo en un disco dos ritmos de moda: ‘Yenka de la alegría’ y
‘A la refalosa’ , siguiendo la onda del neo folklore del momento.
Luego otro
éxito, el disco ‘Escándalo en la familia’ y en su lado B, ‘Cosas de enamorados’
tema original. Este disco ‘Escándalo en la familia’ también pegó en Argentina.
Tengo en mi poder un álbum long-play editado allá con grandes éxitos de los
cantantes trasandinos del club del clan, nueva ola de ese país, como Palito
Ortega, Johnny Tedesco, Violeta Rivas, etc. y estoy entre ellos con ese tema.
(No obstante, la radio Oasis toca hoy en día la versión de un francés).
Finalmente ese año la RCA chilena edita el álbum long-play ‘¿Cuál de ellas?’ con
canciones con nombre de mujer. Como dije anterior un álbum era reconocimiento al
cantante. De hecho son poquísimos los artistas de la nueva ola con un álbum
vinilo de la época.
En 1966, luego de grabar ‘Cara mía’ y la cumbia original
‘Linda, bailemos cumbia’ llega a RCA un nuevo director, el señor Serrano con un
nuevo elenco de artistas de su agrado y pone término a mi contrato.
En los días siguientes firmé contrato con el sello Philips y grabé un gran éxito que dio
después el título a un álbum long-play, fue mi canción original ‘Sólo fue ayer’.
Durante tres años, entre 1966 y 1968 grabé varios singles 45 y el mencionado
álbum con 11 canciones originales.
Durante todos esos años de éxitos entre 1961
y 1966 fui figura estelar en los shows nocturnos de las radios con grandes
auditórium y grandes orquestas con piano, violines e instrumentos de viento,
como Minería, Cooperativa, Portales, Corporación, etc. cuyos contratos eran
anuales, firmados en el mes de noviembre o diciembre anterior para actuar unos
cuatro meses alternados, los cuales a su vez uno los alternaba con los
contratos de otras radios.
También shows en el teatro Caupolicán, el cual yo
llenaba totalmente, muchas giras y actuaciones en festivales y eventos.
Antes de seguir con mi historial discográfico de 1970 adelante, quiero volver en el
tiempo, a 1961 y hacia adelante para recordar otras vivencias tanto artísticas
como personales.
Tal como ya antes lo mencioné, en 1962 después de mi primera gira compré en la
comuna de La Florida una casa para mis padres. Era una casa sólida no muy grande
con antejardín y un largo terreno hacia atrás con muchos árboles frutales. Unos
meses después compré la casa vecina que hacía esquina y que después sería por un
tiempo la casa de mi primer matrimonio. Primero se vino mi madre con mis dos
hermanas, ya que junto con un cambio de clima era urgente llevar a María Elena a
un recomendado especialista en asma, un doctor de apellido Grau, ya que su
enfermedad seguía cada vez más grave.
Lamentablemente este doctor siguió con un
sistema medicamentoso más fuerte, suministrándole cada vez más dosis de
corticoides, deteriorando otros órganos como el páncreas, riñones, hinchando su
cuerpo e insensibilizando su piel y llegando a estar casi siempre con una
pulsación sobre 120.
No podía hacer ninguna actividad física y según el médico
ella no iba a poder tener una vida normal como la de casarse y tener hijos.
Llegó un momento en que definitivamente el doctor se dio por vencido y
pronosticó un desenlace fatal.
En mi búsqueda constante de superación y nuevos
conocimientos, un tiempo antes había llegado a mis manos el libro de Don Manuel
Lezaeta Acharán sobre medicina natural y cuyas enseñanzas yo había empezado a
seguir junto con otras disciplinas como ejercicios de yoga. Sin tener mucho que
perder, mi madre aceptó por fin mi deseo de llevarla donde el Sr. Lezaeta hijo,
que era quién estaba a cargo por entonces. La examinó a través del iris y le
prescribió el tratamiento único que este sistema aplica para casi todas las
enfermedades de origen funcional.
Le hizo bajar lentamente, dentro de dos o tres
meses, la dosis de drogas que el doctor le hacía tomar diariamente hasta llegar
a cero.
En el Hogar naturista de Tomás Moro se daba los baños a vapor de cajón
con alternancia de frotaciones de agua fría. Debía dormir con cataplasma de
barro sobre el vientre. Durante el día un par de baños genitales, que consiste
en remojar con agua fría durante 10 ó 15 minutos la parte genital. Algunas
yerbas como Platero o Limpia Plata y la alimentación solamente frutas y
verduras.
Como cientos de personas, incluso extranjeros que venían de todas
partes al Hogar, mi hermana poco a poco se fue mejorando hasta restablecerse
plenamente. Fuera de la consulta inicial, el Sr. Lezaeta nunca más la volvió a
ver, ya que el tratamiento es uno sólo para todas las enfermedades y busca
restablecer el equilibrio funcional de todo el organismo.
Yo la apoyé con el
financiamiento en un instituto de cursos dos años en uno de enseñanza media, la
cual había perdido. Luego entró al DUOC, después entró a trabajar, se casó y
tuvo cuatro 4 hermosas hijas y por ahora ya tiene dos nietecitas.
Un tiempo después mi padre se retiró de la minera en Chuqui, lo cual fue bueno
para su salud y se vino a la capital comprando un auto para trabajar como taxi.
En esos años aún no existía la norma de ser pintados amarillo-negro, sino del
color que fuera el vehículo. Pero habiendo vivido toda su vida en la pampa no se
animaba a salir a trabajar, sentía pánico al activo tránsito.
Como yo tenía
tiempo y él debía pagar cuotas por un saldo adeudado por la compra, un día me
animé y salí a trabajar yo para darle una mano y ver qué pasaba con esa
actividad.
Yo había logrado obtener licencia de chofer clase A después de un
curso hecho en una escuela de conducción, creo llamada San Cristóbal. La
sorpresa fue enorme cuando descubrimos la cantidad de dinero que se ganaba en
ese entonces. Llegué en el atardecer y puse sobre la mesa todo el dinero ganado
en el día y era realmente importante. Estamos hablando a fines de 1962.
Lo hice como tres días y lógicamente no podía seguir por mis compromisos. Se animó por
fin a salir, pero sí acompañado de su sobrino Ricardo como copiloto. Obviamente,
la mitad de la clientela no se animaba a subir al ver a dos personas en el taxi.
Finalmente decidió regresar a Chuqui y trabajar el taxi allá en el mineral donde
le fue bien y estuvo un buen tiempo antes de volver a Santiago, cuya historia
retomo más adelante.
El primer viaje a Buenos Aires los primero días de mayo de 1963 para cumplir dos
fines de semanas de contrato, me acompañaron mi representante Luciano
Galleguillos, el guitarrista Oscar Arriegada como apoyo a las orquestas
argentinas y. . . Verónica, con quien me había casado unos días antes.
La decisión de hacerlo, creo que equivocada y precipitadamente, la había tomado un
par de meses antes en un estado de ánimo muy depresivo después de varias
negativas vivencias; entre otras aquella contada en el escrito Payola y en lo
personal las infelices actitudes de mi padre hacia mí, las cuales
lamentablemente seguirían de por vida.
Ella tenía tan solo 17 años, muy
regalona de su padre y viviendo hasta entonces en pleno centro de una alegre
ciudad, con actividades juveniles, rodeada de amigas y amigos e imberbes
enamorados pretendientes.
Yo con 22 años, pero con la inmadurez en esos años equivalente a la de un joven
de 18 hoy en día, sobre todo al no contar con la orientación que hoy los jóvenes
tienen con facilidad y en lo personal sin un apoyo, una guía u orientación
familiar.
En verdad lo que yo buscaba subconscientemente era un amor fraterno,
una comprensión a mi desequilibrios emocionales y psíquicos, un apoyo y compañía
a mi soledad en medio de tanta gente aparentemente a mi lado.
Pensé que al casarme iba a lograr aquello. Pero estaba lejos de lograrlo ya que
en un análisis posterior, años después, me daría cuenta que ninguno de los dos
estaba realmente enamorado.
Si ni siquiera nuestros signos zodiacales eran
afines: Ella Aries, yo Capricornio. Creo que en el momento de ella decidir
unirse a mí fue víctima de las circunstancias: El éxito y el aura romántica que
producía la canción Verónica, la expectación y comentarios de sus amigas y
amigos, obviamente también la natural pasión juvenil y el apoyo y consentimiento
de su madre que viajó con ella a Santiago con el fin de componer el pololeo que
en un momento había terminado, comentando de regreso en la familia que yo era un
buen partido; lógicamente en el sentido económico ya que yo estaba en la cima de
mi carrera.
En la segunda visita y con una permanencia más prolongada en
Argentina y con la posibilidad de quedarnos allá, la convivencia matrimonial
empezó andar mal.
En la solitaria vida en hoteles ella extrañaba a su familia.
Yo empecé a sufrir el típico ‘mal de patria, que hace volver a los artistas
chilenos al terruño y regresando a Chile, tiré por la borda la oportunidad de
seguir mi carrera en Argentina ya que la había pegado muy fuerte allá y en ese
entonces ese país era un fabuloso mercado laboral para los artistas y también
abría las puertas para todo el mercado latinoamericano.
Pero de regreso en
Chile, la convivencia matrimonial no mejoró. Creo que si hubiésemos vivido en
estos tiempos el matrimonio habría durado uno o dos años. Pero la mentalidad y
cultura de la sociedad en esa época presionaba a seguir adelante, como también
la responsabilidad por los hijos.
Vanamente nosotros seguimos doce años antes de
la nulidad definitiva.
Causas negativas para llegar a ello la pusimos ambos,
pero sólo citaré una de las mías:
Por las vivencias adversas en mi niñez, ya
adolescente y luego joven adulto buscaba lo bueno, lo justo, lo bello y no me
imaginaba lo contrario. Pero parece que el subconsciente de la mente no camina
junto a tu alma y un día cuando ella aún era sólo mi polola, pidiéndole yo
explicación por un acto de infidelidad de su parte, reconociéndome el
hecho extrañamente me grita coqueta y desafiante:
— ¡Pégame!. . . ¡Cachetéame
que me lo merezco! Una fuerte cachetada no se hizo esperar.
Siempre sentí que
esa bofetada, ese acto de celos y rabia gatilló y desencadenó mi falta de
respeto y los actos de violencia durante ese matrimonio.
En 1964 había nacido
nuestro hijo Javier Eduardo y a fines de 1965, nuestra hijita Verónica que tan
sólo vivió 6 meses al nacer con fallas constitucionales en el corazón, problema
congénito provocado por la diferencia de RH positivo yo y RH negativo su madre.
Hecho que un negligente ginecólogo no detectó y que produjo graves daños en el
segundo embarazo. Fue un golpe duro a nuestras vidas.
Mi hijo Javier Eduardo en un dibujo mío
Lamentablemente la violencia intrafamiliar también afectó un poco a mi hijo
Javier Eduardo. Dicen que un hijo castigado es después un padre castigador.
Claro que jamás fue al nivel que yo sufrí, más bien eran esporádicas pérdidas
de control gatilladas aparte de mis traumas por muchos factores, entre ellos
la continua intromisión en nuestras vidas de su familia. No obstante que estos
castigos a mi hijo fueron mínimos, fue motivo por mi parte de estar de acuerdo
con la separación tiempo después, ya que era una forma de protegerlo de lo que
yo había vivido.
Creo que utópica o idealmente un cantante o músico chileno no debería casarse a
menos que su pareja fuera también una aventurera musical.
Es tan pequeño el país
y tan grande su amor por lo foráneo que, una vez que deja de ser ‘la novedad del
año’, irremediablemente tendrá problemas económicos. Siempre fue así. Claro que
actualmente tiene la posibilidad de, olvidándose de sus sueños, convertirse en
animador o panelista de televisión.
Ocurrió entonces que después de los cuatro o
cinco años de éxito, poco a poco los contratos empezaron a disminuir mientras sí
aumentaban mis responsabilidades como jefe de hogar. En esa época las esposas no
trabajaban y se quedaban en casa y algunas, como en mi caso, solicitaban además
una nana. Como me había acostumbrado a ponerle el hombro de muchacho y con la
experiencia que había tenido cuando ayudé a mi padre con su taxi, no pensé dos
veces en 1965 sacarle patente de taxi a mi Chevrolet 1951, ya que en esa época
los taxis eran de cualquier color.
En cualquier momento salía a trabajar y en
pocas horas volvía con un montón de dinero. En esos años la locomoción colectiva
era muy escasa sobre todo en el sector oriente. Vivíamos en Las Condes cerca del
Estadio Israelita y cuando salía temprano en la mañana alrededor de las siete y
media u ocho, la gente se peleaba el taxi para ir hasta el centro lo que salía
algo así como $ 3.000.-
A veces se subían dos o tres y compartían el costo. Un
día que se subieron 5 (los autos en ese tiempo tenían el cambio al volante con
tres asientos delanteros, sin butaca) yo medio molesto les digo que deben pagar
$ 1.000 cada uno. Accedieron gustosos.
Bajada: derecho por Las Condes,
Apoquindo, Providencia, Alameda. Luego Morandé y Compañía hacia arriba. En la
Plaza de Armas se bajaron los últimos.
Se me ocurre entonces escribir en un
cartoncito “Las Condes $ 1.000” y vacilantes y extrañados pasajeros, luego de
preguntar. . . ¿Las Condes a $ 1.000?. . . se empezaron a subir poco a poco.
Llegando al Estadio Israelita volvía hacer la gracia varias veces en la mañana.
Entusiasmado volví hacerlo los días siguientes y pronto se me unieron otros
taxistas. Alrededor de las 11 de la mañana, empezamos a juntarnos frente al
hospital de la FACH a conversar y comentar el buen negocio que habíamos
descubierto.
Creo haber sido el fundador o cofundador del sistema de taxi
colectivo o al menos de la línea Estadio Israelita – Plaza Bulnes que después
otros formalizaron en el Ministerio de Transporte. Le escribí a mi padre que
podía venirse a trabajar su taxi a Santiago en el sistema ya que debía seguir
una única ruta sin tener que ir a sectores que no conocía y lo ponían nervioso.
Se vino de inmediato y arrendando casa cerca de allí, trabajó en esa Línea por muchos
años hasta que se jubiló.
Yo seguí esporádicamente y sólo por un corto tiempo;
luego mi auto lo trabajó allí un chofer.
Durante esos años, hasta 1968, seguí
mayoritariamente trabajando en lo artístico, obviamente sin ser ya primera
figura, pero en mis actuaciones siempre recibía el cariño y el apoyo fuerte del
público.
Recuerdo una vez que me contrataron para actuar en el Caupolicán junto
al Pollo Fuentes, máxima figura en esos momentos. Me ponen penúltimo en el show
previa la actuación del Pollo. El teatro repleto. Termino mi actuación y el
público mayoritariamente juvenil no dejaba de aplaudir y gritar haciéndome
volver a cantar una y otra vez y José Alfredo esperando detrás de la cortina
nervioso y molesto por la situación, cuestionando al productor por qué me había
puesto en ese lugar. Lo mismo que le ocurrió con Joe Vasconcellos años después
en el festival de Viña, excepto que en el Caupolicán no pudo cambiar la
actuación para otro día como en el festival.
Tal vez ese hecho influyó para que posteriormente pasaran cosas extrañas, como
por ejemplo cuando por pedido del casino de Viña donde él animaba y tocaba la orquesta
de Horacio Saavedra, tuvo que realizar una producción con 5 cantantes nueva oleros y que
tenían que cantar sólo una canción, uno de sus éxitos, junto a un tema entre todos.
Para mí eligió la canción Peggy Sue (¿?). . . No Josefina, no Verónica,
No Norma, No Corina o Susy o Lucy. . . si no que Peggy Sue.
Acepté sin oponerme ya
que el contrato era bueno y además no aparecer como tantas veces como "conflictivo"
De esos años recuerdo unas giras muy especiales de las cuales escribí hace un
tiempo en Vivencias en mi sitio y que paso a citar:
"En 1967 cuando mi
popularidad había mermado un poco como era de prever, un empresario me contrató
para hacer unas giras que llamaban por “pueblos chicos”.
La primera duró todo
Enero y Febrero, partiendo desde Santiago y llegando finalmente a Puerto Montt,
actuando todos los días, pero sin hacerlo en Rancagua o San Fernando, tampoco en
Talca o Chillán, ni en Concepción, Temuco, Osorno o Valdivia.
Se hacían los
shows en pueblitos que quedaban al interior de las ciudades grandes, cientos de
ellos. Incluso, vermú en un pueblo y nocturna en otro, distantes 10 o 15
kilómetros en promedio.
La televisión no había llegado a regiones todavía y la
gente asistía en masa a los eventos. Se hacía todo con mucho sacrificio y en
condiciones precarias. La amplificación la llevaba el productor y consistía en
un amplificador que se activaba con batería de auto (se llevaban varias de
recambio y recarga) y bocinas de parlantes.
Se actuaba en escuelas, recintos de
bomberos, galpones o, con suerte, en gimnasios. En algunos pueblos según fuese,
algunas personas llevaban sus sillas y no faltaba por ahí algunos que pagaban
sus entradas con huevitos o productos de sus cosechas.
Yo que era la “estrella”,
cerraba el espectáculo acompañado sólo de mi guitarra. La gente feliz.
Pero más feliz era yo que disfrutaba del cariño de esa gente sencilla, bondadosa y
amable. Gente campesina. No había hoteles, lógicamente, y entonces el
alojamiento lo daba la familia con la mejor casa. Abundante comida de campo y
mucha fruta.
Feliz de conocer lugares maravillosos que ni como turista se pueden
conocer, rincones hermosos escondidos entre cerros y quebradas. Además en cada
lugar llegaba pidiendo prestado un caballo para cabalgar, cosa que me atraía
desde niño cuando veía las películas de cowboys en el norte, en Chuqui, donde
eran escasos hasta los burros.
Para el norte entre Santiago y La Serena o hasta
el valle de Elqui, la cosa era similar, pero más allá la gira se ponía brava,
pues eran pueblos o campamentos mineros en medio de cerros, las distancias eran
grandes y los caminos malísimos. Muchas veces equivocábamos las huellas y nos
tomaba más tiempo aún.
En 1968 hice una gira que no todos los artistas han tenido la suerte de hacer.
Luego de actuar en varias ciudades y pueblitos en la Isla Grande de Chiloé, cruzamos en un
pequeño avión y actuamos, entre otras, en Coihaique, Puerto Aisén, y navegando
el Lago Gral. Carrera, llegamos a actuar a Chile Chico, a 4 kilómetros de
Argentina. Todos lugares maravillosos."
Fin de la cita.
En los ’50 y ’60 el famoso sueño americano, es decir irse a vivir a EE.UU. era
muy fuerte. En Chile como en la mayoría de los países sudamericanos la pobreza
era grande. La gente ganaba muy poco y todo lo importado era carísimo debido a
los altos impuestos de aduana. Mucha gente compraba a crédito hasta el paragua,
que sí duraban años y eran nacionales. Aunque parezca increíble, existía en
Santiago un negocio especializado llamado “La Casa del Paragua”. Además el cine
norteamericano nos mostraba un mundo esplendoroso y perfecto. Miles de chilenos
se iban a vivir allá. Incluso varios cantantes de la nueva ola lo hicieron y no
volvieron más.
Así fue como en 1969 decidimos con Verónica irnos a vivir allá.
Obviamente no juntos con el niño, si no yo adelante para luego llevarlos.
En el curso de inglés por correspondencia que había hecho en los ’50 y que era de un
instituto de Los Ángeles, California contaban maravillas de esa ciudad y estado
y para allá tome rumbo en un bus de la Grayhound desde Miami.
Un viaje
larguísimo que me permitió conocer el borde sur de EE.UU. y practicar mucho
inglés con los diferentes pasajeros que iban subiendo y bajando entre tramos y
ciudades. Una vez allá me radiqué en Pasadena donde vivía un amigo chileno de
origen alemán con su familia y que tuvo la gentileza de orientarme.
Arrendé un pequeño departamento ubicado en la calle Marengo St., de un ambiente con la
típica cama que bajaba de la pared donde en el día se ocultaba. Era un sector
netamente anglo con muy pocos latinos.
Había llevado poca ropa para así adquirir
la que se estilaba allá. Recuerdo que en Sears compré esos típicos pantalones
gringos a cuadrillé y unas casacas muy coloridas.
Debido a mi buen oído y al
intenso estudio de inglés, yo podía hablar casi sin acento español. Claro que
al principio hablaba un 90% y entendía un 50%.
“Para conseguir trabajo necesitas
la tarjeta del ‘social security’ – me comenta mi amigo – pero creo que con el
inglés que tú tienes, más las pintas que compraste puedes obtenerla. Vamos a ir
a la oficina tipo cinco, ya que cierran a las cinco y media de la tarde y los
dependientes están ansiosos por terminar la pega”.
Llené la solicitud como oriundo de un pueblito del interior y la dependiente me informó que en
una semana me llegaba la tarjeta a mi dirección enviada desde Sacramento.
“Bien – me dice mi amigo ¬ – cuando te llegue la tarjeta, te cambias de
dirección y por ningún motivo manejes un carro”.
Cuando recibí la famosa
tarjeta, que todavía la conservo de recuerdo, me cambié a una residencial (a
boarding house) a unas cuatro cuadras en la misma calle y en donde me entretenía
bastante, pues pasaba mucho en el hall compartiendo con otros inquilinos, todos
gringos.
Conseguí empleo en una empresa en Glendale donde camino a su trabajo
me pasaba a dejar mi amigo. Recuerdo que me pidieron abrir una cuenta corriente
en Bank of America, con cheques con mi nombre estampado, en donde me
depositaban el sueldo. Todo gracias al buen inglés y además que en esos años
las leyes de inmigración no eran tan rígidas y estrictas como las de ahora.
Pero poco a poco ese mundo de buenas expectativas, sobre todo debido a mi forma
de pensar fue cambiando.
Era la época de los hippies y de un descontento de la
juventud por el sistema y el agobio de la guerra en Vietnam.
En las tardes o fines de semana me iba a un parque en Hollywood, en donde prácticamente vivían
miles de hippies y jóvenes rebeldes para conversar con ellos, practicar mi
inglés y compartir experiencias.
Algunos se quejaban de cómo era posible que
hasta los 18 años no les permitieran comprar una cerveza, pero cumplidos estos
los mandaban a matar gente a Vietnam. Otros se quejaban que no veían a su madre
o a su padre desde mucho, ya que se habían casado una o dos veces más y ya no
les sabían ni el paradero. Otros que tenían de todo en su casa, modernos
artefactos, hasta cepillo dental eléctrico, pero que no había vida familiar ya
que sus padres estaban muy ocupados tratando de ganar más dinero.
Para muchos
tal vez más defecto que virtud, siempre he dado más valor a lo espiritual y
empecé a pensar que lo que lograría materialmente iría en desmedro de aquello,
sobre todo para mi hijo, puesto que comencé a darme cuenta como ya en ese
entonces había problemas de drogas en colegios; un materialismo aplastante en
donde claro, una mayoría de inmigrantes estaban fascinados por haber podido
fácilmente comprar un “carro”, lo que consideraban como gran objetivo de vida;
cada generación con su guerra de turno para defender grupos y objetivos
económicos; niños y jóvenes en un creciente porcentaje con obesidad mórbida
debido a una alimentación adictiva y chatarra; luego el continuo aumento de
degeneración sexual con el influyente mundo gay, etc. etc.
Poco a poco comencé desilusionarme de vivir en esa sociedad y a pensar la posibilidad de
regresar. Claro no imaginaba que muchos de esos problemas también los tendríamos en 30 o 40
años después en nuestros “países en desarrollo”.
Viví también una experiencia hermosa de amor y pasión. En la residencial
alojaba una muchacha llamada Sue con su hija de nombre Kira de 3 años de edad.
Ella estaba divorciada. Era una gringa hermosa de pelo largo y un cuerpo
sensual. Pronto nació entre nosotros un romance y una relación apasionada.
Tan intensa y bella era nuestra relación que en esos días de la llegada del
hombre a la luna que pasaban por la televisión, nosotros la sentíamos como cosa
secundaria, mirando las imágenes de soslayo y subconscientemente.
El amor entre nosotros empezó a crecer día a día. Fue un romance que tal vez podía haber
durado toda una vida. Pero yo sentía un mea culpa, pensando en los que esperaban
por mí y un día aunque con un dolor muy grande, decidí terminar y me cambié a la
comuna de Torrance, un sector industrial al sur de Los Ángeles, en donde
conseguí un trabajo nocturno en Harvey Aluminum, ya que era con un muy buen
sueldo y así ahorrar y traer de vuelta. Allí viví los días más triste de mi
vida. En una residencial, donde alojaban sólo trabajadores, dormía hasta pasado
el medio día y al salir a la calle, como zona industrial, no andaba ni un alma;
solamente vehículos iban y venían.
Comía en una fuente de soda cercana,
generalmente una hamburguesa y un café, y al conocer y conversar con algunos
parroquianos comprobaba lo que en los diarios en esos momentos comentaban, que
4 de cada 5 norteamericanos veteranos de la guerra estaban física, psíquica o
emocionalmente enfermos. Nunca conocí tanta gente sola, como yo lo estaba, pero
enfermos, deprimidos y hablando locuras o rayados con el tema de Dios.
Y en medio de ese triste ambiente, el recuerdo de Sue y mi amor reprimido, el
recuerdo de la familia y mi hijo aquí en mi país. Era como estar en un abismo.
Esa tristeza la recuerdo cada vez que escucho a Bob Dylan cantar la melancólica
melodía de su “Lay, lady, lay”, pues la primera vez que la escuché, venía a mis
oídos como desde lejos, desde una radio en otra habitación del edificio,
mientras yo venía despertando soñoliento y taciturno después de una dura jornada
nocturna de trabajo, haciéndome sentir toda la pesadumbre y soledad del mundo en
mi alma.
Al regresar mis razones que tuve para hacerlo no fueron entendidas.
Para mi esposa y su familia sólo era un fracasado. Bueno, quizás tenían razón.
Pero como todo tiene su lado positivo, gracias al mayor dominio del idioma
inglés alcanzado en ese país, entré a trabajar en Antofagasta en la empresa
inglesa de carga naviera Pacific Steam Navigation Company; allí, cuando los barcos llegaban a puerto, debía ir
a bordo para atender los requerimientos del capitán y su tripulación. Sólo
trabajé cuatro meses y me vine a Santiago, ya que no me sentía cómodo viviendo
en casa de mis suegros.
Fue cosa del destino que una vez en la capital aparece
en el Mercurio un aviso en inglés de una empresa internacional que necesitaba un
administrativo con dominio de ese idioma. Después de varios exámenes y
entrevistas entre muchos postulantes, quedé seleccionado y entré a trabajar en
la estación de rastreo de satélites de la NASA en Peldehue, cerca de Colina.
Según el sector, diferentes vehículos tipo station pasaban a buscar y a dejar a
la casa a los trabajadores. En mi vehículo que era sector oriente viajaban casi
puros gringos. Era un trabajo en la sección Logística y había que cumplir 7
días seguidos de turno de noche, 7 días de turno de tarde y 7 días de turno de
día de 8 a 16 hrs. Claro que el sueldo era buenísimo, pero los años allí se me
pasaron volando al estar siempre deseando que llegara el turno de día que
terminaba el viernes y tenía mi único fin de semana libre al mes.
También
durante el tiempo que trabajé en la NASA tuve un gran adiestramiento en muchas
áreas, ya que la política de la entidad era capacitar constantemente a los
funcionarios con variados y diferentes cursos, sobre todo que así lo exige la
Logística que era el área en donde yo me desempeñaba.
Toda entidad dependiente
del gobierno de los EE.UU. debe certificar o acreditar el grado de dominio del
inglés de los funcionarios extranjeros. En esa época usaban oficialmente un test
de la Universidad de Georgetown y en Chile lo tomaba el Instituto Norteamericano
de Cultura. Debido a que mis estudios habían sido siempre autodidácticos a
partir del realizado por correspondencia desde National School de Los Angeles,
sentí gran satisfacción al obtener en mi test un 95% en escrito y 90% en oral.
Aún conservo ese certificado.
Durante este periodo, mientras trabajaba en NASA,
grabé para el sello Caracol varios discos 45, entre los que destacan Flotando en
el viento de Bob Dylan al que le hice una versión en español alternándola con la
letra en inglés; Tu sonrisa quiero ver, una canción original. También mi
versión en español de Nunca llueve al sur de California.
Pero casi no fueron
tocados en radios debido a la negativa de la mayoría de ellas de no apoyar a
este sello ya que su dueño don Antonio Contreras no respetaba los derechos y
regalías de los artistas. Tiempo después las máquinas para fabricar discos
vinilos que había adquirido jamás las pudo hacer funcionar debido a la crisis
provocada por la piratería de la música editada en casette lo cual lo llevó a
la quiebra.
La situación política de esos años hizo incierto el futuro de la
NASA en Chile y antes de quedar cesante con más años y obedeciendo a mi espíritu
lleno de inquietudes artísticas, decidí retirarme y volver a lo mío.
Esta decisión sumada a las expectativas personales que Verónica se había creado
en el norte puso fin a nuestra unión en 1975, tras doce aflictivos años de enlace.
El matrimonio fue legalmente anulado por el civil.
En 1976 tomo rumbo a
Buenos Aires con la intención de radicarme definitivamente en Argentina. Quería
dejar atrás para siempre 35 años de vida, los cuales son casi la mitad de los
que hasta hoy he vivido. Quería nacer de nuevo en mente y espíritu, quería
partir de cero en cualquier cosa, quería reinventarme. No sabía si seguiría en
el canto o trabajaría en una oficina; tal vez estudiaría pintura o si quizás
terminaría trabajando un taxi. . . o qué se yo, ¿viste?
Arrendé una habitación
en un hotel familiar en la calle Rivadavia a unas cuadras de la Plaza Once. La
cantidad de dólares que había llevado, los cuales en esa época tenían un
altísimo valor allá, me permitieron tener casi 6 meses sabáticos. La cultura del
pueblo argentino, con su enorme influencia europea sobre todo de italiana y
francesa; su respeto a la persona más allá de su condición social; la relajada
convivencia en los cientos de cafetines cuyo aroma se esparcía por las calles,
me habían atraído enormemente las veces que antes había estado allá. Me dejé
llevar por los días; deliberadamente por primera vez en mi vida no pretendía ni
proyectaba nada. Recorría sus calles, a veces caminando hasta Lavalle y Florida,
otras me acercaba el subte; un día iba a La Boca, otro caminaba hasta Palermo.
A veces leía en una plaza, otras acostado en mi pieza.
Redescubrí a Neruda
embriagándome con el romanticismo de Los Versos del Capitán. En las noches
solía ir a ver obras teatrales que había para regodearse y con buenos actores.
Pronto al hacerme de amigos del sector, me quedaba conversando con ellos hasta
tarde en un café de la esquina mientras escuchábamos reiteradamente en la rocola
a José Luis Perales cantar. . .’Si, si, si, te quiero con el corazón. . .’
Cuando se fue terminando mi dinero, me acerqué a un agente quien empezó a
enviarme a cantar por fines de semanas a provincia. De pronto iba a Concordia, a
Rosario o Mar de Ajó. También comencé hacer los trámites en inmigración para
obtener la residencia.
Mas un día viernes 19 de Noviembre de ese año cambiaría mi vida para siempre y cientos
de veces después daría gracias a la vida por haber estado allí. Comprendería que todo
los sufridos caminos recorridos antes en mi vida me habían llevado allí: una sala de
espera en una oficina era una estación donde yo, sin saberlo, esperaba su llegada;
allí por el fondo de un largo pasillo apareció ella caminando con su sensual femenino
andar, con su cabello largo y su alta y delgada figura, y al acercarse su rostro bello
y su dulce mirada se adueñaron de mi sangre, mis
pensamientos y mi alma.
Allí conversamos, allí nos conocimos. Seguimos
conversando un par de horas en un café. Mirtha era uruguaya, vivía en Montevideo
y estaba por un par de días visitando a su madre y hermanos que vivían en Buenos
Aires. Debía regresar a su país. Una semana más tarde, el viernes 26 siguiente
yo debía actuar en un teatro de la ciudad de Fray Bentos en tierra charrúa,
ubicada al borde del río Uruguay que la separa de Argentina. Quedamos que ella
viajaría desde Montevideo y nos encontraríamos allí. En esa hermosa pequeña
ciudad se inició definitivamente nuestro romance.
Paseamos por sus calles, nos
bañamos en una tranquila playa del río y en la tarde camino al teatro tomé su
mano. Ella dice haber sentido lo mismo que yo: Un placer sensorial, una energía
electrificante, una satisfacción infinita, un sentirse dueño del mundo, más no
obstante todo lo dicho, un sentimiento y una sensación inexplicable con
palabras.
Después ella debía volver a su trabajo y yo volver a Argentina para
actuar un fin de semana de Diciembre en Mar del Plata. Nuevamente nos
separamos. Pero terminado ese contrato viaje ansioso a Montevideo. Ella no me
esperaba. Golpeé la puerta de la casa de su tía Maribel con quien ella vivía y
al abrirme ambos nos dimos cuenta que nuestro amor había crecido aún más.
Salimos a caminar y conversar por la avenida 8 de Octubre, cercana a su casa y
ya luego pasamos juntos unos diez o doce días, incluyendo noche buena y navidad,
viviendo feliz e intensamente nuestro naciente amor.
Yo regresé a Chile a pasar
el año nuevo con mis padres y hermanas y ella quedó de venir a Chile en sus
vacaciones de Febrero.
Después de pasar sus vacaciones conmigo volvimos a fines
de Febrero a Buenos Aires. El mismo día de llegada allá la fui a despedir en su
viaje de retorno a Montevideo en el Vapor de La Carrera que partía a las 9 de la
noche.
No habíamos decidido qué camino tomar. Ella por de pronto debía volver a
su trabajo y yo seguía con la idea de vivir en Buenos Aires, pero ya no tan
seguro de ello.
Volví al hotel y casi no dormí pensando en ella. El día
siguiente fue triste, yo sentía una inmensa nostalgia y todo pensamiento o
inquietud de futuro dejó de tener aliciente sin ella. Al atardecer tomé la
decisión. Dejé la mayoría de mis pertenencias en un par de maletas, entre ellas
ropa, discos, fotografías, revistas, premios de mi carrera guardadas en
custodia del hotel, las cuales jamás volvería a buscar y viajé esa noche
rumbo a Montevideo, también en el Vapor de La Carrera.
Este era un famoso vapor
de turismo con casino y entretención a bordo y que hacía el viaje muy lentamente
durante la noche, llegando a Montevideo alrededor de las 7:30 de la mañana. Hoy
se encuentra como reliquia anclado en el barrio de La Boca.
Mirtha trabajaba como asistente de un dentista y allá llegué a buscarla a la
salida de sus labores aquella tarde. Junto con sorprenderse se alegró, nos
abrazamos, nos besamos y ya no nos separamos más. Nos fuimos a vivir en una
residencial a un par de cuadras de la avenida 18 de Julio, cerca de la Plaza de
la Independencia. Yo conseguí dos o tres contratos en algunos importantes
negocios nocturnos y luego de dos meses de hermosa y apasionada convivencia en
esa tranquila y bella ciudad, nos vinimos definitivamente a Chile, llegando un
primero de Mayo de 1977.
Durante algunos meses trabajé un taxi Simca 1000. Pero
un día 26 de Octubre de ese mismo año no salí a trabajar temprano.
Mirtha y yo junto a mi amigo Patricio Troncoso, como mi padrino y testigo, y junto a la
señora Raquel, amiga de Mirtha como su madrina y testigo nos juntamos a las 9
de la mañana en el registro civil de Providencia, allí en calle Los Leones para
casarnos y unirnos en matrimonio. Solamente los cuatro. No supo su familia. No
lo supo la mía. No hubo fiesta ni regalos. Mirtha lucía bella, hermosa con una
túnica que ella misma se había confeccionado. Yo con un simple saco y
corbata. Volvimos felices a nuestro domicilio y festejamos y agradecimos a
nuestros padrinos y amigos con un rico y especial desayuno-coctel, ya que
además era el cumpleaños de Mirtha.
Luego de ello salí al medio día a trabajar
en el auto. Económicamente no podía ser de otra manera. Pero ya esa actividad no
era la misma, ya no era rentable.
Me tocaba renovar mi licencia de conducir y
entonces renuncié voluntariamente a la clase A, solicitando simplemente la
clase B para obligarme a no volver jamás a ese trabajo.
Le dije a Mirtha que me
iba a dedicar de lleno a lo mío aún con sus altos y bajos. Ella estuvo de
acuerdo. Me dio todo su total apoyo diciéndome que lo importante era realizarse
en lo que uno se sentía feliz, en lo que uno amaba o era su vocación sin
importar si era más o menos rentable.
Terminé definitivamente con el taxi. También terminó Diciembre.
El día martes
3 de Enero de 1978 fui en la noche hablar con don Pedro Muñoz, dueño del Maxim
allí en la Avenida Mata y que en ese momento tenía un éxito avasallador.
Mirtha me acompañó. Don Pedro me contrató para ese mismo fin de semana
partiendo el jueves 5 más viernes y sábado. El contrato fue buenísimo en lo
económico ya que era sólo por un fin de semana. Había dos orquestas entre ellas
la de Tito Campbell. Se llenaba totalmente, más de 2000 personas ya que era un
enorme local. Yo tuve un éxito enorme.
Cuando estamos en el camarín el sábado,
último día de contrato, don Pedro me dice: — Sabe Danny, que hace tiempo que
tengo la idea de abrir toda la semana, así que vamos a seguir desde mañana
todos los días indefinidamente.
Y el sueldo — le pregunto ansioso.
Bueno, igual — me contesta — Seguimos igual.
Estuve Enero, Febrero, Marzo y Abril.
Luego cambió por un show de tango con Carlos Vásquez y Elena Cavada quienes
también tuvieron varios meses de éxitos.
Ese contrato en el Maxim fue el que
definitivamente me afirmó en lo económico y me volvió la fe en mi carrera al
descubrir que la gente seguía gustando de mis canciones, que seguía amando la
música de los '60.
La promoción que hacía el Maxim llegaba por los diarios a
todo Chile y empecé a ser contratado casi todos los fines de semana por negocios
nocturnos (boîtes) y elegantes restoranes en regiones con muy buenos honorarios,
pasajes y buenos hoteles. Salvo esporádicas excepciones, después del Maxim
nunca más volví a trabajar en centros nocturnos en Santiago ya que no se
comparaban con lo que pagaban en provincia.
Mirtha me acompañaba en todos esos
viajes hasta que su guatita se lo permitió ya que esperaba a Danielito que
llegó el 30 de Agosto en 1978. Cuando ese día llegó nuestra felicidad fue
completa y sentimos que ese hijo nos unía aún más y para siempre.
Danielito llegó con su marraqueta, pues un par de meses antes yo había ganado el primer
lugar y muy buenos dólares como autor en el festival Chile Canta en el Cobre en
Chuquicamata con mi canción “Sólo un vagabundo”. Festival por invitación donde
estuvieron compitiendo Osvaldo Díaz, Santiago Cuatro, Julio Bernardo Euson,
Florcita Motuda entre muchos otros.
En algunas radios FM solían tocar un tema en armónica de Lee Oskar Antes de la
lluvia, el cual saqué un día como pasatiempo en mi armónica. Por ahí por
1980 conversando en el café Paula con el productor Nelson Catalán que trabajaba
para el sello Sol de América, único que seguía grabando con artistas nacionales
y en discos vinilos, me comenta que ese tema no saldría en Chile debido a que
por razones políticas Lee Oskar no había autorizado su licencia. Cuando le
comento que yo lo tocaba se entusiasma y se pone en contacto con el sello para
que yo lo grabara.
El tema original duraba más de siete minutos y en algunos
pasajes se desinflaba un poquito, y como siempre a todo lo que he grabado que
no sea mío, le he hecho arreglos o algunas variaciones que le dé un toque
personal, acorté el tema a un poquito más de tres minutos, le marqué más como
chachachá el estribillo y agregué algunas improvisaciones propias. El sello
quería que yo cantara en algunos pasajes, más logré convérselos de que quedara
sólo instrumental. No obstante, no volvieron a poner en primer plano la
armónica después del estribillo donde yo cantaría.
Fue un éxito radial sobre todo en regiones. En Santiago en la radio Cooperativa llegó al quinto lugar del
ranking mensual. Se vendieron más de 20.000 copias en disco 45 vinilos. Todo un
éxito comercial pues en ese entonces el casete pirata ya boicoteaba las ventas.
Luego ya no se fabricaría más discos vinilo. Yo tuve la satisfacción de
despedirlo positivamente. Llevé el disco a la producción de un programa que el
Pollo Fuentes tenía en el canal 13 (aún en calle Lira).
— Déjalo. . . te llamaremos — me dijeron. Nunca lo hicieron. Como al mes apareció el Pollo
junto al Coco Legrand tocando en armónica algunos compases del tema.
También se
lo dejé a Camilo Fernández para hacerlo en un programa de Raúl Mata u otros que
tenía en asesoría. Jamás me llamó tampoco. Según Nelson Catalán, Camilo era
el productor que quería editar la versión de Lee Oskar. Yo no sé si fue cierto,
pues nunca se lo pregunté. Hasta el día de hoy muchas personas del público se
sorprenden cuando yo toco el tema en mi show, ya que no saben que fui yo el
que lo grabó en Chile.
Podría escribir un libro completo sólo de puros
chaqueteos como los anteriores que me han ocurrido durante estos 49 años en el
medio. Tal vez me anime a comentar otro más adelante.
Otro gran campo de trabajo artístico que se empezó a producir en los ’80 fueron
los festivales de verano que cada ciudad o pueblo a lo largo de todo Chile
realizaba ya sea con el auspicio de la Municipalidad o directamente realizado
por ella. Como hormiguita trabajaba duro el verano ahorrando para el invierno,
ya que eran contratos buenos. Claro que
durante el año seguían los trabajos en centros nocturnos, eventos de empresas y
los famosos días de. . . Día de la Mujer 8 de Marzo, Día de la Madre 10 de
Mayo, Día de la Secretaria 3 de Diciembre y otros, en los que yo por tener
más de doce canciones con nombre de mujer, nunca faltaba en algún show.
También durante esa década de los ’80 había mucha actividad televisiva llegando
a ver varios programas en la semana con actuaciones de cantantes nacionales,
aunque yo nunca me he sentido cómodo en shows televisivos y sí me siento fuerte
en actuaciones en vivo. A mediado de esa década inicié un ciclo feliz de
actuaciones durante muchos años. Después de haber actuado en el elegante
restaurante “El Popeye” en el segundo piso de la estación-puerto en Valparaíso
recibí una llamada telefónica con algo de eco.
— ‘Oye Danny, somos un grupo de
chilenos que vivimos aquí en Suiza. Sabes que estuvimos de vacaciones en el
puerto y vimos tu show y grabamos parte en una videocámara. Aquí ha gustado
arto y queremos contratarte para dos eventos que vamos hacer. . .’ Cito el
escrito Colonias posteado en internet hace tiempo:
“De las experiencias que más agradezco a mi actividad como cantante, ha sido la
de visitar tantos lugares y países del mundo. Y el agradecimiento mayor se
lo debo a los chilenos que conforman las colonias en el extranjero.
Aparte de
los viajes que realicé en los 60's y 70's, sobre todo por Sudamérica, desde
mediado de los ’80 me vino una racha de viajes hasta el 2004, haciendo 1 ó 2
viajes todos los años.
En la ciudad de Lausanne, Suiza 1998
En 1988 viajé a Suiza, a la ciudad de Lausanne, ahí al ladito de Francia.
Incluso los chilenos residentes viajan a comprar a Gex una cercana ciudad francesa.
La mayoría de los chilenos son de Valparaíso y viven en esa ciudad hermosa y tranquila junto
al bello Lago Léman (Lago Geneva por el lado francés).
En 1989 estuve en las
ciudades industriales de Valencia y Maracay en Venezuela, ciudades con muchos
chilenos muy bien establecidos con negocios y actividades independientes. Luego
estuve viajando 5 años seguido una vez al año a Miami partiendo el primer año
con una presentación en El Burro Restaurant el más concurrido restaurant chileno
en ese momento, y después muchas otras actuaciones en la sala de eventos
Mylander allí en Hialeah, donde se concentra la mayor cantidad de chilenos. En
esa ciudad tengo muy buenos amigos.
En Sídney, Australia 1996
En 1996 hice el viaje más maravilloso de todos. Estuve un mes en Australia
haciendo 8 actuaciones en Sídney y en una gira hasta Melbourne, donde fui
acompañado por el excelente conjunto musical Frecuencia Cuatro, compuesto por
chilenos y un joven uruguayo. Sídney es una ciudad impresionante y unos amigos,
ex-colegas en la Nasa en Peldehue me llevaron a conocer Las Montañas Azules,
distante 2 horas al interior de Sídney, de belleza indescriptible.
Una sensación
extraña sentí de vuelta: partí de Australia un lunes al mediodía y llegué a
Chile "el mismo día lunes" también al mediodía, debido a la diferencia de
horario de 14 horas. Otra colonia bastante grande y muy unida es la de la ciudad
de Sao Paulo en Brasil, donde canté en el 18 Septiembre del 2001. Ellos tienen
un grupo folklórico de excelencia y me impresionaron los huasos, chilotes y
pascuenses (hijos y nietos de los colonos) que cantaban cuecas, tonadas y
bailaban tan bien en el escenario, al oírlos hablar en portugués ‘vestidos así’
en los camarines; era lógico, ellos son brasileros.
En Quebec, Canadá
En Mayo del 2002 hice una gira de un mes por EE.UU. y Canadá: New York, New
Jersey, Quebec Toronto y otras.
Un querendón amigo chileno, junto a su familia,
me llevó desde Toronto a conocer Las Cataratas del Niágara, otra experiencia
maravillosa.
Junto a las Cataratas del Niágara en Canadá
El 14 de Febrero del 2004 hice mi última actuación en Miami en el Día de los
Enamorados, en un evento organizado por el Club de Leones Lautaro de la ciudad.
Una cosa en común han tenidos todas estas visitas: el cariño de los chilenos.
Me he sentido feliz y agradecido al ver con qué emoción y alegría recuerdan sus
años juveniles y románticos, a través de las canciones que acompañaron su
juventud y sus vivencias en nuestra tierra.”
Fin de la cita
El 17 de Julio de 1982 se acrecienta nuestra felicidad con la llegada de
nuestro segundo hijo Marcos. Mirtha cuidó personalmente de Daniel y Marcos, ya
que decidimos sacrificar un avance mayor en lo económico por la felicidad y
cuidado de la niñez de nuestros hijos. Siendo fieles a nuestras ideas, ella se
cuidó naturísticamente en sus embarazos y sus partos fueron naturales. Al
llegar conmigo a Chile ella traía varios problemas crónicos de salud los cuales
felizmente erradicó con el sistema de salud del señor Lezaeta. Por lo tanto le
tomó fe al régimen y durante los meses de espera cuidó su alimentación.
Por ejemplo, contrariamente a lo que se acostumbra, durante su embarazo no tomó
leche ni comió carne y no obstante amamantó con su leche hasta casi el año a los
dos niños, quienes a su vez no comieron otra cosa hasta que le salieron sus
primeros dientecitos, lo cual indica que el estómago recién está preparado para
recibir otros alimentos. Aclaro que Mirtha obviamente reemplazó la leche y la
carne por almendras, maní, nueces, etc. como también todo tipo alimentos
naturales, como paltas, aceitunas, zanahorias crudas, frutas, etc. Luego de
controles en el consultorio de Vitacura en calle Espóz y en donde después
siguieron sus controles de niño sano, los muchachos nacieron en la maternidad
del Hospital del Salvador En ambos establecimientos Mirtha recibió una
excelente atención. Todo bajo mi sistema de previsión por lo cual teníamos
servicio de salud Sermena que luego fue Fonasa.
Luego nuestros niños estudiaron en el liceo municipalizado Amanda Labarca que
estaba cerca de casa, en donde tuvieron excelentes y cariñosos profesores y
sacaban los primeros lugares en notas.
El apoyo y preocupación de Mirtha por
ellos como también su colaboración e interacción con los profesores en el
colegio creo que fue fundamental en estos resultados. Además yo me agregaba
asistiendo con ella a todas las reuniones de curso e imponiendo bastante
disciplina en casa. Claro que felizmente por ese tiempo yo ya había madurado
bastante y superado muchos de mis traumas y salvo humanos errores creo haber
sido un buen padre y un poco más papa-abuelo.
Al terminar el cuarto medio,
Daniel obtuvo el premio a la excelencia académica y tan buen puntaje en la PAA
(PSU) que le permitió entrar a la Universidad Católica a estudiar Ingeniería
Civil.
Daniel y Marcos
Marcos igual de inteligente, pero un poquito más relajado y sociable, es decir
un poquito despreocupado por sus estudios, igualmente sacó muy buen puntaje y
entró a estudiar Ingeniería Comercial en la Universidad de Santiago (Usach).
Ambos ahora ya trabajan con sus profesiones.
Cuando ya Daniel tenía 14 años y
Marcos 10, recién Mirtha entró a trabajar en una empresa en un puesto
administrativo, lo cual fue un apoyo fundamental en la economía del hogar y
para el financiamiento de los estudios de nuestros muchachos.
Habiendo triunfado ya en tiempos pretéritos y considerando que como músico y cantante de
música popular en un país tan pequeño y con poco campo laboral, sobre todo
para el artista nacional y además con una mayoría de productores, agentes o
representantes de artistas con muy poca ética, tener una renta mensual
adecuada ha sido difícil, como lo ha sido siempre para casi todos los artistas
locales, salvo pocas excepciones entre los que se encuentras los que se
aferran a la televisión con diente y muela.
Pero yo concluí hace ya mucho tiempo
que si bien cuánto ganar dependía del medio y de estos agentes, cuanto gastar
una vez ganado aquello dependía de mí.
No sólo es vital un ordenamiento en la
economía hogareña, además es primordial vivir honestamente nuestra realidad
como también fundamental establecer prioridades según trascendencia o
importancia.
Por ejemplo mi station Subaru Loyale año 1991 no lo cambié hasta
que los muchachos terminaron la universidad. Era el vehículo más antiguo del
barrio, pero funcionaba perfectamente y viviendo mi realidad esperé tranquilo el día del cambio.
Haber ocupado las entidades sociales del estado como el servicio de salud y un
colegio municipalizado, también fue vivir nuestra realidad.
Así lo hacen en los
mejores países europeos como Noruega, Suecia u otros. Son las personas y sus
familias las que tienen que poner lo mejor de sí, usando todos sus talentos, sus
esfuerzos. Deben ir a la montaña.
Guardando las proporciones, como miles de
otros anónimos ciudadanos ni Pablo Neruda ni Gabriela Mistral fueron a un Saint
Important School para dar lo que traían en sus mentes y almas
Volviendo a la década de los ’80, la fuerza positiva que me daba el amor de mi
mujer hizo volver a mi alma anhelos y sueños dejados en el pasado como aquel de
mi niñez de querer estudiar piano clásico, algo que comenté en la primera parte
de este libro en el capítulo de la infancia.
Tiempo atrás escribí sobre ello en
mi sitio bajo el título El Piano en donde en parte decía:
“Pero en el campamento minero y en medio del desierto. . . ¿un piano. . .
dónde?
Además debido a los conceptos y economía de mis padres, mis sueños de
estudiar en un conservatorio quedaron ahí no más.
Después durante la enseñanza
media, viviendo en un internado en Antofagasta, lo más asequible: una guitarra
tradicional.
Más tarde en actuaciones en radio o teatro en medio de los
ensayos, intruseaba el piano del director de orquesta.
Luego, aunque tuve un
piano en casa por un corto tiempo, las giras y actividades laborales no me
dejaban dedicarme a él. Y después claro, no hubo ni casa; un primer matrimonio
terminó y me fui un tiempo del país.
No fue sino hasta después de los 40 años
de edad, a mediado de los 80's, en que ya con más dificultad compré nuevamente
un piano, uno usado y viejito, un Fisher y empecé por mi cuenta a sacar acordes
basándome en la guitarra y hacer ejercicios para los dedos. Para tener más
tiempo y no molestar, ponía una frazada entre las cuerdas y los martillos y así
a las 2 de la mañana le daba y le daba mas nadie escuchaba.
Luego de un tiempo
saqué el acompañamiento de todas mis canciones rocanroleras e hice algunas
temporadas actuaciones en pubs y otros, acompañándome en un piano eléctrico (no
teclado).
Pero la música clásica daba vuelta en mi mente y corazón y empecé atrevidamente
a sacar temas de oído. Lógicamente, tal vez lograba un 50 ó 60% de lo que debía
ser, debido a la cantidad de notas que suenan al mismo tiempo.
Hasta que
felizmente en 1989 la SCD crea unos cursos para los autores que no sabían leer
música como mi caso. Era sólo los miércoles de 9 a 12 horas durante 8 meses. La
idea era terminar leyendo en forma básica, difícil a primera vista lógicamente,
lo suficiente como para llevar al pentagrama nuestras composiciones.
Pero para
mí fue también la posibilidad de estudiar paso a paso, en forma autodidáctica,
las partituras de obras de Chopin, Mozart, Beethoven, Liszt.
En la sección
Videos de mi sitio en internet hay varias grabaciones hecha en casa con mi piano
de estudio.”
(Fin de la cita)
Hasta hoy lamentablemente nunca le he dedicado el
tiempo necesario y que hubiese querido debido a mis responsabilidades
profesionales y de jefe de hogar, pero me siento feliz y realizado de haberlo
intentado, de haberme sacado el pillo y tocar lo que toco ya que llegó a ser
sólo un querido hobby.
Después de ese cursillo de teoría y solfeo de la SCD,
vino uno de Armonía en 1989 y otro de Orquestación básica en 1990, luego de los
cuales hice dos cosas positivas: Primero me hice todos mis arreglos orquestales
de mi show, aunque los he usado poco ya que a lo largo de Chile casi no hay
grupos o bandas lectores de partituras en los centros de espectáculos o si
dentro de un grupo hay uno o dos, no sirve de nada igualmente.
Y en segundo
lugar es que uniendo aquellos conocimientos teóricos y mis
habilidades prácticas en el piano, produje un texto de estudio que me llevó a dar
clases de teclado entre los años 1992 y 1998. Al principio lo hice en casa, pero como tenía
un lugar muy pequeño y estrecho para ello, después lo hice sólo a domicilio.
Agregué esta actividad ante la necesidad de mejorar mi renta, ya que en Chile la labor del músico o
artista nacional ha sido siempre de dificil desarrollo y sobretodo después de pasar muchos años de
su época de éxito.
Pero "pastelero a tus pasteles". No tenía la pedagogía ni la vocación para ello, y
además muy poca paciencia y el texto, si bien técnicamente bueno, era tal vez más bien exigente.
Cuando se activo la música de la nueva ola, después de un programa "Siempre lunes" de Antonio Vodanovic,
dejé de dar clases para siempre.
Al hablar sobre los cursos de solfeo y teoría en la SCD, me viene a la memoria
un día de la época en que no sabía escribir mis líneas melódicas. Debe haber
sido a mediado de los ’80. Llego a la SCD cuando aún estaba en la calle San
Antonio para que el músico Sr. Ojeda, (encargado de ello en una oficina
especial) me hiciera frente al piano la trascripción de una nueva canción, lo
cual obviamente tenía su costo.
Me quedo apenado pues él no había ido a trabajar y
me pongo a conversar con Valentín Trujillo que estaba haciendo un trámite y al
saber lo que yo necesitaba, saca una hoja pauteada y me dice que le tarareara la
canción. Ante mi asombro me escribe en dos o tres minutos la línea melódica, sin
piano, en el tono justo, con sus acordes en clave americana, lista para ser
inscrita en Propiedad Intelectual y obviamente sin cobrarme.
Esta actitud no
sólo me mostró su extraordinario oído musical sino que la maravillosa persona
que él ha sido. Gracias tío Valentín.
Volviendo al tema de las actuaciones en centros nocturnos en los ’80 y parte de
los ’90, durante mis primeros 20 años de carrera mi guitarra era la compañera
inseparable de la cual no me despegaba por nada, al igual que mi colega Ubiergo.
Sin ella me sentía en pañales. Inicié mi carrera de cantante en el norte
acompañándome con guitarra. Ravello en contrabajo (de los antiguos) y el
recordado "Gomina" Sánchez en batería me acompañaron en mis primeras actuaciones
en radio Minería de Santiago.
En gira con Oscar Arriegada
En los estelares radiales nocturnos, además de mi guitarra, me acompañaban las
grandes orquestas con cuerdas y vientos que tenían las radios. Luego en las
giras diferentes buenos conjuntos.
Pero al principio de la década de los ‘80
como ya lo conté antes, vino la época en que actuaba mucho en boîtes y
restaurantes, y allí me aconsejaron dejar la guitarra para tener más
desplazamiento y acercamiento físico con el público. Fue difícil, la guitarra
era una gran compañera en el escenario, pero logré dejarla y atenerme sólo al
acompañamiento de los conjuntos que tenían estos centros de espectáculos.
Pero a
medida que pasó el tiempo y debían acompañarme nuevos músicos jóvenes, que no
leían partituras ni conocían bien mis canciones empecé a tener un problema
serio e ingrato. Especialmente en provincias tenía poquísimo tiempo para
ensayar, 30 minutos o una hora máximo; a veces junto a la hora en que ya
llegaba el público u otras con 1 ó 2 músicos menos que llegaban sólo a la hora
del show, pues trabajaban en otra cosa.
Así obviamente en el momento de actuación muchas veces los músicos se olvidaban
de todo y el acompañamiento musical solía sonar muy mal. Soy muy exigente,
perfeccionista y les confieso que sufría mucho con esto.
Como antes comenté, los
arreglos orquestales que me hice al terminar los cursos en la SCD con una
conformación clásica de 7 músicos, con trompeta, saxo alto y trombón, los he
usado rara vez por haber pocos músicos lectores en los centros nocturnos.
Afortunadamente una solución llegó por 1994 cuando gracias al conocimiento
académico adquirido de la música y al ya poder tocar piano además de la
guitarra, pude hacerme yo mismo mis pistas para mis actuaciones.
Las primeras las hice sólo con un teclado, pingponeando los diferentes instrumentos como
batería, bajo, guitarra, teclados, violines, bronces, etc. en una grabadora de
casete de doble velocidad y que tenía una mezcladora de cuatro canales. Los
resultados obviamente eran ahí no más.
Pero desde 1996 me introduzco en las
modernas tecnologías computacionales de la música, asistiendo al primer curso de
Introducción a los sistemas Midi, Audio Digital, Computación Musical y la Música
en Internet dictado por CMT (Centro de Música Tecnológica), dependiente de la
SCD.
Ese año les compré un computador a mis muchachos y Daniel que tenía 18 años
me ayudó en mi aprendizaje en el manejo del PC.
Pronto llegaron los programas
para grabar música en multipistas y con sonidos sampleados que son sonidos
digitales imitando los de los instrumentos reales o análogos, y en vez de
grabar en cinta magnética, se empezó a grabar en disco duro.
Todas las pistas que uso en mis actuaciones, cuando no hay orquesta, son las
que me hice yo mismo hace ya 11 años, en 1998. Las hice con mucho cariño,
tratando de que sonaran lo más parecido a los arreglos originales de mis discos,
sobre todo los temas Verónica, Norma, Corina y Josefina que son mis clásicos.
En mis shows he vuelto a usar mi guitarra en algunas canciones, también con apoyo
de pistas. El ideal de todas maneras sería actuar con una banda u orquesta,
pero por motivos económicos los empresarios y productores de espectáculos no
contratan conjuntos y menos orquestas.
En todo caso creo que el público debe
saber que cuando actúo con mis pistas hay un trabajo serio y hecho con cariño no
sólo como cantante, sino como músico.
Creo que la década de los ’80 fue muy positiva para mí ya que también en 1986
logré por fin realizar lo más ansiado por años: ¡dejar de fumar!
Muy probable
que no estaría hoy, un día del año 2009, escribiendo estas memorias de no ser
por ese trascendental hecho en mi vida.
Sobre ello me referí en un escrito
titulado 40/30 y que como tantos otros posteé en mi página en la red. Aunque
algunos datos se repiten son necesarios mantenerlos por el contexto. Dice el
escrito:
“A los 5 años de edad comencé a usar lentes ópticos permanentes, ya que "un ojo
no quería mirar donde lo hacía el otro y ambos eran algo miopes".
¡Cuatro
ojoooos! — me gritaban despectivamente los cabros en la calle. Pero si bien me
picaba eso no era mayor problema. El verdadero era que mi madre no me dejaba
salir a jugar pichangas, pues ella temía que me llegara un pelotazo en los
lentes.
Al final no salía casi nunca, poniéndome así algo gordito. . . o más
bien gordo, aunque aún no llegaba la comida chatarra.
Ya lolo en Antofagasta me
entró la pretensión, me saqué los lentes, empecé hacer ejercicios, nadar hasta
en invierno en la playa y hacer ejercicios de Charles Atlas. . .
Pronto ya no me
gritaron Cuatro Ojos. Lo cambiaron por:
— ¡Charles Guataaaa!
Bueno, al final
bajé los kilos demás aunque los músculos no aparecieron nunca, pero sí me
acostumbre hacer ejercicios y cuidarme un poquito.
Digo un poquito ya que a los 21 ó 22 años me entró el maldito vicio del
cigarrillo. Fumé por más de veintitantos años, pero pasado los 30 años de edad,
al fumar una infaltable cajetilla diaria, ya me había hecho mucho daño y mi voz,
que siempre fue pequeña, era un desastre en los altos. Luché durante años por
dejarlo. No podía.
Lo único que atenuaba el daño era el hecho que jamás, ni por
broma, fumé marihuana ni probé cocaína hasta el día de hoy. ¿Para qué?. . . si
con el vicio del tabaco que es igual de negativo ya estaba hasta la coronilla. Y
tragos, sólo un parcito de vez en cuando, socialmente. Llegó el Día del Padre de
1986 y mientras me celebraban mis hijos, aún niños, una fuerte taquicardia hizo
que un médico vecino viniese ayudarme y me sentenciara a futuro males mayores si
seguía fumando.
Ese día pedí ayuda a Dios para yo cumplir como padre frente a
mis hijos y nunca más volví a encender un cigarrillo.
Dios sabe lo que me costó,
lo que sufrí para lograrlo, minuto a minuto, día a día, mes a mes. Luego era
necesario no volver a reincidir y tal vez un deporte me ayudaría a no volver
atrás. Por esos días llevaba a Daniel a clases de tenis al centro deportivo Rolf
Nathan y observando que había un frontón y que yo debía esperarlo una hora,
compré una raqueta (de aluminio en ese entonces) y empecé a tratar de "echar
abajo el frontón". Le daba y le daba.
En el Arrayán
Luego una clasecitas con Don Manuel Berríos y tiempo después prácticas con el
gran Jerry, y poco a poco me fui apasionando y nunca más lo dejé.
Claro en los
primeros 5 años me ganaban todos. Cuesta dominar la técnica partiendo tan tarde,
a los 45 años en mi caso. Pero ahora sólo me ganan. . . bueno casi todos.
En los ‘90, como pertenecíamos al Club de la Interamericana en el Arrayán, tuve
clases con Patricio Cornejo, una de las personas lindas que he conocido en mi
vida, a quien admiro y respeto mucho. Con él di pasos grandes hacia adelante y
aprendí sobre todo a jugar contento y perdonándome los errores.
No he dejado nunca de jugar, por lo menos una vez a la semana, hasta el día de hoy.”
Fin de la cita.
“En Noviembre del 2003 me hice varios exámenes en un chequeo médico de rutina.
Entre ellos un antígeno prostático. Resultado: 8,5. Derivado derechito al
Urólogo: Una biopsia. Malas noticias. Un cáncer prostático 3/4, agresivo.
‘Debemos operar urgente’ — dice el doctor que por supuesto es médico cirujano.
No puedo creerlo. Una segunda opinión. Lo mismo.
Me dejo estar unos días.
Luego un llamado del primer doctor Don Benjamín Silva:
— Oiga señor Astudillo
esto no es broma, la cosa es delicada.
— Bueno — respondo — ¿cómo, cuándo y
dónde? —
El 7 de Enero (2004) en San Borja Arriarán. —
De acuerdo, allí nos vemos.
¿Qué pasó? ¿Cómo puede ser?. . . Desde los 20 años y por casi 25
practiqué el naturismo y un poco de yoga, discípulo de Don Manuel Lezaeta
Acharán y cliente del Hogar Naturista en Tomás Moro. Claro que todo aminorado
por el maldito vicio del tabaco que tuve hasta los 45 años de edad y además
después de los 40 me eché a la bartola. Subí 17 kilos, de 65 a 82.
‘Por lo menos debo llegar al quirófano tiqui-taca’ — me dije.
De vuelta al naturismo. Tres semanas de apurado régimen:
Cataplasmas de barro durante la noche. Seis de
la mañana frotación con agua fría y jugo de pomelo o piña. Luego a las 8 am
baño vapor combinado con frotaciones de agua fría. Desayuno te mosqueta con
miel y frutas dulces. A media mañana baños genitales, yerba sanguinaria.
Almuerzo, once y comida sólo frutas y verduras crudas.
Llegué con 71 kilos a la
operación, sin problema de presión alta, con buena circulación, etc. Optimista y
con ganas de luchar. Al tercer día, batiendo el record de otros pacientes del
doctor, fui dado de alta.
No fue necesario quimioterapia ni otros tratamientos.
El 23 y 30 de Enero tenía contrato en el Mall del Centro, el 14 de Febrero en
Miami para el Día del Enamorado y el 27 en el Festival de Maullín. Los cumplí
todos. Claro bien fajado y "moviéndome como abuelito".
Excelente fue el trabajo
del Dr. Benjamín Silva y su equipo. Muy buena atención del personal
de pensionado del hospital San Borja Arriarán.
El oportuno apoyo de la SCD y lo
más importante: El cariño de mis amigos artistas y de un público maravilloso que
me dieron su respaldo y afecto el 30 de Enero en un evento lleno de amor. . .
amor más grande aún el de mi esposa, mis hijos y familia. . . y el amor más
grande aun de Dios.
No sé cuál ni cuándo será la próxima movida del señor Cáncer,
pero si vuelve, aquí un señor Capricornio le dará dura pelea.
Por otra parte el 22 de Diciembre 2005 cumplí 65 años e hice mi última
imposición bajo la Ley 15478 de Previsión del Artista, que administraba la Caja
de EE.PP. y que después lo hizo INP.
Fueron 41 años de imposiciones, mes a mes,
sin ninguna laguna.
Es una satisfacción grande, pero no fue fácil.
Hubo tiempos
difíciles donde había que sacrificar cosas y priorizar ir al banco a pagar las
imposiciones. Pero bueno, gracias a eso he tenido Fonasa para la familia y hoy
la tranquilidad de tener una base con una pensión bastante aceptable y trabajar
más relajado.
Inicié mi carrera en Abril de 1961 con mi primer disco "Verónica",
dejando de lado el último año de estudio de Contadores, por lo tanto si ustedes
me aguantan hasta el 2011, tal vez Dios mediante llegue a los 50 años de
carrera.
Antes de pasar a la última parte de mis memorias y vivencias, quiero decir que
doy gracias porque mi familia y yo hemos sido felices, nos sentimos realizados y
tranquilos, hemos palpitado un vida plena en esta sureña tierra pegada al
pacífico a la cual queremos de corazón aún a pesar de todos sus bemoles, por
decirlo con un término musical.
Soy feliz porque aún hoy con 70 años de edad
sigo soñando y pensando en un mundo mejor, porque aún tengo sueños y proyectos
que sólo la muerte me puede impedir cumplir. He tratado de mantener el equilibrio entre el Danny y el Javier, usando el don artístico
recibido sólo para la entretención o emoción de la gente y en la forma más honesta y
profesional posible. Pero fuera del escenario y la música he preferido una vida sencilla
y tranquila. Soy casero por naturaleza.
Sé que todo lo anterior me llevó a tener un bajo perfil artísticamente después de
los ‘60. Y tener un bajo perfil en un país eminentemente chaquetero es como
vivir solitario en el desierto. Las últimas generaciones no han tenido idea de
mí. Pero ello no me ha afectado, pues he tenido claro que cada generación
tiene sus propios artistas; yo ya lo fui de la mía y no habría de pasar la vida
haciendo hasta lo indigno por estar 'vigente'. Cuando sí lo estuve, eché las
bases para hoy no preocuparme.
No podría dejar de contar en estas memorias una parte muy importante de mi
existencia y que ha sido la inquietud desde joven de pensar, de analizar, de
cuestionar. Cuestionar por ejemplo la forma de vida que los hombres nos hemos
dado en la tierra. Obviamente consciente de la utopía que significa ya en estos
tiempos lograr cambios o marcha atrás a nivel social, pero con la certeza que en
el plano individual tener conciencia de otros parámetros y evitar en lo posible
ser hombre masa, puede ayudar al individuo a ser feliz en un mundo muchas veces
adverso, a ser fuerte ante inclemencias de todo tipo, no sólo del tiempo. Tan
esencial ha sido en mi vida el pensar y tan fiel he sido a esos pensamientos que
justamente son los que, junto a mis traumas ya mencionados, coartaron o
condicionaron mi qué hacer o no hacer en la vida.
Por ejemplo en 1968 en mi
ansiedad como jefe de hogar por buscar una alternativa de ingresos económicos y
queriendo aprovechar mis habilidades para el dibujo hice durante unos meses un
curso de diseño publicitario en el instituto CEA cuyo director era el querido y
recordado Jorge Rencoret.
Dibujo que hice en mi adolescencia
estudiando una pintura de Botticelli.
Entre otras materias, se estudiaba sicología de las masas que no es otra cosa
que conocer las motivaciones, las fortalezas y debilidades de la mente del
individuo, pero que actúa y se motiva en forma diferente cuando está inmerso en
una sociedad, perdiendo su personalidad y llegando actuar en forma inconsciente
o no premeditada. La publicidad y la política son las que más usan este factor
y se benefician de él.
También estaba mi habilidad de músico, letrista y
compositor de tonadillas y así logré ganar algún buen dinero con la producción
de algunos jingles publicitarios que hice, pero en lo personal siempre me
sentí vendiendo pomadas.
Conscientemente dejé de hacerlo, dejando de ganar ese
dinero. Y alguien podrá decir. . . ¿y este tipo qué quiere, está loco?
Tal vez
sí, si lo analizamos desde un sentido común.
Pero yo sigo pensando que en algún
recodo del camino los hombres tomamos la senda equivocada ya sea por culpa de
una manzana, o por la evolución de nuestro cerebro triuno, o por la forma de nuestras manos que nos permitió asir y
manipular logrando desarrollar nuestra actividad cerebral, o esta última por
comenzar a consumir sal. . . o qué se yo.
¿Se han detenido a pensar ustedes que
después de miles de años de existencia de la humanidad, de miles de viajes y
descubrimientos, con visitas al espacio, después de miles de pensamientos e inventos, de ambiciones y
guerras, de ingeniería cubriendo con cemento los caminos de tierra o de
arquitectura modelando edificios que nos encierran, de nuevos trajes y nuevas
modas, de trillones de palabras dichas en vivo o por teléfono o en la
televisión o leídas en un libro, o comunicadas por internet. . . los seres humanos, al igual que el resto de los
seres vivientes después de nacer, seguimos necesitando sólo y básicamente
despertar felices, comer ansiosos, evacuar satisfechos, andar y correr con
alegría o jugando, amar y procrear, y al llegar la noche volver a dormir
plácidamente?
Pero contrariamente al resto de los seres vivientes que no inventan ni pretenden cambiar la naturaleza,
nosotros, como diría un típico chileno: ' nos hacemos cada atado'.
Siempre he querido escribir sobre estos cuestionamientos, pero he
dejado pasar el tiempo como lo expreso en este escrito que aparece a
continuación y que escribí allá por 1995, cuando algunos medios se hacían
problema de qué lado estaba tal o cual artista. A propósito de ello, yo he sido
sólo un trabajador en la actividad del espectáculo, de la entretención, en el
campo del canto y la música y por respeto al público y a mí mismo, jamás he
intentado influir en la gente diciendo en el escenario palabras a favor o en
contra de ninguna ideología, pero tampoco me he cuestionado si aquel que me
contrata para cantar es de izquierda o es de derecha.
Es posible que ahora que
me animé a escribir mis memorias, me anime a escribir algunos ensayos sobre mis
pensamientos, por de pronto cito el mencionado escrito:
Ni izquierda ni derecha, 30 de Abril 1995
Desde que era un veinteañero he
pensado que la humanidad ha estado creando especialmente en los dos últimos
siglos, una vida artificial lejos de la naturaleza a través de la cual el
creador y/o la vida se manifiesta y que traería con el tiempo desastrosas
consecuencias. A la mayoría que le comentaba mis pensamientos en ese entonces
les parecía ideas descabelladas y pesimistas.
Pero poco a poco lamentablemente
esas consecuencias se han empezado a producir y ahora son cientos los escritos
que hablan de ello. No profundizaré aquí sobre el tema, pero en relación al
título quiero decir que pienso que el hombre ha creado una sociedad en que hoy
sólo nacemos para ser productores y consumidores de bienes, los cuales durante
cientos de años la humanidad no necesitó para existir, y sin embargo hoy
gastamos y contaminamos el único mundo que tenemos y al mismo tiempo hacemos con
ello que la mayoría de los habitantes del mundo sufran y sean infelices.
Por lo anterior pienso que no tiene importancia con qué sistema político o
partido se gobernará una sociedad, país o el mundo mientras se valide y promueva
esta vida artificial. El real problema es la sociedad de consumo y vamos a
terminar con el mundo igual, ya sea con las ideas de Smith, Marx, o las de un
"centro centro".
Por lo tanto no soy ni de derecha ni de izquierda.
Tampoco
pertenezco a iglesias ya que creo que se han alejado de las verdaderas
enseñanzas en todas las religiones.
Algunas de ellas se recuerdan los domingos,
pero durante la semana se olvidan todas (ojo no estoy hablando del amor).
Como todos los jóvenes y de todas las épocas, a los veintitantos quise escribir un
libro sobre mis pensamientos y "mejorar el mundo", luego desistí al descubrir
que en miles de libros ya antes se había escrito tanto o mucho más, llegando
como todos a la egoísta o triste máxima que cada uno es feliz o ‘infeliz’ a su
modo.
De esas enseñanzas escritas recordemos las de Jesús en San Mateo 6: 26-28 y,
si consideramos a la tierra y al universo como el templo o la casa de Dios a que
se hace referencia, también recordemos San Mateo 21: 12-13. Dicen:
San Mateo 6:
26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros y vuestro
Padre celestial las alimenta. . .
(Y también a nosotros, no después de oraciones ni milagros, sino diariamente a
través de los alimentos y frutos naturales, no manipulados ni fabricados, de
valles, oasis, bosques, huertos, y en las costas de ríos, lagos y mares los
cuales nos mantienen sanos de por vida.)
28 Y por vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo cómo
crecen: no trabajan ni hilan. . .
San Mateo 21:
12 Y entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera a todos los
que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y las
sillas de los que vendían palomas;
13 y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas
vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.
Pero parece que nosotros o no
hemos hecho caso o no hemos entendido nada.