Memorias

Registro Propiedad Intelectual
Inscripción Nº 185389
26/10/2009



Introducción


Al llegar a Buenos Aires en 1963 y en mis largas estadías posteriores en Argentina como también en Uruguay, lo que más me llamó la atención fue el trato respetuoso y cariñoso que se brindaba al niño.
El pibe era el rey.   Generalmente se le trataba bien y con cariño.   Al niño se le escuchaba,
se le animaba, se le celebraba, se le cuidaba.
Concluí que lo más probable era que de ahí venía la personalidad, la pachorra, la actitud ganadora del trasandino. Y me llamó la atención ya que en esos años y hablando en general, lo cual implica lógicamente excepciones, en Chile sucedía lo contrario.
Nuestra opacada personalidad y mentalidad perdedora de ese entonces, incluso la timidez reflejada en un lenguaje sobrecargado de diminutivos quizás provenían del despectivo trato a los niños.
Poco a poco, tras continuos artículos de sicólogos en revistas y medios de comunicación desde fines de los ’60 adelante sobre la necesidad y las bondades de respetar y el “dejar ser y hacer” en una equilibrada libertad, la situación fue cambiando y especialmente en las últimas dos décadas con la globalización de los medios.
Pienso sí que lamentablemente se ha estado llegando al otro extremo y ahora son, en un buen porcentaje, nuestros niños y jóvenes los que no respetan a los mayores. Ideal sería llegar al equilibrio correcto.
Es indudable que las vivencias en nuestra niñez condicionan e influyen en gran medida la suerte y la manera en que enfrentamos nuestro devenir en la sociedad a lo largo de nuestras vidas. Gran parte de nuestra mentalidad y personalidad se forja en la infancia, tal como se forja nuestra salud y desarrollo físico según la alimentación y cuidados que tengamos en esos primeros años.
Obviamente ello no nos libera de nuestra responsabilidad por nuestros actos, responsabilidad que hay que asumir plenamente, pues a pesar de la adversidad los seres humanos tenemos el deber en la vida de liberarnos, de cambiar o mejorar. Sin embargo, cuanto éxito tengamos en ello no dependerá sólo de nosotros, sino de nuestro entorno donde se incluye la familia, nuestras relaciones, buenos amigos y la cultura de la sociedad en la que nos toque vivir. Las trancas de las cuales no logremos liberarnos permanecerán en nosotros como nuestras humanas zonas erróneas.
En esta introducción hago referencia a lo anterior ya que en lo personal, si bien siento haber superado en alguna medida varios complejos y estar algo tranquilo consigo mismo, creo haber fallado en superar algunos traumas más profundos que no sólo perjudicaron mi vida sino tal vez la de otros seres queridos. A ellos les pido perdón, como también a los que ofendí o no tuve la actitud correcta en algún momento de mi vida
Desde hace muchos años pensé en escribir mis memorias, mas ello implicaba pasar necesariamente por el tiempo de mi infancia que para mí fue traumante, por decir lo menos.
Pero últimamente comencé a pensar que tal vez si escribía aquellas vivencias, probablemente me podría ayudar a liberar mi mente y mi alma de esas cargas negativas y pudiese vivir mis últimos días habiendo logrado estar en paz con aquel que las provocó.
Cavilé mucho en el tiempo si escribir o no. Finalmente aquí están estas memorias.

Capítulos posteados hasta la fecha:
    Capítulo 1         Infancia
    Capítulo 2         Adolescencia
    Capítulo 3         Danny Chilean
    Capítulo 4         Nueva Ola
    Capítulo 5         Argentina
    Capítulo 6         Familia y matrimonio
    Capítulo 7         De giras por pueblitos chilenos a EE.UU.
    Capítulo 8         Mi verdadero amor era río platense
    Capítulo 9         De vuelta al canto y al disco
    Capítulo 10       Naturismo y abnegación familiar
    Capítulo 11       Adiós al cigarrillo
    Capítulo 12       Cáncer
    Capítulo 13       Gracias a la vida

Infancia

Los primeros recuerdos de mi infancia vienen desde los cuatro o cinco años en Antofagasta, 1945 ó 46. Mi madre y yo vivíamos de allegado en casa de su tía Carmen quien era parte de los cuatro hermanastros de mi abuelo Luis, hermanos en lo civil ya que Zapata era el apellido que llevaban todos. Mi abuelo materno era hijo de un pícaro italiano con quien mi bisabuela había tenido un desliz y que fue a tiempo solucionado por el gran amor de quién lo acogiera como primogénito dándole su apellido.
La casa de tía Carmen era acogedora y se ubicaba en la Avenida Argentina, vecina o en el mismo lugar donde décadas después se levantara el Hospital Regional. La recuerdo como aquellas casonas que en los ’60 se usaban como residenciales veraniegas en Viña del Mar. Un florido antejardín, una enorme palmera, luego un porche y la casa blanca de buena madera. La tía era cariñosa y sus dos hijos adolescentes eran traviesos. Recuerdo momentos felices con mi madre en esa casa.
Pero más vívidos en mi mente son los recuerdos cuando llegaba el tío Víctor, hermano de tía Carmen y nos sacaba a pasear en su auto. Me recuerdo lo más cerca posible de la ventana, sintiendo la brisa del mar en mi rostro. Supongo que era tan feliz como los perritos que sacan medio cuerpo fuera del auto en busca de ese placer.
Ese tío Víctor también se hizo cargo de mi kínder en un colegio perteneciente a la iglesia Corazón de María y que quedaba cerca, en nuestra calle esquina con 21 de Mayo.
Algunos vagos recuerdos tengo de elogios sobre qué habiloso era el niño y cuán rápido aprendía. . . bueno hasta ese entonces.

Con 4 años de edad en Antofagasta

La tía Carmen también daba alojamiento a algunos estudiantes provenientes de Chuquicamata, distante 240 kilómetros en donde en esos años no había liceo y un día la madre de uno de esos internos y que en Chuqui daba pensión a trabajadores solteros o que se hacían pasar por solteros, se entera que uno de ellos era mi padre, el cual la estimaba y respetaba mucho. Esta dama de nombre Isabel se empecinó entonces en la tarea de reunirlo con mi madre.
Mis padres se habían conocido en la salitrera Oficina Vergara, donde por entonces el tío Víctor era dueño de una farmacia. Mi abuelito Luis había muerto cuando mi madre que era la mayor de cinco hermanas contaba con sólo 10 años y como mi abuelita se había vuelto a casar teniendo dos hijas más, el tío Víctor le ayudaba alojando a algunas sobrinas.
Luego de un casamiento por el civil apremiado por este influyente tío y autorizado por mi abuelo paterno, pues ambos eran menores de edad (21 años por aquel tiempo), siguió la separación y así Hilda Clorinda, mi madre, regresó a Mejillones donde en casa de mis abuelos nací un 22 de Diciembre de 1940 y en donde vivimos los siguientes tres o cuatro años. Ella costeaba mi crianza y su sustento aprovechando su gran talento para la moda, diseñando y confeccionando trajes y vestidos para una asidua clientela. Incluso años después todas las damas norteamericanas, esposas de los gringos en Chuqui, le mandaban a hacer su ropa.
Javier Segundo, mi padre, siguió por la senda del futbol. Era un excelente y hábil centro delantero. El servicio militar en Antofagasta se le había hecho muy grato y regaloneado debido a este talento y en 1939 jugando por la asociación de la oficina salitrera Pedro de Valdivia fue campeón de Chile en futbol amateur, cosa que se repitió en 1941.
Fue contratado entonces por el Warderers de Valparaíso, donde permaneció alrededor de un año con mucha dificultad ya que la disciplina que le imponía el futbol profesional iba en contra de sus ganas de diversión y la buena vida. Hoy diríamos simplemente que le gustaba carretear. Empezó a subir de peso y finalmente renunció volviendo al norte donde comenzó a trabajar en Chuqui. Años después fue entrenador del equipo de la asociación de futbol de la localidad.
Mi padre tenía buena pinta, simpático, le gustaba cantar tangos y muy bueno para los combos. En la sección de la mina donde lo asignaron había un matoncito que le decían el Mata-siete y sintiendo antipatía por mi taita muy pronto le busco pleito. Después de la pelea el Mata-siete quedó como chaleco 'e mono y mi padre con el apodo de Mata-ocho.
Seguramente a regañadientes, he pensado yo después, ya que según la señora Isabel mi padre contaba con muchas admiradoras y lógicamente disfrutaba su juventud, aceptó el encuentro con mi madre el que se produjo en casa de esta señora, ubicada en el sector habitacional llamado 'Los 2000' (por la numeración).
Mi madre debe haber usado frases muy estimulantes y pintado un mundo lleno de colores en mi mente infantil sobre ‘vas a conocer a tu papá, a tu papito’, que aún hoy aparece vívidamente el recuerdo, la imagen de él parado en una esquina de la habitación y yo corriendo con los brazos abiertos hacia él, terminando con un abrazo y justamente con un… ¡papito!
Pero pronto todos los colores de ese mundo de ilusiones empezaron poco a poco a volverse grises.
Primero vivimos unos meses de allegados en casa de Don Vicente, su esposa Olga y sus hijos, amigos de mi padre. Allí entre otros ingratos vagos recuerdos esta uno que sí quedó fuertemente grabado debido a la frustración que sentí, no obstante que tenía poco más de 6 años.
Era domingo, pues recuerdo que estábamos todos en el almuerzo. Llega el postre y, alegría general sobre todo en los niños, pues era durazno en almíbar en conserva rodeado de crema de leche. Cuando me dispongo a comer el mío, mi taita me manda a comprarle cigarrillos a la esquina. Corrí de ida, más corrí de vuelta pensando en el postre. Cuando llego mi plato estaba tapado y al destaparlo había algo físicamente similar, un huevo frito falso de esos que venden para broma. Todos incluyendo mi taita largaron la carcajada, yo sólo sonreí esperando que al terminar la broma apareciera mi postre. Jamás apareció, me quedé sin él; mi padre que fue el de la idea simplemente se lo había comido mientras yo iba por sus cigarrillos.
La compañía nos asignó el uso de una vivienda en el sector llamado “El Lata” dentro del campamento minero. Nunca supe el origen de ese nombre. Pero recuerdo que eran unas pequeñas casas pareadas de sólo dos habitaciones, sin patio ni antejardín, con sólo una puerta al frente y que no tenían agua ni servicios higiénicos. Estos se encontraban para uso colectivo más o menos a una cuadra de distancia, es decir, un baño colectivo para unas diez o más casas. Allí vivimos unos 5 años.
Y allí están los recuerdos más amargos de mi infancia, los que tal vez me produjeron mis zonas erróneas en mi mente y que marcaron mi camino por la vida.

Chuquicamata (Fotografía Mark Simons)

Tal vez por ser yo culpable del cambio en su vida; quizás si no amaba lo suficiente a mi madre; tal vez por su dura infancia en las oficinas salitreras con un severo padre o que sé yo por qué otro motivo, la cosa que mi taita me golpeaba salvajemente en forma constante y en todo momento me hacía sentir su bronca hacia mí.
Generalmente encerrado en el dormitorio, una de las dos piezas, yo corría llorando, gritando desesperado, saltando entre dos camas, tratando de evitar la gruesa correa de cuero y su hiriente hebilla de metal.
Mi madre tenía mejor suerte, pues los golpes y maltratos que recibía no eran tan frecuentes como los míos.
Empecé a orinarme en la cama y al descubrirlo tipo 3 o 4 de la mañana, mi taita reaccionaba indignado con otra golpiza. Era desesperante no poder evitar dormido el mojar las sábanas y evitar así los golpes al despertar.
En 1947 había entrado al primer año básico en la escuela fiscal del campamento, repetí el segundo y luego también hice el tercer grado dos veces, terminando el sexto y último recién en 1954.
Recuerdo que entre los niños en la escuela y en el barrio en un tiempo se puso de moda el jugar tirándose lentejas con unas cerbatanas improvisadas con unos tubitos delgados de vidrio. Tuve la infantil y tonta ocurrencia, por travesura, de tirarle un par de lentejas al vecino. Luego éste, sin yo saberlo, me acuso con mi padre.
Esa noche después de cenar mi padre me pide una hoja de cuaderno y empieza lentamente a enrollar el papel hasta hacer un delgado tubo, luego le pide a mi madre lentejas o porotos y para mi sorpresa comienza a lanzar con soplidos algunos granos.
Qué emoción, qué alegría, mi distante y severo papá estaba haciendo algo que me acercaba a él, algo que nos unía, algo que podíamos compartir. . . Corro entonces a buscar y mostrarle mi tubito y mis lentejas. . .
— ¡Mira papá, yo también juego a lo mismo! . . .
Pero en ese instante recibo un fuerte puñetazo en la frente que me tira lejos. El solamente quería prueba de lo que yo había hecho contra el vecino para darme un castigo.
Ese golpe sí que fue fuerte. Me llegó hasta el alma. Me quedó doliendo quizás si por siempre. Yo aún no cumplía los 8 años y unas lentejitas que llegaron suavemente al enropado cuerpo de un intolerante tipo mayor, dejaron a mi padre distante de por vida.
Perdí la confianza en él, me llené de miedos, timidez, me volví introvertido.
Todos los días al acercarse la hora en que él regresaba del trabajo yo sentía angustia, un dolor, una especie de nudo en el estómago.
Tal vez allí comenzó unos de mis defectos o complejos: el de sentirme atacado con facilidad.

Desde los cinco años de edad estando en Antofagasta me recetaron lentes ópticos permanentes para corregir un estrabismo y miopía.
Para los ‘cabros’ del barrio y la escuela era entonces el cuatro-ojo, algo que con gritos no dejaban de recordármelo. Mi incipiente timidez e inseguridad agregada a mi pelo rubio de entonces y el color de mi piel muy blanco para el común del nortino, fueron quizás las razones que me hicieron centro de un constante hostigamiento y matonaje por parte de ellos
( hoy le llaman bullying ). Simplemente les caía mal y en grupos con golpes me lo hacían saber. Pero creo que esos golpes hicieron más daño en mi psiquis. Con el tiempo sigues cayéndole mal a la gente, pues queda en ti una subconsciente predisposición negativa
que así va ser.

Con mis primeros lentes y uno de los
trajes que me confeccionaba mi madre.

El que mi taita me hiciera callar despectiva y continuamente tal vez derivó en mi miedo a hablar, miedo a decir algo tonto u ofensivo. Miedo que finalmente hacía que sí realmente metiera la pata. Durante gran parte de mi vida preferí rehuir ambientes sociales o reuniones. Perdí muchas oportunidades de trabajo simplemente por no estar presente.

Volviendo al pasado, al nacer mi hermana María Elena en Octubre de 1948, aunque el castigo sicológico, el mal trato verbal y despectivo no se detuvo, bajó un poco la frecuencia de las golpizas, sobre todo al declarársele al año y medio de edad un asma de tal gravedad que le acompañó toda su infancia y adolescencia.
Toda la preocupación de la familia era su estado de salud. Los ataques sobrevenían continuamente y especialmente en la noche. Venía entonces la ambulancia y la llevaba al hospital y volvía una vez estabilizada. Después al hacerse crónica la enfermedad, había que estabilizarla en casa siguiendo indicaciones.
Cuando sobrevenían los ataques en que quedaba semiconsciente había que darle algunos medicamentos, tomarla en brazo en posición semis sentada y con una revista echarle aire sobre su rostro. Podía pasar 2 o 3 horas antes que pasara el ataque y volverla a su cama.
Como mi padre debía ir a trabajar al otro día y generalmente se dormía bastante mareado luego de jugar dominó o cacho en el club social y mi madre, además de los quehaceres de la casa cosía y trabajaba en moda, yo era el que, aunque tenía que ir al colegio, debía cumplir con ese cometido.
Como niño el llamado al sueño era intenso y el no poder hacerlo era terrible. Eran momentos desesperantes que se repitieron por años y creo que son la causa el por qué me irrito y me pongo intolerante cuando alguien se enferma o se queja.
También se daba que mi hermana pasaba semanas hospitalizada para así aplicarles diversos tratamientos, diversos remedios inyectables o de tomar, los cuales le fueron con el tiempo comprometiendo dañinamente otros órganos. Frágil y delgadita no podía hacer actividades infantiles como correr, saltar, jugar.
También su escolaridad se resentía. Era una alumna que asistía cuando podía, tanto en la escuela básica como después en la enseñanza media.

Desde el 4º año básico, el señor Raúl Miranda pasó a ser mi profesor hasta terminar la enseñanza básica que eran 6 años en ese entonces. Sentía mucha admiración por él y lo recuerdo con cariño. No sólo nos enseñaba lo del programa de estudio, si no que nos hablaba y aconsejaba continuamente.
Eran largas y gratas charlas de sabiduría. También se preocupaba por los problemas de cada alumno.
Aunque aún se usaba el castigo físico, no lo hacía indiscriminadamente u obedeciendo una rabieta. Era todo un sistema. Los que se portaban mal o no cumplían los deberes, tenían que hacer una fila y pasar uno por uno delante de él, poner las cinco dedos juntos con las yemas hacia arriba y recibir un reglazo sobre ellas (regla grande de madera). Si te pasabas de la raya en portarte mal, tenías que recibir más de un reglazo o en las dos manos. Si bien dolía o más bien ardía bastante, ello pasaba pronto, no así las ganas de portarse bien, ser responsable y respetuoso.
Desde que me escuchó una vez tocando la armónica en un recreo, regalo de navidad que mi tía Luisa me había hecho quizás al ver que yo pasaba canturreando, silbando, tarareando o tocando un improvisado bongó sobre un banquito de madera, el señor Miranda empezó a ponerme bien seguido en los actos o veladas de los días lunes para que yo tocara.
Luego me hizo integrar el coro y finalmente decidió que en vez de él, fuera yo el que lo dirigiera cuando venían las presentaciones. Me recuerdo haciéndolo en un importante acto para la comunidad en el Gimnasio Chilex (Chilex Exploration Company se llamaba la compañía minera).
Cuando una comisión de profesores del Instituto Comercial de Anfofagasta llegó al colegio a tomar exámenes de admisión a los que egresaban de 6º y tenían interés en ese colegio, el Sr. Miranda me aconsejó o más bien me pidió que diera ese examen, no obstante que al pedirle a mi padre ir al colegio a conversar con él unos meses antes, se había enterado que su idea era que yo fuera a la escuela San José de la parroquia del campamento donde se impartían algunos cursos cortos de carpintería, albañilería u otros oficios y luego entrara a trabajar a la compañía minera.
Mi padre había cursado sólo el primer y segundo año de básica y había abandonado para trabajar ayudando a mi abuelo en las salitreras. Su nominación como trabajador en la minera era de obrero. Y entonces era comprensible que pensara que mis estudios hasta ese nivel eran suficientes.
Cuando se recibió la carta del Instituto con mi aprobación, tanto mi madre, familiares y el profesor lograron felizmente hacerlo cambiar de idea para que yo fuera a estudiar la enseñanza media y técnica comercial en Antofagasta en 1955, aprovechando además que la compañía de cobre entregaba una buena asignación por estudiante.
Así, sin querer queriendo fui a parar al Instituto Comercial donde después de los 5 años generales, en 1960 quedé en la especialidad de Contadores que eran 2 años más.

En ese entonces todas las emisoras radiales tenían la costumbre de tocar después de almuerzo música clásica y al escuchar el piano lo disfrutaba y lo sentía en el alma y aunque nunca había estado frente a ese instrumento, empecé a soñar con estudiar música y piano en el Conservatorio en Santiago lo cual era un imposible, ya que mi padre me hacía callar o me mandaba hacer cualquier cosa cuando me sentía canturrear o tocar la armónica. Cuando en una oportunidad me atreví a manifestarle mis deseos sólo se sonrió burlonamente sin decir nada.
Profundizando un poco sobre las emisoras radiales debo decir que estas tenían una gran importancia en la vida de aquel entonces.
Hoy en día los jóvenes tienen mil formas de entretenerse y cultivarse. Como antaño la lectura y la radio, pero además la televisión abierta o en cable, el computador, la internet, los equipos de música con CD y DVD (además de cursos en estos medios), juegos de videos como nintendo, sistemas MP3, MP4, y especialmente los celulares con todos sus adelantos, etc. Y todos a un precio totalmente asequible.
Imagínense entonces la presencia de la Radio en los años ’40 al ‘60 al no existir todo lo anterior. Ahora mayor fue su auge aún al llegar el radiorreceptor portátil a transistores. Eso sí una ventaja que hoy no se tiene es que las emisoras tocaban todo tipo de música durante el día, es decir no estaban focalizadas como ahora a un tipo de música específica
Así entonces se escuchaba corridos mexicanos, recordando a Jorge Negrete, Pedro Infantes, Miguel Aceves Mejía y otros; pasodobles españoles sobre todo con Juan Legido y los Churumbeles de España; tangos argentinos, valses peruanos, mambos, chachachá y salsa de Cuba con la famosa en ese entonces Celia Cruz; música fox-trot y swing norteamericana; mucha música chilena al mediodía e incluso tenían una hora con canciones para niños y después de almuerzo se escuchaba música clásica u orquestada.
Cuando vivía en Chuquicamata no había emisoras locales como ahora así que las radios de Santiago en onda corta era el medio más importante en entretención, cultura e información. Les seguían las revistas semanales que nosotros los niños esperábamos con ansiedad como el Okey, con muchas historietas y Condorito incluido, y el Peneca. Los adultos leían las noticias apoyada fuertemente con fotos en la antigua revista Vea y la política en El Topaze. Las damas tenían el Ecrán y Rosita entre otras.
El otro gran medio de entretención en el campamento era el cine que durante la semana era generalmente para mayores, pero se hacían funciones de matinée a las 3 de la tarde los domingos para los niños. Además de la película, exhibían unas series infantiles con capítulos que continuaban al domingo siguiente.
El deseo de asistir era grande y yo le rogaba a mi madre que tuviera el almuerzo temprano. Recuerdo que temeroso le pedía permiso y dinero para la entrada a mi padre que cuando llegaba aceptar, generalmente al llegar el momento de irme me la hacía difícil y me mandaba antes a cortar leña o cualquier otro mandado.

Cine de Chuquicamata (Fotografía Sergio Nouvel)

Me recuerdo corriendo hacia el cine, agitado, con el almuerzo saltando en mi estómago para no llegar tarde, pero casi siempre me perdía parte de la función. Creo que lo que más empecé a aborrecer de mi padre era el doble estándar, la doble personalidad o hipocresía. Fuera de casa era un tipo simpático, buen vecino, buen amigo decía la gente. Pero en casa a solas con mi madre y conmigo era otra persona. Recuerdo que las pocas veces que llegué tranquilo y a tiempo a esas matinées, con más dinero que el necesario para la entrada y sin tener que haber justificado mi asistencia con alguna tarea de última hora, eran las veces que le pedía permiso frente a su o sus invitados a almorzar en casa. Allí fingía todo un cariño y simpatía hacia mí.
Después de por vida he aborrecido el doble estándar o la hipocresía de las personas; lamentablemente muy usual en nuestro país.
El lado positivo, el recuerdo agradable de esas matinées ya alrededor de los 12 ó 13 años, edad en que te comienzas a enamorar, era el gusto de ver y compartir con las rubias y lindas gringuitas de mi edad y que hablaban inglés alocada y coquetamente en la platea . Recordemos que los ejecutivos y muchos técnicos de la mina eran gringos. Positivo pues fue lo que me motivó tiempo después a estudiar inglés autodidácticamente (curso por correspondencia con discos fonográficos de la época).
Volviendo atrás en el tiempo, en 1951 nos asignaron una habitación en el sector de “Los Doscientos”, casas con más habitaciones y un pequeño patio, pero también sin baños ni agua. Allí se nos unió por un tiempo mi tía Luisa, la hermana que seguía en edad a mi madre y que venía de Mejillones para forjar su futuro.
Era alegre y de mucha personalidad y era la que más me defendía ante las agresiones de mi padre. Siempre me hacía regalos, pero el más importante como ya conté, fue una armónica en una navidad ya que al lograr sacar el tango ‘Adiós pampa mía’ en ese mismo amanecer y ‘El cafetal’ durante el día descubrí mi habilidad como músico.
Pronto ella entró a trabajar y luego de encontrar a su príncipe azul, se casó y se fue a su propio hogar. En esa casa al igual que en El Lata, desde los baños colectivos ubicados a un par de cuadras, cada ciertos días yo debía acarrear agua a casa con 2 baldes grandes, varias veces, hasta llenar una tinaja para el uso doméstico.
También tenía la tarea de ir a buscar yareta con un carretón de mano que teníamos, cuesta arriba, a la pulpería Nº 2 (mercado) que quedaba bastante retirada. La yareta se apilaba en un rincón del patio y cada 2 ó 3 días debía con un hacha cortarla en trozos pequeños para ser usada como combustible en la cocina de leña.
El clima no facilitaba para nada estas duras tareas. Mucho frío especialmente desde el anochecer y hasta temprano en la mañana. Luego un poco de sol, algo de calidez y alrededor de la 1 ó 2 de la tarde empezaba un viento fuertísimo arrastrando tierra de los cerros y formando incluso pequeños y delgados tornados o remolinos. La sequedad del aire absorbía hasta la humedad de los labios, partiéndolos hasta producir hendiduras. También partía las manos hasta ensangrentarlas, sobre todo a los niños al jugar en la intemperie. Con la altura de 2400 metros sobre el nivel del mar no había problema ya que uno se acostumbraba. En los meses de Enero y Febrero de los años 1956, 57 y 58 durante las vacaciones de verano trabajé en la compañía, facilidad que daba la empresa a los estudiantes de media o superiores que lo deseaban. Recuerdo haberlo hecho en la oficina de empleo y pago que quedaba bajando después de la pulpería Nº 2 y en la bodega arriba dentro de las instalaciones mineras. Todo lo anterior, el duro maltrato infantil, las duras obligaciones domésticas de niño, el trabajo juvenil sin vacaciones ni carretes, las inclemencias del clima en el desierto, la férrea disciplina de las escuelas con profesores normalistas de esa época, agregando mi mal genio y mi parte de genes italianos en mi sangre crearon en mí una forma de ser exigente, formal, perfeccionista; conflictivo dicen mis detractores que son muchos.
Pero aclaro que sólo reclamo ante la negligencia, falta de respeto o injusticia y que jamás exijo a las personas más de lo que me exijo a mí mismo. La verdad es que ante la presencia del mayor de los humildes yo soy aún más humilde, pero más soberbio que el mayor de los soberbios, si con su prepotencia no respeta a los demás.

Un recuerdo agradable e importante de esos años entre 1952 y 1954 corresponde al hecho de que yo pertenecía a un grupo de niños y jóvenes a los que la parroquia llamaba “aspirantes” con actividades juveniles y otras ligadas a la iglesia, y un día llegó a cargo de la parroquia el padre Gustavo Le Paige y pasó estar a cargo de nosotros.
Era fascinante escuchar sus historias, ver sus fotografías de tantas partes del mundo donde había estado, sobre todo fotos del Congo Belga en África. También era filatélico y tenía un libro enorme de unos 60 centímetros cuadrados y de unos 12 centímetros de grueso que cerraba con un candado y que contenía cientos de hermosas y valiosísimas estampillas. Su sala de estar donde nos daba las charlas estaba llena de objetos raros y de colección de diferentes lugares del mundo.
Luego que llegó organizó un paseo por el día con nosotros a la localidad rural de Lasana, cerca de Calama. Allí mientras nosotros los muchachos recorríamos las quebradas junto a la ribera del río Loa, empezamos a encontrar objetos arcaicos, pequeñas osamentas, etc. las cuales corrimos a mostrarle al padre.
El, asombrado como nosotros, tomó muy enserio el asunto en ese momento; recuerdo que nos dio ciertas recomendaciones de cuidado. Yo no volví a participar en otro paseo. Pero ese día él empezó su maravillosa obra, historia que todos conocen a través de su museo en San Pedro de Atacama, lugar en donde se radicó tiempo después luego de dejar la parroquia en Chuquicamata.
Otro recuerdo agradable que atesoro de esa niñez es cuando mi abuelita materna Clorinda lograba el permiso de mi padre para llevarme algún tiempo en verano a Mejillones donde ella vivía. Yo lo sentía como un rescate.
Era sacrificado y tedioso para ella ya que venía en ferrocarril y en esos años con su máquina a vapor subía lentamente los 240 kilómetros desde Antofagasta y hasta los 2400 metros de altura en que está Calama.
La empresa era Ferrocarril Antofagasta Bolivia, cuyos dueños eran ingleses. En Mejillones tenían la maestranza de mantenimiento de coches y locomotoras y allí trabajaba mi abuelo adoptivo Maximiliano. Los fines de semana él se convertía en lobo marino saliendo a pescar con su bote en la noche o al amanecer.
En su casa vivían sus dos hijas, mis tías Irma e Isabel, hermanastras de mi madre, pero que jugábamos como niños ya que tenían sólo un par de años más que yo. También vivía allí mi tía Margarita la menor de las hermanas de mi madre y cuya herencia italiana se le asomaba en su físico, en sus finos gustos y modales, en su talento para cantar y tocar el acordeón.
Todos ellos me regaloneaban y me hacían sentir importante lo cual llevaba a que yo me portara bastante mal o demasiado travieso ya que por fin podía liberar 'mi cabro chico'. La gente era sencilla y humilde económicamente, más nunca he olvidado el cariño, la comunicación, la alegría de vivir de los vecinos del barrio.
En el día los paseos en la playa, los baños en el mar con idas y venidas nadando hasta una balsa a unos 80 metros adentro o la pesca desde el muelle cuando se daba. Al anochecer, sentados al lado fuera de la puerta grupos de vecinos en amenas charlas, mientras cada hora era anunciada por el suave y dulce repicar de una pequeña campana desde el cuartel de bomberos.



Capítulo 2

Adolescencia




En marzo de 1955 con 14 años comenzó muy sutilmente, poco a poco y relativamente la independencia de mi mente y espíritu.
Internado en una casa familiar ubicada en calle 21 de Mayo de Antofagasta junto a otros estudiantes, empecé a asistir a clases en el Comercial. Ya solamente debía estar en casa de mis padres en vacaciones y afortunadamente en los tres siguientes veranos, como ya lo comenté antes, las pasé trabajando en la minera.
La vida estudiantil en el Comercial era entretenida. El colegio tenía mucha mística y los profesores eran excelentes.
Había ramos entretenidos como dactilografía donde aprendí a escribir en el teclado al tacto y rapidísimo. En matemática nos enseñaban, como futuros contadores, técnicas para sumar con una seguridad y velocidad increíble.
Los ramos que yo más gustaba eran el de Dibujo, cuya profesora de nombre Jovita, era hermana del profesor Gabriel Rojas que dictaba el otro ramo de mi preferencia: Música. Este profesor se daba el trabajo de traer un fonógrafo portátil y sus discos para hacernos escuchar obras clásicas y hablarnos de sus desarrollos y de sus autores. Nos hacía cantar coralmente y también nos entretenía tocando él mismo el violín.
Hasta hoy yo tengo en mi mente la imagen de casi todos los grandes compositores ya que, incentivado por este profesor hice un cuaderno con sus datos, sus obras y sus imágenes pegadas en él y que recortaba de unos cancioneros que editaba la Odeón y la RCA, y que regalaban en los negocios que vendían discos de música.

También tuve buenos amigos entre los compañeros como Frank Dawson cuyo padre era de nacionalidad inglesa. Frank tenía un gran talento musical. Tocaba el piano, acordeón y guitarra. Recuerdo también con cariño a Freddy Toledo que se sentaba a mi lado y que dibujaba muy bien. Además era físico culturista y había adquirido el curso de Charles Atlas, un míster universo norteamericano, para el desarrollo muscular con el sistema de tensión dinámica.
Un día me hizo la gauchada de prestarme el curso para que yo lo copiara. Su práctica fue lo que me ayudó después a bajar de peso y mejorar un poco el físico cuando empecé a preocuparme de él.
También fue el tiempo del primer amor. Estuve enamorado de Sara, compañera de colegio, convirtiéndola en un amor platónico por mucho tiempo antes que me atreviera a decírselo debido a mi timidez.

Durante esos cuatro años que estuve internado entre 1955 y 1958 recuerdo gratamente cuando en algún fin de semana viajaba a Mejillones. En un escrito de los que he posteado en la sección Vivencias de mi sitio en internet, escribí uno llamado El Tren.

Escuchemos un pito de Máquina a Vapor
Recordemos otro pito.
Parte del texto dice:
“Y entonces una vez al mes mi abuelito que trabajaba en Ferrocarriles me mandaba los pasajes. Esos típicos cartoncitos rectangulares que el inspector con un alicate perforador le hacía clic. El viernes a las 6:30 de la tarde partía de la estación rumbo a Mejillones, 69 kilómetros al norte.
Evoco entonces el pito de partida. Pero no es cualquier pito. Es el pito de locomotora a vapor, especial, nostálgico, cuyo sonido también se ve como nube, medio triste, medio alegre diciéndonos:
— ¡ya nos vamos!
Lento, luego más rápido y más rápido se aleja de la ciudad y el sonido del crujir de rieles y ruedas, con efectos especiales cuando alguien abre la puerta del coche, acompaña con ritmo canciones o pensamientos en mi mente.
Ya en la pampa salgo y me siento en la escalerilla de la puerta de acceso del coche. Observo las dunas, los cerros; la fuerte brisa azota mi rostro; luego en una curva veo allá adelante la negra locomotora y  otro pitazo    más nostálgico aún y como que se repite a lo lejos.
Y me siento solitario, pero libre. Y pienso y sueño.
Otro pitazo como diciendo — ya falta poco — me despabila y alegra.
Ya pronto estaré esa noche en amenas tertulias con cuentos de fantasmas que penan, chistes y adivinanzas y al otro día correré por esas playas de blanca arena y llegando hambriento a casa comeré un rico congrio o una deliciosa corvina pescada por mi abuelo.”
Fin de la cita.

Fue también el periodo de mucha inquietud y de crecimiento personal ya que al tener como hasta hoy una afición a la auto-enseñanza o de autodidacta, leía mucho sobre todo el Reader’s Digest y artículos o libros de ese estilo como el singular libro Manual de Carreño y otros. Hacía los ejercicios físicos del sistema tensión dinámica, incluyendo al final el baile solitario de varios rocanroles y transpirando la gota gorda obviamente.
Solía también a veces trotar entre 6 y 7 de la mañana desde el centro por una línea de tren que había por el borde costero, hasta el balneario municipal donde me tiraba al agua en un corto baño.
Desde el verano de 1956 en que se escuchaba a rabiar los rocanroles de Bill Halley, se habían adueñado de las radios y del gusto juvenil las canciones norteamericanas e inglesas. Eran de melodías tan hermosas, románticas y de arreglos tan armoniosos que obviamente yo también caí en su embrujo.
Con mi mesada de estudiante había adquirido un curso por correspondencia de inglés que se anunciaba en la prensa. Era de la National School de la ciudad de Los Ángeles de EE.UU. y que además de las unidades escritas y libros, venía cada lección con un disco 78 rpm de acetato, veinte discos en total. Enviaban uno o dos después de rendir y aprobar las pruebas, como también del pago de las cuotas.
Como tenía buen oído y estudiaba con entusiasmo constantemente mi aprendizaje fue muy positivo. Además no perdía oportunidad de practicarlo conversando con los marinos gringos que llegaban al puerto y recorrían la ciudad.
Como también práctica de inglés empecé a tratar de sacar en todo lo que era posible las letras de las canciones juveniles éxitos del momento de Paul Anka, Elvis Presley, Frankie Avalon etc. y como me gustaba canturrear, pronto me encontré cantándolas.
En horas libres en el colegio, nos entreteníamos en el curso haciendo cada uno su gracia y de allí un día, por pedido de un profesor que tenía a cargo un acto, tuve que cantar en una velada para todo el Comercial.
Me acompañó el conjunto que se había formado en el colegio con Frank Dawson, Mario Álvarez y Loyola. Esa actuación tuvo mucho éxito. Entonces Frank me aconsejó que me comprara un guitarra y que él me enseñaría los acordes.
Los primeros días de Noviembre 1958 cuando vivía en el internado del señor Aracena, compré mi guitarra, una de marca Novoton que fabricaban en Santiago, y practiqué tan intensamente los acordes enseñados por mi amigo Frank, que al mes siguiente en Diciembre me integré a la banda definitivamente, tocando mi guitarra y cantando en el acto de fin de año del colegio la canción ‘De vuelta del colegio’.
De vuelta de vacaciones en Marzo de 1959, cada vez que había un acto en el colegio o a veces en su representación fuera de él, actuábamos nosotros cantando canciones rocanroleras y con mucho éxito.

Curso en el Comercial de Antofagasta, 1959.
Agachadito en el medio, con gafas sobre la cabeza y al lado de una compañera
a la que el Torre le tiró el pelo, está mi buen amigo Roberto Fernandez.
Yo estoy parado en la esquina izquierda.


Por ese entonces ya no tenía que vivir en internados ya que buscando un cambio de clima que ayudara a mi hermana María Elena a mejorar su asma y con mi hermana Sandra que había nacido en 1957, mi madre se mudó en el varano de 1959 a Antofagasta.
Arrendó en la céntrica calle Prat una casa que tenía adelante un pequeño negocio de bebidas gaseosas, confites y cigarrillos del cual ella se hizo cargo. Mi padre bajaba de Chuqui la mayoría de los fines de semana y era cuando el ambiente familiar se tensionaba. Yo ya le hacía frente y definitivamente nos llevábamos mal.
Mi hermana María Elena fue inscrita en el colegio Yugoslavo que estaba en la cuadra siguiente, frente a una sede de la Universidad del Norte. Pero también al igual que en Chuqui faltaba mucho, pues su asma le sobrevenía continuamente.
Otra inquietud artística era mi afición por el dibujo, imagino herencia de mi bisabuelo italiano. Por el negocio de mi mamá pasaban camino a la universidad profesores y alumnos por un refresco o cigarrillos. Un día que ella estaba en el negocio viendo unos dibujos míos, un señor que resultó ser profesor de artes plásticas de la universidad se los pidió para verlos y se entusiasmo bastante con mi trabajo, ya que ofreció la posibilidad que asistiera a algunas de sus clases como alumno libre.
Recuerdo haber asistido un par de veces, pero dejé de hacerlo ya que mi pasión por el canto y la música era ya mucho más fuerte y activa.
A mediado de año 1959 la Radio Cooperativa de la ciudad (filial de Cooperativa de Santiago) organiza un concurso de voces, producido y animado por un gran hombre de radio de la ciudad don Ricardo Olivares.
Todos los participantes éramos imitadores: habían varios Lucho Gaticas, Antonio Prietos, un Mario Clavel, un Humberto Losan, un Raúl Videla, hasta había un Mario Lanza.
Yo era Frankie Avalon, Sony James, Carl Dobkins Jr. y muchos otros según qué canción cantara.
'Young love' era una las canciones que cantaba con el conjunto del colegio y que también interpreté en ese certamen. Tuve la suerte de ganar ese concurso en una final realizada en el teatro Latorre, repleto de público. Yo no sabía nada de técnica de canto, sólo lo hacía con pasión y tal vez afinado, por lo que se desprende que parte de la razón de mi éxito en ese momento eran estas nuevas y hermosas canciones en inglés que captaban el gusto popular.

Young love


En Radio Cooperativa de Antofagasta

Pero ese primer lugar motivó mi decisión de dedicarme a la música y al canto. Empecé a practicar todos los días. Mandé hacer a un zapatero remendón un colgador de guitarra tipo americano, con un par de cinturones de cuero y remaches, ya que en ese entonces solamente vendían los colgadores que desde el cuello bajaban por el pecho, detrás de la guitarra y que si la soltabas caía al suelo.
En una hora de clase libre, mientras soñaba con mi futura carrera de cantante, definí mi seudónimo artístico: Danny Chilean.
Copiando una idea vista en una foto de un cantante norteamericano, con unas letras de calco que vendían en las librerías, puse sobre la caja de mi guitarra este nombre artístico. Sin dejar de asistir a clases lógicamente, empecé a tener mis pitutos en la ciudad.
Al ver que en radio Libertad, aunque esporádicamente, se presentaban en la noche durante una quincena o un mes algunos cantantes, como por ejemplo la famosa Guadalupe del Carmen, fui hablar con el director Sr. Cajeado.
'Mira muchacho — me dice — yo te vendo un espacio mensual de 21 a 21:30 horas, tres veces por semana, que puede ser Lunes, Miércoles y Viernes, incluido el locutor por $ 100.000 (de la época). La diferencia con la mayor cantidad que saques vendiendo por tu cuenta el programa a uno o más auspiciadores, es tuya'

Cantando en la radio

Lo primero que me vino a la mente fue el auspiciador del concurso que había ganado y que era una entidad financiera llamada Finampro. No fue necesario hablar con otra ya que esta aceptó, pagando $ 200.000.- por propaganda exclusiva.
Así estuve un mes cantando en esa radio acompañándome solamente con mi guitarra. Pero hubo un contrato que marco un antes y un después y fue el que tuve en el centro de espectáculo llamado Burú ubicado, en ese entonces, en calle Baquedano frente al colegio San Luis y que hacía unos bailables juveniles los domingos de 18 a 22 horas.
Allí canté durante muchos domingos con mucho éxito. Más un día recibí la mejor lección o consejo y que fue transcendental en mi carrera.
Federico Velder, pianista del local me dice: — 'Si, si, estás bien, por lo menos cantas afinadito, pero no vas a llegar a ninguna parte mientras sigas imitando.'
Llegué a casa preocupado ya que soy muy perfeccionista y desde ese día comencé a tratar de cantar a mi manera, diferente al canto original de los discos. Parecía un imposible.
Se vivía ya el año 1960 cuando un día con el ánimo medio soñador y romántico sentí las ganas de hacer una canción, pulsando los acordes en las cadencias que se estilaban en ese momento. Nació una inspirada canción Verónica y luego Un poquito de amor y entonces descubrí que las cantaba a mi manera, tal vez con deficiencias vocales y técnicas, pero era yo.

Roberto Fernández, compañero de colegio y con quién había nacido una férrea amistad al conversar y caminar juntos al o desde el colegio ya que vivía en la misma calle Prat, me comentaba entusiasmado y enamorado de la belleza de una muchacha que vivía en un segundo piso en Prat con Latorre.
Ella solía asomarse al balcón y un día Roberto logró mostrármela. Era una linda lolita de 14 años de nombre Verónica.
La verdad es que cuando compuse esa canción, nació primero la melodía y bajo un sentimiento de amor que aún sentía por Sara, pero la letra la escribí pensando en el amor que Roberto sentía por Verónica y cuyo nombre se ajustaba a la melodía.
Finalmente yo había logrado pololear con Sara, pero con muchos alejamientos y reconciliaciones quizás debido en parte a mis celos y a el malestar que yo sentía por lo sociable y buena onda que era ella con los compañeros amigos. Pero creo también que me alejaba de ella al sentir profundamente en mi alma un ánimo de tristeza, un rechazo a la felicidad, algo que tal vez era lo que ahora definen como depresión. Jocosamente podría decir que era algo así como un ‘oh pobrecito yo’.
Sin embargo al mismo tiempo la música, el canto me daban fuerza, me ayudaban a ocultar todos mis complejos y mi timidez, me hacían un ganador. Incluso al venirme a Santiago a fines de Febrero de 1961 le prometí con una enorme seguridad a mi madre y hermanas, a mi amigo Roberto, como también a Juan Carlos Gil que trabaja en radio en el norte, que antes de vacaciones de invierno iban a recibir un disco grabado por mí.
Y resultó exactamente así.
En los últimos meses de 1960 conocí a Verónica y alterné con ella y sus amigos en algunas fiestas o malones. Yo solía pasar a nado desde el muelle del Club Náutico donde yo iba hasta el muelle del Club de Yate y me relacionaba con ellos. Un día en una de esas fiestas canté la canción lo que llevó a un pequeño flirteo.

También en esos meses Julio Gutiérrez productor y animador del famoso programa El Tocadiscos de radio Cooperativa de Santiago, llegó a la ciudad para asistir al aniversario del programa en Antofagasta y me toco cantar en el show. Terminando de cantar él se acercó y con algunos elogios al aire, prometió apoyarme si yo viajaba a Santiago para seguir en el canto. Allí finalmente decidí venirme a la capital.
En el Comercial terminé pasando al sétimo y último año, segundo en la especialidad de contadores y decidí entonces venir a cursarlo al Instituto Comercial Nº 2 en Santiago con el fin principal de incursionar en una carrera artística.
Terminan así mis 20 años en el Norte y llego a la capital a fines de Febrero de 1961 justamente con 20 años recién cumplidos.


Capítulo 3

Danny Chilean




Arribé en el aeropuerto de Cerrillos en un avión bimotor de la línea aérea Ladeco y allí me estaba esperando mi tío Oscar, hermano de mi padre quién era muy cariñoso y buena onda y en cuya casa iba a alojarme se suponía por el año.
Allí vivía su esposa Eliana y sus hijos, la tía Esther otra hermana de mi padre con su esposo e hijos y mi abuelo Javier.
También vivían otros 2 primos Tito y Ricardo, hijos de otras dos hermanas de mi padre. Era una casa más bien grande ubicada en calle Augusto Matte a una cuadra de Carrascal en la comuna de Quinta Normal.
Empecé asistir a clases en el Instituto Comercial Nº 2 ubicado en Avda. España, viajando en unas pequeñas micros llamadas liebres, de las antiguas, aquellas que eran tan bajitas que uno no podía ir de pié, sino que había que moverse agachado dentro de ellas. Dejé pasar unos días mientras escuchaba las radios, entre ellas la Minería donde de 10 a 10:30 de la mañana se difundía el programa Discomanía de Raúl Matas y que por ese entonces animaba Ricardo García.
Después del disco de Peter Rock en 1959, ya habían grabado también otros cantantes durante 1960 como Nadia Milton y Pat Henry con los Diablos Azules. Claro que eran covers o más bien copias de éxitos en EE.UU. o Inglaterra.
Junté fuerza y ánimo ganador y un día de ese mismo mes de Marzo en vez de ir a clases, me fui con mi guitarra a esa radio ubicada en el tercer piso de un edificio en la calle Matías Cousiño y esperé en la salida de la radio, dentro del edificio a Ricardo García.
Me acerco y me presento diciéndole que era estudiante, que venía de Antofagasta y que cantaba canciones norteamericanas. Me quedó mirando unos instantes y luego me dice: — ‘A ver, sígueme’
Y me lleva a una sala dentro de la radio y donde justamente estaban Pat Henry y Los Diablos Azules ensayando.
— ‘Por favor Pato, permite un segundito’ — y me dice: — ‘Bueno vamos, canta.’
Con mi guitarra canté 2 ó 3 temas y entonces para mi regocijo dice que me pondría ese domingo como prueba en el Show de la Polla, programa con cantantes en vivo que él animaba. Y agregó:
— ‘Si te va bien, entonces seguirás todos los domingos y entonces hablas en la semana con Roberto Rojas sobre las platas’.
En esa actuación empezó todo, ya que me fue extraordinariamente bien, con un gran apoyo del público. Aparte de mi guitarra, me acompañó Ravello en contrabajo y Gominita Sánchez en batería. Seguí todos los domingos con honorario de $ 15.000 por actuación. Todo esto antes que terminara Marzo.

En el Show de la Polla en Radio Minería de Santiago

Después del segundo domingo, el director de la RCA don Hernán Aravena le pide a Ricardo que me lleve al estudio, que quedaba en el 6º piso del mismo edificio, para hacer una audición. Al llegar estaba grabando la señora Margot Loyola que gentilmente le cede al director unos minutos para mi prueba. Canté un par de temas. Luego les digo que también tenía unos temas originales y me piden que cante alguno. Canté Verónica.
Recuerdo hasta el día de hoy cuando viene por el pasillo desde la sala de controles el Sr. Aravena y me dice: — ‘Bien Danny, vamos a firmar contrato de grabación’.
Yo no podía creerlo. — ‘Y vamos a grabar tu tema Verónica en el lado A de tu primer single.’
Entonces Camilo Fernández que lo acompañaba y que se inclinaba por grabar solamente covers le dice que no se lo aconseja, que era mucho riesgo.
— ‘No, no, a mi me tinca la canción, es buena, le tengo fe’.
Camilo entonces le sugirió que en el lado B pusiera un tema que era éxito en esos momentos en EE.UU de Ray Peterson: Corina, Corina.
El 30 de Abril salió mi disco y fue éxito durante varios meses en todo el país. La gente pensaba al principio que era otro tema de EE.UU. ya que sonaba como tal.
Hugo Ramírez un gran músico y orquestador me hizo transmitirle mis ideas para el arreglo, ya que él no estaba al tanto de este nuevo movimiento musical. Yo había imaginado las figuras musical de los violines y coros, los cuales lo cantaron su esposa y cuñada que tenían un dúo.
Bueno obviamente envié copias a Antofagasta, a la familia, a mi amigo Roberto, a Juan Carlos Gil. . . bueno. . . y a Verónica.
¡Todo mucho antes de las vacaciones de invierno!

Verónica

Corinna


Grabando en el estudio de la RCA en Santiago

El disco sonaba todo el día en las radios y yo seguía asistiendo a clases en el Comercia No 2, claro que ya de pocas ganas. Los compañeros que eran todos nuevos para mí y que para los cuales yo era ’Astudillo el alumno nuevo’, no tenían idea que yo era el Danny Chilean. Como empezaron a salir muchos contratos, decidí retirarme los primeros días de Junio y ya no volví más.
También arrendé un departamento en Antonio Varas con Providencia cambiándome desde la casa de los tíos en Quinta Normal e independizándome definitivamente.

En Julio de ese año 1961 viajé a Antofagasta invitado por el Instituto Comercial para hacer una presentación en el colegio. Fue muy lindo y emotivo. También estuve con Verónica y se inició un pololeo que luego funcionaba más bien a la distancia.

Mi segundo disco fue con dos temas originales: lado A ‘Un poquito de amor’ que también llegó al primer lugar del ranking acompañado de ‘Si tú me quisieras’. Años después dejé de cantar Un poquito de amor siendo también medio olvidado por el público.
Un poquito de amor


Mi tercer disco fue un arreglo en ritmo de rock- calypso (como Verónica) que le hice a un tema de estilo swing de Sergio Fernández, coterráneo y que él había compuesto en 1945. Le pedí autorización para ponerle letra en inglés, ya que era la moda y lo que gustaba. El arreglo orquestal lo hizo Tito Lederman bajo seudónimo Mareck Johnson.
Fue otro gran éxito que llegó al Nº 1 en el ranking. En el lado B, Camilo sugirió un cover con el tema ‘More than I can say’ que también tocaron bastante.
Norma

Más de lo que tú crees


Estos fueron los tres discos 45 rpm que salieron durante 1961 y que me llevaron a ganar el premio ‘Discomanía’ 1961, máxima distinción en la música en esos años.

La popularidad era enorme. Se formaban clubes de admiradores (fan clubs) en todas las ciudades y en las oficinas de la RCA me llegaban alrededor de 500 cartas diarias que al principio ingenuamente pretendía contestar.
Hay una foto que me sacaron para una revista intentándolo. En cada sobre ponía un ejemplar de la foto promocional que el sello me daba para regalar. Pero pronto me pilló la máquina y no lo hice más.



Las revistas Ecrán y Mi vida que generalmente hasta ese entonces sólo se dedicaban a los artistas extranjeros de cine, empezaron a comentar mis discos.
Ya pronto no podía andar tranquilo en la calles del centro ni pasar a una fuente de soda a servirme algo sin que jovencitas no se acercaran a pedir autógrafos.
La verdad es que yo había soñado con cantar y hacer música, grabar y que mis discos se escucharan por la radio. Pero no sabía ni imaginé lo que vendría con ello. Y lo que empecé a vivir si bien me halagaba, también debido a mi timidez y complejos me incomodaba mucho.

Por esos días se cercó a conversar conmigo una persona de más o menos 26 años que dijo llamarse Luciano Galleguillos y me comentó entre otras cosas que había sido representante artístico de Peter Rock con quién había terminado con algunos problemas; que era admirador del trabajo del coronel Parker, el agente de Elvis Presley y que tenía ese estilo de trabajar; que él era el indicado para manejar mi carrera y que todo artista necesitaba un manager; todo con un gran discurso y muy motivador. Era en realidad muy inteligente y talentoso, pero igualmente ambicioso y bastante egocéntrico.

Con Peter en los buenos tiempos


Yo que aún tenía la desorientación e inexperiencia del que viene de provincia y que sólo quería hacer música, le firmé un contrato notarial donde él tenía el 30% de comisión en Chile y un 40% en contratos para el extranjero. Yo sólo tenía que dedicarme a la música y él de los contratos y asuntos de promoción en los medios. Eso era lo que lógicamente correspondía y todo debería andar bien, salvo que lamentablemente hubiese disparidad de criterios o alguien faltase a la ética.
Tiempo después sabría de algunos contratos cuyos montos reales eran muy superiores a los valores informados y de los cuales se sacaban los porcentajes de comisión, resultando mi parte obviamente inferior al que correspondía.
También con el fin de producir empatía popular en algunas notas periodísticas él hizo que destacaran mi timidez e introversión y que venía de una familia humilde ya que mi padre era obrero. Cuando yo leí la revista eso no sólo me molestó mucho a mí, sino que también obviamente a mi padre que además ya de antes era el único de la familia que se sentía incomodo con mi éxito, por decirlo de una manera.
Aunque a mí no me gustara, en todo caso estoy consciente que ese tipo de promoción siempre se ha usado. De hecho, un muchacho argentino de nombre Nery Nelson que quería ser cantante y que se había quedado en Chile después de llegar como ayudante de la Bandita de Carlinhos, y que junto a muchos otros jóvenes aspirantes chilenos me hacían comparsa en los pasillos y camarines con su amistad y cariño, por lo menos mientras yo era famoso, se dio cuenta del efecto que tenía esa imagen en la gente.
Al volver a su país cambió su nombre y al grabar con éxito sus canciones, se puso como slogan:
Palito Ortega, ‘el muchacho triste de las canciones alegres’.
Y en sus fotos siempre salía con una carita muy seria y triste.
En esos años aparte de hacer sacar algunas fotos al reportero gráfico, los periodistas generalmente no hacían muchas preguntas o después no usaban las respuestas que uno les deba y simplemente se arrancaban con los tarros. Hay que tener presente que en ese entonces aún no existía la carrera de periodismo en las universidades y los que trabajaban como tal habían empezado por vocación y autodidácticamente.
Recuerdo una vez que me encontré con un reportaje sobre mí en una revista con una entrevista que jamás me hicieron y cuyo titular decía “Danny Chilean se confiesa” y en donde yo aparecía en una foto de perfil, hablando en primera persona y entre otras sandeces yo decía que me sentía realizado y orgulloso por haber comprado un auto.
Yo nunca le he dado mucha importancia a lo material y aquello me irritó mucho. Seguramente fue otro granito a mi currículum de ‘conflictivo’ que me agregaron cuando, aunque diplomáticamente, se lo hice saber por teléfono a la revista.

Durante el verano de 1962 hice mi primera gira cantando estas canciones junto a otros temas americanos. Hace un tiempo escribí en la sección Vivencias de mi sitio en internet sobre esta gira y las giras artísticas en general de ese tiempo. Aquí está lo que dice:

“Mi primera gira artística la hice en Enero y Febrero de 1962. Fue un Mano a Mano con Luís Alberto Martínez que tenía muchos éxitos con boleros, ritmo aún muy vigente en esos años.
El productor y empresario fue Luciano Galleguillos, que a su vez era nuestro agente, pero tanto Luis Alberto como yo, teníamos además de nuestros honorarios, una participación porcentual de las ganancias, así es que Luciano nos pidió sugerencias de artistas como "teloneros".
— En radio Minería se presenta una muchacha que canta hermoso los temas de Connie Francis — le sugerí yo y quedé de presentársela.
Luís Alberto añade: — Actuando en San Antonio conocí una chica que canta como los dioses los valses peruanos y los temas mejicanos.
Así fue como en esa gira nos acompañaron Ginette Acevedo y Palmenia Pizarro, que actuaba hasta antes de la gira como Morenita Pilar. ¡Qué me dicen ustedes!

Un Mano a Mano con Luis Alberto Martínez


También fue en la gira Dick Roberts el Paul Anka chileno, y en acompañamiento musical Peter Vera y su conjunto; en humorismo y fono mímica, boom en esos años, el genial Chicho Azúa y Raquelita Galáz.
Esa gira fue todo un éxito quedando gente sin entrada en cada ciudad. Durante la gira recuerdo haber hecho la letra en Español a Josefina y ensayado con el conjunto, pues todo mi repertorio era en inglés.
Le pedí a Peter que octavizara en la guitarra lo que hacía el bajo en el original. En Chillán alguien de la galería me grita:
— ¡Cántate una en Castellanoooo!
No toda la gente mayor, cuyos temas favoritos eran los tangos, boleros, tropical y tonadas, comulgaba mucho con los coléricos que cantaban en Inglés.
Me doy vuelta hacia Peter Vera y le digo: — ¿Te acuerdas del twist que hemos ensayado, en La?. . . ¡Vamos. . .hagámoslo!
El teatro "se vino abajo", fue un éxito al instante. Luciano entusiasmado, terminado mi show, me dice: — Danny... este tiene que ser tu próximo disco.
Llegando a Santiago se grabó en Marzo y salió a fin de mes.

Josefina


Fue el primer disco de la era rock o nueva ola en español y animó a los sellos y cantantes seguir haciéndolo sin temor a que no pegaran. El segundo tema fue El Rock del Mundial, 2 o 3 meses más tarde. Ambos discos, fueron records en venta durante el año.
Hacia el sur la gira se hizo en tren y en Los Ángeles, Luciano se pelea con Peter Vera en la estación ferroviaria cuando salíamos hacia Temuco y lo deja despedido junto a su conjunto. Allí en Temuco hubo que buscar urgente un grupo musical y así conocí a Horacio Saavedra y a su hermano Héctor que con su conjunto nos acompañó en esa ciudad. En el resto de las ciudades, Luis Alberto Martínez y yo acompañábamos a Ginette y a Palmenia con nuestras guitarras desde atrás de la cortina o ecrán que tenían los teatros que aún eran cines. Luego nosotros nos acompañábamos sólo con nuestras guitarras en el escenario. Sólo en Punta Arenas hacia donde viajamos desde Puerto Montt, conseguimos el apoyo de un excelente joven guitarrista.

Hablando en general de las giras de esa época, era casi un mes para el norte hasta Arica y otro tanto hasta Puerto Montt. No existían los buses pullman e íbamos en micros del recorrido Ovalle-Negrete o Matadero-Palma y con choferes santiaguinos que muchas veces no habían salido jamás de la ciudad. Aunque ya se trabajaba en ello, la carretera pavimentada hasta 1963 sólo llegaba a La Serena y desde allí, salvo excepciones, huellas de tierra con "calamina". Los inexpertos choferes tomaban la calamina a poca velocidad y entonces con tantos saltos, llegábamos a las ciudades adoloridos y empolvados como berlines.
Los viajes eran largos, así que la entretención venía de parte de los humoristas, que siempre eran parte importantes del elenco. Muchos de ellos eran más graciosos allí que en el escenario y las tallas iban y venían. Jugar unos pesos en los juegos de naipes era otro pasatiempo y no faltaba el que se entretenía "pololeando".
Para el Norte la gran ansiedad y expectativa era llegar a Arica, pues en ese entonces era puerto libre y parecíamos cabros chicos de felices recorriendo las ferias y negocios comprando "matutes". Lógicamente no para negocio, si no regalos para la familia y amigos: las radios a transistores eran las estrellas y entre prendas de vestir: los famosos jeans Pecos Bill; utensilios novedosos de hogar, instrumentos musicales, confites y chocolates de Europa.
Casi dos meses de convivencia en la micro y en los hoteles nos hacía terminar la gira como una familia. El último día de gira era inolvidable, pues durante el espectáculo nos hacíamos bromas de grueso calibre como "último día nadie se enoja", de muchas de las cuales se enteraba y disfrutaba el público.

Entre 1962 y 1966 yo hice muchas giras como la descrita, pero volviendo a la primera, una vez que terminamos el show en Arica y luego de comer, viajamos en la noche de vuelta a Iquique y así tener más tiempo de promocionar un segundo día de actuaciones en esa ciudad. Yo me quedé dormido y de pronto despierto en la oscuridad de la pampa, el bus detenido y nadie en él.
— ¿Qué pasa? — me pregunto.
Siento lejanas voces que comentan expectantes. Me bajo y veo a unos 30 metros a mis colegas nerviosos mirando el negro y estrellado cielo en medio de la pampa.
— ¿Qué pasa?
— ¡Un platillo volador!... ¡Vimos un platillo volador! — vociferan. — ¡Bajó así! . . . ¡Se detuvo allá!... ¡Se alejó hacia allá! ¡Un platillo volador!
Me llegó a doler el cuello con la ansiedad que miré hacia arriba y hacia todos los lados de arriba, pero no vi nada. Si hubo algo yo me lo había perdido. Ya no había nada.
Al día subsiguiente apareció un gran titular en la portada de un diario capitalino:
¡Danny Chilean avista Platillo Volador en el Norte! “
Fin de la cita.

Volviendo a Luciano Galleguillos, él era muy alegre y siempre con buenas tallas, muy simpático y carismático produciendo gran cariño y simpatía en las personas. Muy a menudo este tipo de persona usa aquello para esconder muy bien sus verdaderas intenciones.
Recuerdo que después de ésta mi primera gira cuando yo compré en la comuna de La Florida una casa para mis padres, en donde primero se vino mi madre con mis hermanas, él llegó allá un día cuando yo no estaba e increpó indignado a mi madre que por qué ella había permitido la compra, que por qué interfería en mi carrera cuando él tenía en sus planes que con el dinero ganado en la gira me llevaría a México, en donde según él, yo sería grito y plata.
Eran sus planes personales que no me había comunicado. Tampoco al parecer le importaba si yo estaba de acuerdo o no. Pensaba equivocadamente, como lo demostró con otros artistas de quienes fue agente, que el contrato le daba la facultad de manejar sus vidas privadas. Yo simplemente no se lo permití.
En ese momento ni él ni yo teníamos idea que yo ya la estaba pegando en Argentina y que pronto ganaría mucho dinero conmigo allá.
El contrato con Luciano duró los tres años dispuestos y no hubo mayores problemas de los ya mencionados.

Bueno, después del éxito de Josefina que duró muchos meses y como tema bailable continuó su éxito por varios por años, siguió ‘La Pollita’ tonada chilena que el sello me pidió que grabara ya que venían las fiestas patrias y yo vendía mucho. ¿Por qué esa tonada?. . . Simplemente porque era la única que me sabía y de niño.
En el lado B grabé ‘Caminemos’, ambos temas lo tocaron bastante, aunque yo no quedé nada conforme con mi canto. En ese entonces no existía el productor musical como tal, aquel que no sólo asesora y cuida la grabación, sino que cuida tu estilo y que no te salgas de tu línea. Como han podido apreciar, yo me formé artísticamente en el norte. Camilo Fernández que no era productor ni tenía un sello todavía, sino solamente asesor musical de RCA, me pasó únicamente los temas ‘Corina’ y ‘More than I can say’ ambos para el lado B del primer y tercer disco.
Pero él en el programa Rojo Vip, como en otras oportunidades, dijo que fue él quien me produjo y en muchas otras ocasiones ha comentado que él me dio la oportunidad en RCA, cuando en verdad fue don Hernán Aravena como ya lo conté antes.
Debe haber sido él mi productor, tal vez yo no habría grabado tantos discos fuera de mi estilo. Camilo es una buena persona y dio una oportunidad a muchos artistas en ese entonces, pero su mayor mérito fue como empresario productor de discos obteniendo fabulosas ganancias.
Además tuvo buen ojo para elegir éxitos musicales, aunque la mayoría, no todos, ya eran éxitos en otros países. El recibía la revista de información musical norteamericana Billboard a la cual estaba suscrito.
Pero a través del tiempo se ha ido agregando muchos créditos que no lo son y sobre todo el hacer creer que la nueva ola existe sólo gracias a él. Siempre ha estado en los medios radiales, televisivos y escritos teniendo así la facilidad para imponer esos conceptos. Pero este movimiento musical fue mundial y en todos los países hubo generaciones de jóvenes artistas que cultivaron la música rocanrolera.
En Argentina por ejemplo se conocieron como el Club del Clan.
Johnny Holiday con su seudónimo también en inglés encabezaba los artistas franceses, mientras que Enrique Guzmán lo hacía en México; Roberto Carlos en Brasil. Qué decir en España o Italia.
En realidad para qué seguir.
Pero he citado lo anterior pues hace poco tiempo al ver por primera vez mi sitio, me llamó molesto por no mencionarlo en lugar de Hernán Aravena. Además confundía, había olvidado y cambiaba detalles de mis comienzos, porfiándome a mí que los viví y que un artista jamás olvida por ser sus propias vivencias, lo cual le recordé enviándole por email copia del escrito que aparece en mi album "¿Cuál de ellas?" que apareció en esos años (En vinilo 33 rpm).

Mi sexto disco fue ‘Ay Josefina’ un tema antiguo dedicado a Josefina Baker, una gran bailarina europea. El arreglo fue de Tito Lederman, primer violinista de la sinfónica y que para incursionar en la música popular usaba el seudónimo de Mareck Johnson. Como le gustaba usar instrumentos sinfónicos, en este disco usó un contrafagot. El tema lo tocaron bastante. Luego vino un gran éxito con el conjunto de Roberto Inglés, el twist ‘Fenomenal’ y al reverso una canción original que sin ser popular, gustó mucho a románticos de la época, el tema ‘Mi sueño dorado’.
Mi octavo disco 45 fue otro éxito ya que salió unos tres meses antes que el original de Eddie Gormé y fue ‘Por culpa de la Bossanova’.
Terminé nuevamente ganando 1962 el premio ‘Discomanía 1962'.
También gané ese año el premio ‘Radiomanía’ de ARCHI.
Y mientras tanto, la revista Ecrán realizaba semana a semana los escrutinios de la votación del público para elegir entre otras categorías para el premio Moai 1962-63, al cantante juvenil más popular de Chile, escrutinios en los cuales siempre estuve primero.
Al ganar dicho premio el resultado final fue:
1º Danny Chilean 87.840 votos.
2º Lorenzo Valderrama 44.360
3º Larry Wilson 24.800
4º Antonio Prieto 18.910
5º Sergio Inostroza 12.260
6º Pat Henry 7.970
7º Gloria Benavides 5.100
8º Lucho Gatica 5.030
9º Rafael Peralta 3.790
10º Peter Rock 3.730
Más abajo seguían Luis Dimas, Bob Bryan, Willy Montis, etc.

Premio Moai de Revista Ecrán

En el verano de 1963 sucedió lo que voy a reproducir con la cita de mi escrito llamado Payola y que puse en Vivencias de mi sitio en Internet cuando fue editada una novela:

Cuando la vida era un disco 45" es el nombre del libro de Manuel Vargas (lanzamiento 7/11/2005), hombre ligado a la música y con una carrera brillante en la televisión chilena como libretista y productor. Su novela, mezcla de su inspiración y hechos reales nos lleva de regreso a los años finales de los ‘50 y principio de los ‘60.
Yo, como Danny Chilean, aparezco en el libro con un protagonismo importante y relatándose el hecho de ser víctima de la 'Payola' (en inglés Pay-ola: pagar la rockola), término que definía el pago poco ético en ese entonces que hacía un sello para que un disc-jockey o programador de una radio tocara un disco musical, cosa que al parecer se hizo muy común en los años siguientes. Esta costumbre, según se dice, la inició el hombre de radio Alan Freed en Estados Unidos, fuertemente sancionado por una comisión del Senado de ese país.



Con ello recordé un episodio muy triste de mi carrera y que jamás comenté en ningún medio hasta ahora.
No me importó mayormente el hecho en relación a la parte económica, sino en lo personal, la deslealtad y pérdida de fe en las personas que sufrí en ese momento con tal situación, como paso a explicar:
Quiso un disc-jockey famoso hacer una gira veraniega por el país en 1963 con los 3 ganadores del premio Discomanía: Los Ramblers, Lorenzo Valderrama y Danny Chilean. No obstante que el éxito estaba obviamente asegurado, quería pagar unos honorarios bajísimos. Habló él con mi representante que me tenía en exclusividad quién, no queriendo tener diferencias con este influyente personaje del medio, me pidió que yo negociara en forma directa con él. Deslealtad de mi representante. Me abandona sin hacer su trabajo, cuidando sólo sus intereses.
Me veo obligado entonces a negociar con esta persona y ante mis reparos me dice que si para el sur la gira marcha bien, en la segunda etapa para el norte me sube los honorarios que yo le pedía. Fue un acuerdo.
La gira al sur fue extraordinaria y el último día, de vuelta en una segundo show en Rancagua, cuando se da el horario de salida al norte, pido hablar sobre los honorarios y ante mi asombro, este señor me niega rotundamente el acuerdo. Ofuscado digo no seguir en la gira. Viene entonces el colmo de los colmos, cuando me increpa:
— Quién te crees que eres. . . si eres famoso es gracias a mí, porque yo te toco los discos.
Qué descaro pienso, recordando que el director de mi sello me había confidenciado meses antes, al pedirle que me subiera el pequeño 1.5% que yo tenía de royalty, que no podía pues un porcentaje importante era para este señor disc-jockey por tocar los discos.
Esto que me molestó mucho, yo lo tenía en secreto como me lo pidió el director y habría seguido así de no mediar su actitud indigna y sus palabras hirientes.
— Yo no le debo nada — le respondí aún más ofuscado, — si toca mis disco es porque el sello le paga.
Presente estaban su socio y algunos artistas.
Al día siguiente recorrió los diarios y revistas denunciando que yo era un irresponsable, conflictivo, mal agradecido, que había dejado la gira botada, etc. Mi amigo Larry Wilson me reemplazó para el norte.
Yo me encerré en mi departamento, pasé tres días sin salir, sin comer, con una depresión enorme, muy triste, no obstante escuchar como en todas las radios tocaban mis discos en los primeros lugares.
Jamás acudí a los medios a decir mi verdad hasta ahora. El señor disc-jockey cumplió su promesa de no tocar nunca más un disco mío. Ese 1963 trabajé el resto del año en Argentina.
Felizmente el veto de este señor no impidió que durante 1964 y 1965 siguiera mi racha de éxitos como Susy o Lucy, Rita que linda eres, Playa-playa, Escándalo en la familia, Cara mía y otros. Agradecido estoy de la gente de radio honesta de entonces.
He reservado los nombres de las personas indicadas como disc-jockey, representante y director artístico del sello por respeto, ya que todos ellos están fallecidos. Sólo he querido establecer la verdad para quienes aún pueda interesarles y ante la edición del mencionado libro.”
Fin de la cita.




Capítulo 4

Nueva Ola




La etapa de mayor apogeo de la nueva ola, es decir cuando más cantantes de música rocanrolera en español se sumaron al mundo del disco 45, llamado también single o sencillo en otros países, fue entre los años 1962 y 1964, aunque muchos de ellos grabaron sólo uno o dos discos y luego siguieron en otra actividad.
Quiero citar aquí parte de un escrito llamado Revista Ritmo que inserté en la sección Diario de mi sitio en internet para aclarar qué tipo de música era la rocanrolera que identificaba a la nueva ola y también su relación con esta revista:

“Desde 1955/56 bajo las influencias de la música popular juvenil de EE.UU. e Inglaterra en forma de country rock, rock and roll, twist, rock lento o balada, rock paseo, rock calypso, y los grandes cantantes exponentes de ella, empiezan a surgir sus seguidores a nivel mundial y que en Chile se cristaliza 1959 con la aparición del disco de Peter Rock, otro de Nadia Milton y un semillero de cantantes juveniles que al principio sólo se manifiestan como imitadores en un programa llamado Calducho de la Radio Pacífico en Santiago.
Esta música esencialmente rítmica tenía características bien definidas:
El rock and roll, al igual que el blue, tenía como base cadencia de 3 acordes: Tónica, Subdominante y Dominante. Es decir si estuviéramos en tono Do sería: Do, Fa y Sol. Lo mismo pasaba con el twist. Ahora agregando a esa cadencia la relativa menor, en el caso de este tono Do el acorde La menor, daba como base con algunas variantes una cadencia que acompañaba miles de temas. Como ejemplo Amorcito, Silueta, Blue Moon, Verónica, El Diario, De vuelta del colegio, etc. etc.
Las canciones tenían letras con temas juveniles como el colegio en liceo o enseñanza media, vacaciones, pololeos, problemas juveniles, la edad del tonto, etc.
Pero tan difícil como cantar un tango en inglés con su gran cantidad de palabras, era al principio pasar al español canciones tan rítmica.
El 90% de las palabras en inglés son de una sílaba. Así en un compás de 4 negras podríamos decir:
I love you so, pero en español nos sobrarían negras: Yo te quiero mucho (6 negras).
Esa es una de las razones por qué se cantaba en inglés. Aunque hoy el rock derivado del rock and roll también es cantado en Inglés por grupos de cualquier nacionalidad.
Hasta ese entonces llegaban al disco sólo artistas adultos y consagrados en actuaciones o shows de radio, pero con este movimiento en EE.UU. se descubre un mercado consumidor juvenil (que siguió creciendo hasta hoy) y entonces se estimula la llegada al disco de adolescentes, no siempre con experiencia en escenario.
Así Paul Anka, Neil Sedaka, etc. o Peter Rock en Chile graban a los 14, 15 o 16 años.
En Chile al principio y por un buen tiempo casi teníamos sólo difusión radial. No había medios de prensa dedicado a nosotros, no había televisión, ni video, ni fotógrafos dedicados a la ‘farándula’.
Ecrán, revista de cine, dedicaba a este movimiento una cuartilla en páginas posteriores. Se llamaba Pick up. Y poco a poco a medida que nuestra música se imponía en el gusto popular, cambió a media página, después a página completa; luego dos páginas en el centro de la revista al que llamaron Rincón Juvenil.
Siguió tomando fuerza y en 1964 Rincón Juvenil se convirtió en revista.
Luego “sólo en 1965 nace la revista Ritmo” de la editorial Lord Cochrane.
Pero para ese entonces los ritmos y música ya habían cambiado, incluso con Los Beatles por medio, con todas sus innovaciones.
Y en Chile se volvía a lo melódico con el Pollo Fuentes, Villadiego, Gloria Simonetti, y a nuestras raíces con grupos del movimiento del neo folclore.
Y eso sí cubrió en buena forma la revista Ritmo, además de una liviana ‘farándula’ con algunos artistas que venían de la nueva ola como Pat Henry, Gloria Benavides, y otros.”
Fin de la cita.

En esos años ’60 en Santiago llegaron haber 6 emisoras con auditórium y shows en vivos acompañados con grandes orquestas: a la radio Pacífico a fines de los 50's se agregaron La Minería, La Cooperativa, La Portales, La Corporación y al final un tiempo, la Balmaceda. Tantos esos shows radiales como su programación durante el día fueron fundamentales para el desarrollo de la música nacional y especialmente la de la nueva ola.
Junto con tocar como ahora música foránea, se le daba la misma importancia y tiempo a los artistas nacionales.
Parte de la vigencia que aún tienen algunos artistas de los 60's se debe a ese apoyo. También le dio gran auge a la música neo folklórica.
Hoy ni siquiera el folklore tradicional se difunde y lamentablemente la mayoría de las emisoras obedecen las leyes de la globalización y los famosos ratings y, al igual que la televisión, han mermado notoriamente su contribución a la cultura y el apoyo a los artistas nacionales. Salvo excepciones, tampoco cuidan mucho la calidad vocal, dicción y cultura de sus animadores o locutores y los temas y lenguaje de conversación son los mismos de "los cabros en la esquina".

También durante ese tiempo se vivió una hermosa época de amistad y compañerismos entre nosotros. Los shows de radios nos mantenían conviviendo continuamente, puesto que en cada programa participaban casi todos con un par de canciones. También lo hacían las giras y además nos visitábamos en nuestras casas.
Recuerdo malones y tertulias con los simpáticos hermanos Encina, Mario y Jaime que formaban el dúo Los Dólares, con Sergio Inostroza, con Willy Montis, con Gloria Benavides que era muy amiga de mi hermana María Elena y que en ese entonces se parecían mucho físicamente.

También en ese entonces se formó el equipo de futbol de la Nueva Ola. Los mejores y más entusiastas eran Buddy Richard, Pat Henry, bastante bueno Marco Aurelio (bolerista, no nueva ola), José Arturo que además de cantar, jugaba en el Magallanes.
Yo era bien malito y jugaba poco, pero como se hacían importantes partidos a beneficio, entonces participaba jugando unos 10 o 15 minutos y cantando en el show que se hacía conjuntamente.
Muchas veces se jugó con la juvenil de equipos profesionales, como con Everton en Viña, O'Higgins en Rancagua, Naval en Talcahuano.
Según los compromisos de cada uno, no siempre jugaban los mismos.
En todo caso cuando yo no podía, me representaba mi primo Ricardo Ramírez que jugaba en el Ferroviario.
Equipo de Futbol de la Nueva Ola

Abajo: Pato Salazar, Buddy Richard, Roberto Carvajal, Danny Chilean, Larry Wilson
Parados: Jaime Encina (Los Dólares), Ricardo Ramírez, Fdo. Montés, José Arturo,
Mario Encina (Los Dólares) y amigo.


Pasada la mitad de la década de los ’60 cuando el movimiento decae, muchos cantantes se fueron del país, como por ejemplo Pat Henry, Larry Wilson, Nadia Milton y varios más a México; Los Carr Twins, Willy Montis, Bob Bryan (Roberto Carvajal), Fresia Soto, Gloria Aguirre y muchos otros a EE.UU. Otros como Luis Dimas se fueron a Canadá. En esos países casi todos se dedicaron a otra actividad.
Otros se quedaron en Chile, pero alejándose del canto e integrándose a otros trabajos.
Muchos volvieron 25 a 30 años después a la actividad sólo cuando vino el “bum” de la nueva ola como consecuencia del éxito de un programa especial de la serie “Siempre Lunes”, donde Vodanovic presentó a 16 cantantes del movimiento, incluido yo.
Somos pocos los que nunca dejamos la actividad del todo y que estuvimos en las buenas y en las malas, trabajando duro no sólo en eventos y festivales, sino también en restoranes y en la sacrificada actividad bohemia como boîtes y centros nocturnos durante los sufridos años de la dictadura.
Durante todo ese periodo y hasta ahora compartí con una gran artista y profesional, pero sobre todo gran amiga y excelente persona. Me refiero con cariño y respeto a Marisa.




Capítulo 5

Argentina




Actuando en Buenos Aires


Tal como se mencionó anteriormente, durante el año 1962, la RCA argentina había empezado a sacar todos mis discos en ese país y habían tenido el mismo éxito que aquí. En esos años Argentina estaba en su esplendor. Una fuerte economía, un movimiento cultural enorme. Grandes artistas europeos llegaban a Buenos Aires, sin que pensaran venir a Santiago. Allí por ejemplo vi en un teatro el show Maurice Chevalier.
Todos los cantantes con éxito de la nueva ola argentina (club del clan) hacían películas. Nosotros aquí escasamente hacíamos fotonovelas.

Nuestro cine chileno de entonces: una fotonovela


En Mayo de 1963 me tocó viajar a Buenos Aires a cumplir un fabuloso contrato. Eran dos actuaciones en el programa ‘Escala Musical’ de Canal 13, en dos domingos seguidos. En el primero show actuó Carlinhos y su bandita, luego Palito Ortega y luego mi actuación. En esos dos fines de semana, tanto el viernes como el sábado, 4 actuaciones cada noche en grandes clubes donde la gente iba a bailar y ver a cantantes; algunos pertenecientes a los clubes de futbol y otros más pequeños. Unos 2000 clubes en toda la capital federal en esos años.
Además de los discos singles 45 rpm, la RCA argentina ya había editado un álbum long-play llamado ‘Este es Danny Chilean’.
En esa época la edición de un álbum con 12 temas era como un premio, un reconocimiento al éxito de un cantante.

Afiche en la calles de Buenos Aires


En mi escrito Los Cerrillos en Vivencias de mi sitio en internet, cuento parte de esta experiencia. Comienza diciendo:
“Con el cierre del aeropuerto Los Cerrillos, vienen recuerdos y nostalgias.” Luego de contar detalles ya referidos, el escrito continúa:
“Después de muchos despegues y aterrizajes en esas pistas tras actuaciones por el país, en Mayo de 1963 realizo mi primer vuelo internacional, bastante anecdótico:
Despego de nuestro pequeño y sencillo Cerrillos para llegar al, por ese entonces, gran aeropuerto internacional Eseisa de Buenos Aires.
Yo con la boca abierta. Una larga e impresionante autopista para llegar a una enorme ciudad, la población de todo Chile en ella y. . . oh!  alimento para el ego: las calles plagadas con grandes afiches anunciando mis actuaciones.
Luego otro abrir de boca: El ensayo con la orquesta en Callao 11 (calle y número), un negocio con salas de ensayos, lo cual aquí no había, con todas ellas ocupadas con orquestas de tango, orquestas tropicales, grupos rockeros, coros, solistas, etc. y en donde había que reservarlas con anticipación. . .
Bueno aquí en Chile también avisábamos con tiempo, pero al perico de la batería para que prestara su casa.”
Fin de la cita.

Llegando en un cuadrimotor de
Aereolíneas Argentina a Buenos Aires


Regresando unos días a Chile dejé grabado otros dos discos, ‘Isabelita’ y ‘Bimba’ con relativo éxito, junto a temas originales en sus lados B. Después seguí el resto del año trabajando en Argentina.
Un día en Buenos Aires, estando en la oficina de Ben Molar, compositor y director de la editorial Fermata, éste me dice:
— Escucha Danny — mientras ponía un disco en el fonógrafo.
Y comienzo "como a escucharme" cantando Norma en italiano. . .
— Y esto qué?. . . Cómo?. . . — le pregunto.
— Es Tony Dallara que hizo un cover de tu disco en italiano, con el mismo estilo, el mismo arreglo.
Fue una satisfacción artística. Pero de vuelta en Chile jamás lo comenté, incluso lo había olvidado. . . hasta unos días atrás en que el “profe” Jaime Campusano, que tiene un programa en radio Digital en Internet, con los temas originales extranjeros que los chilenos de la nueva ola hacían "covers" en los ’60, me mandó un email (el 4/10/2007) con el tema en MP3 preguntando si yo se lo había copiado a Tony Dallara.
Fue una sorpresa para él saber la historia y que al revés, el cover había sido hecho a un chileno.

Cover de Tony Dallara para mi éxito "Norma"


También mi canción Verónica fue grabada en varios países por otros cantantes, lamentablemente sólo tengo en mi poder la versión hecha en Brasil por el cantante carioca Carlos Gonzaga, de una hermosa voz y en su estilo, pero copiando el arreglo de mi disco.

Cover del brasilero Carlos Gonzaga
para mi canción "Veronica"


De vuelta al país en 1964 vuelvo a tener un éxito en los primeros lugares del ranking con el disco ‘Susy o Lucy’ y en el reverso ‘Julie no me quiere más’.
En el verano de 1965 llega a los primeros lugares ‘Playa playa’ , canción que el compositor cubano radicado en Chile Nelson Navarro escribe para mí cuando, en una plática de café, le cuento de las playas de mi tierra natal Mejillones. Al reverso del disco otro tema original: ‘Regresa amor’.
Luego le sigue el éxito de un tema original con ritmo de shake ‘Rita, qué linda eres’, canción que le compuse a Rita, una bella artista argentina que vino a presentarse en nuestro país. En el lado B del disco otro tema original dedicado a ‘Inés’.

Luego, por solicitud del sello y haciéndome salir equivocadamente de mi línea de canto, compongo y grabo en un disco dos ritmos de moda: ‘Yenka de la alegría’ y ‘A la refalosa’ , siguiendo la onda del neo folklore del momento.
Luego otro éxito, el disco ‘Escándalo en la familia’ y en su lado B, ‘Cosas de enamorados’ tema original. Este disco ‘Escándalo en la familia’ también pegó en Argentina. Tengo en mi poder un álbum long-play editado allá con grandes éxitos de los cantantes trasandinos del club del clan, nueva ola de ese país, como Palito Ortega, Johnny Tedesco, Violeta Rivas, etc. y estoy entre ellos con ese tema. (No obstante, la radio Oasis toca hoy en día la versión de un francés).
Finalmente ese año la RCA chilena edita el álbum long-play ‘¿Cuál de ellas?’ con canciones con nombre de mujer. Como dije anterior un álbum era reconocimiento al cantante. De hecho son poquísimos los artistas de la nueva ola con un álbum vinilo de la época.
En 1966, luego de grabar ‘Cara mía’ y la cumbia original ‘Linda, bailemos cumbia’ llega a RCA un nuevo director, el señor Serrano con un nuevo elenco de artistas de su agrado y pone término a mi contrato.
En los días siguientes firmé contrato con el sello Philips y grabé un gran éxito que dio después el título a un álbum long-play, fue mi canción original ‘Sólo fue ayer’.
Durante tres años, entre 1966 y 1968 grabé varios singles 45 y el mencionado álbum con 11 canciones originales.
Durante todos esos años de éxitos entre 1961 y 1966 fui figura estelar en los shows nocturnos de las radios con grandes auditórium y grandes orquestas con piano, violines e instrumentos de viento, como Minería, Cooperativa, Portales, Corporación, etc. cuyos contratos eran anuales, firmados en el mes de noviembre o diciembre anterior para actuar unos cuatro meses alternados, los cuales a su vez uno los alternaba con los contratos de otras radios.
También shows en el teatro Caupolicán, el cual yo llenaba totalmente, muchas giras y actuaciones en festivales y eventos.
Antes de seguir con mi historial discográfico de 1970 adelante, quiero volver en el tiempo, a 1961 y hacia adelante para recordar otras vivencias tanto artísticas como personales.




Capítulo 6

Familia y matrimonio




Tal como ya antes lo mencioné, en 1962 después de mi primera gira compré en la comuna de La Florida una casa para mis padres. Era una casa sólida no muy grande con antejardín y un largo terreno hacia atrás con muchos árboles frutales. Unos meses después compré la casa vecina que hacía esquina y que después sería por un tiempo la casa de mi primer matrimonio. Primero se vino mi madre con mis dos hermanas, ya que junto con un cambio de clima era urgente llevar a María Elena a un recomendado especialista en asma, un doctor de apellido Grau, ya que su enfermedad seguía cada vez más grave.
Lamentablemente este doctor siguió con un sistema medicamentoso más fuerte, suministrándole cada vez más dosis de corticoides, deteriorando otros órganos como el páncreas, riñones, hinchando su cuerpo e insensibilizando su piel y llegando a estar casi siempre con una pulsación sobre 120.
No podía hacer ninguna actividad física y según el médico ella no iba a poder tener una vida normal como la de casarse y tener hijos.
Llegó un momento en que definitivamente el doctor se dio por vencido y pronosticó un desenlace fatal.
En mi búsqueda constante de superación y nuevos conocimientos, un tiempo antes había llegado a mis manos el libro de Don Manuel Lezaeta Acharán sobre medicina natural y cuyas enseñanzas yo había empezado a seguir junto con otras disciplinas como ejercicios de yoga. Sin tener mucho que perder, mi madre aceptó por fin mi deseo de llevarla donde el Sr. Lezaeta hijo, que era quién estaba a cargo por entonces. La examinó a través del iris y le prescribió el tratamiento único que este sistema aplica para casi todas las enfermedades de origen funcional.
Le hizo bajar lentamente, dentro de dos o tres meses, la dosis de drogas que el doctor le hacía tomar diariamente hasta llegar a cero.
En el Hogar naturista de Tomás Moro se daba los baños a vapor de cajón con alternancia de frotaciones de agua fría. Debía dormir con cataplasma de barro sobre el vientre. Durante el día un par de baños genitales, que consiste en remojar con agua fría durante 10 ó 15 minutos la parte genital. Algunas yerbas como Platero o Limpia Plata y la alimentación solamente frutas y verduras.
Como cientos de personas, incluso extranjeros que venían de todas partes al Hogar, mi hermana poco a poco se fue mejorando hasta restablecerse plenamente. Fuera de la consulta inicial, el Sr. Lezaeta nunca más la volvió a ver, ya que el tratamiento es uno sólo para todas las enfermedades y busca restablecer el equilibrio funcional de todo el organismo.
Yo la apoyé con el financiamiento en un instituto de cursos dos años en uno de enseñanza media, la cual había perdido. Luego entró al DUOC, después entró a trabajar, se casó y tuvo cuatro 4 hermosas hijas y por ahora ya tiene dos nietecitas.

Un tiempo después mi padre se retiró de la minera en Chuqui, lo cual fue bueno para su salud y se vino a la capital comprando un auto para trabajar como taxi.
En esos años aún no existía la norma de ser pintados amarillo-negro, sino del color que fuera el vehículo. Pero habiendo vivido toda su vida en la pampa no se animaba a salir a trabajar, sentía pánico al activo tránsito.
Como yo tenía tiempo y él debía pagar cuotas por un saldo adeudado por la compra, un día me animé y salí a trabajar yo para darle una mano y ver qué pasaba con esa actividad.
Yo había logrado obtener licencia de chofer clase A después de un curso hecho en una escuela de conducción, creo llamada San Cristóbal. La sorpresa fue enorme cuando descubrimos la cantidad de dinero que se ganaba en ese entonces. Llegué en el atardecer y puse sobre la mesa todo el dinero ganado en el día y era realmente importante. Estamos hablando a fines de 1962.
Lo hice como tres días y lógicamente no podía seguir por mis compromisos. Se animó por fin a salir, pero sí acompañado de su sobrino Ricardo como copiloto. Obviamente, la mitad de la clientela no se animaba a subir al ver a dos personas en el taxi. Finalmente decidió regresar a Chuqui y trabajar el taxi allá en el mineral donde le fue bien y estuvo un buen tiempo antes de volver a Santiago, cuya historia retomo más adelante.

El primer viaje a Buenos Aires los primero días de mayo de 1963 para cumplir dos fines de semanas de contrato, me acompañaron mi representante Luciano Galleguillos, el guitarrista Oscar Arriegada como apoyo a las orquestas argentinas y. . . Verónica, con quien me había casado unos días antes.
La decisión de hacerlo, creo que equivocada y precipitadamente, la había tomado un par de meses antes en un estado de ánimo muy depresivo después de varias negativas vivencias; entre otras aquella contada en el escrito Payola y en lo personal las infelices actitudes de mi padre hacia mí, las cuales lamentablemente seguirían de por vida.
Ella tenía tan solo 17 años, muy regalona de su padre y viviendo hasta entonces en pleno centro de una alegre ciudad, con actividades juveniles, rodeada de amigas y amigos e imberbes enamorados pretendientes.

Yo con 22 años, pero con la inmadurez en esos años equivalente a la de un joven de 18 hoy en día, sobre todo al no contar con la orientación que hoy los jóvenes tienen con facilidad y en lo personal sin un apoyo, una guía u orientación familiar.
En verdad lo que yo buscaba subconscientemente era un amor fraterno, una comprensión a mi desequilibrios emocionales y psíquicos, un apoyo y compañía a mi soledad en medio de tanta gente aparentemente a mi lado.

Pensé que al casarme iba a lograr aquello. Pero estaba lejos de lograrlo ya que en un análisis posterior, años después, me daría cuenta que ninguno de los dos estaba realmente enamorado.
Si ni siquiera nuestros signos zodiacales eran afines: Ella Aries, yo Capricornio. Creo que en el momento de ella decidir unirse a mí fue víctima de las circunstancias: El éxito y el aura romántica que producía la canción Verónica, la expectación y comentarios de sus amigas y amigos, obviamente también la natural pasión juvenil y el apoyo y consentimiento de su madre que viajó con ella a Santiago con el fin de componer el pololeo que en un momento había terminado, comentando de regreso en la familia que yo era un buen partido; lógicamente en el sentido económico ya que yo estaba en la cima de mi carrera.
En la segunda visita y con una permanencia más prolongada en Argentina y con la posibilidad de quedarnos allá, la convivencia matrimonial empezó andar mal.
En la solitaria vida en hoteles ella extrañaba a su familia. Yo empecé a sufrir el típico ‘mal de patria, que hace volver a los artistas chilenos al terruño y regresando a Chile, tiré por la borda la oportunidad de seguir mi carrera en Argentina ya que la había pegado muy fuerte allá y en ese entonces ese país era un fabuloso mercado laboral para los artistas y también abría las puertas para todo el mercado latinoamericano.
Pero de regreso en Chile, la convivencia matrimonial no mejoró. Creo que si hubiésemos vivido en estos tiempos el matrimonio habría durado uno o dos años. Pero la mentalidad y cultura de la sociedad en esa época presionaba a seguir adelante, como también la responsabilidad por los hijos.
Vanamente nosotros seguimos doce años antes de la nulidad definitiva.
Causas negativas para llegar a ello la pusimos ambos, pero sólo citaré una de las mías:
Por las vivencias adversas en mi niñez, ya adolescente y luego joven adulto buscaba lo bueno, lo justo, lo bello y no me imaginaba lo contrario. Pero parece que el subconsciente de la mente no camina junto a tu alma y un día cuando ella aún era sólo mi polola, pidiéndole yo explicación por un acto de infidelidad de su parte, reconociéndome el hecho extrañamente me grita coqueta y desafiante:
— ¡Pégame!. . . ¡Cachetéame que me lo merezco! Una fuerte cachetada no se hizo esperar.
Siempre sentí que esa bofetada, ese acto de celos y rabia gatilló y desencadenó mi falta de respeto y los actos de violencia durante ese matrimonio.
En 1964 había nacido nuestro hijo Javier Eduardo y a fines de 1965, nuestra hijita Verónica que tan sólo vivió 6 meses al nacer con fallas constitucionales en el corazón, problema congénito provocado por la diferencia de RH positivo yo y RH negativo su madre. Hecho que un negligente ginecólogo no detectó y que produjo graves daños en el segundo embarazo. Fue un golpe duro a nuestras vidas.

Mi hijo Javier Eduardo en un dibujo mío


Lamentablemente la violencia intrafamiliar también afectó un poco a mi hijo Javier Eduardo. Dicen que un hijo castigado es después un padre castigador. Claro que jamás fue al nivel que yo sufrí, más bien eran esporádicas pérdidas de control gatilladas aparte de mis traumas por muchos factores, entre ellos la continua intromisión en nuestras vidas de su familia. No obstante que estos castigos a mi hijo fueron mínimos, fue motivo por mi parte de estar de acuerdo con la separación tiempo después, ya que era una forma de protegerlo de lo que yo había vivido.

Creo que utópica o idealmente un cantante o músico chileno no debería casarse a menos que su pareja fuera también una aventurera musical.
Es tan pequeño el país y tan grande su amor por lo foráneo que, una vez que deja de ser ‘la novedad del año’, irremediablemente tendrá problemas económicos. Siempre fue así. Claro que actualmente tiene la posibilidad de, olvidándose de sus sueños, convertirse en animador o panelista de televisión.
Ocurrió entonces que después de los cuatro o cinco años de éxito, poco a poco los contratos empezaron a disminuir mientras sí aumentaban mis responsabilidades como jefe de hogar. En esa época las esposas no trabajaban y se quedaban en casa y algunas, como en mi caso, solicitaban además una nana. Como me había acostumbrado a ponerle el hombro de muchacho y con la experiencia que había tenido cuando ayudé a mi padre con su taxi, no pensé dos veces en 1965 sacarle patente de taxi a mi Chevrolet 1951, ya que en esa época los taxis eran de cualquier color.
En cualquier momento salía a trabajar y en pocas horas volvía con un montón de dinero. En esos años la locomoción colectiva era muy escasa sobre todo en el sector oriente. Vivíamos en Las Condes cerca del Estadio Israelita y cuando salía temprano en la mañana alrededor de las siete y media u ocho, la gente se peleaba el taxi para ir hasta el centro lo que salía algo así como $ 3.000.-
A veces se subían dos o tres y compartían el costo. Un día que se subieron 5 (los autos en ese tiempo tenían el cambio al volante con tres asientos delanteros, sin butaca) yo medio molesto les digo que deben pagar $ 1.000 cada uno. Accedieron gustosos.
Bajada: derecho por Las Condes, Apoquindo, Providencia, Alameda. Luego Morandé y Compañía hacia arriba. En la Plaza de Armas se bajaron los últimos.
Se me ocurre entonces escribir en un cartoncito “Las Condes $ 1.000” y vacilantes y extrañados pasajeros, luego de preguntar. . . ¿Las Condes a $ 1.000?. . . se empezaron a subir poco a poco. Llegando al Estadio Israelita volvía hacer la gracia varias veces en la mañana. Entusiasmado volví hacerlo los días siguientes y pronto se me unieron otros taxistas. Alrededor de las 11 de la mañana, empezamos a juntarnos frente al hospital de la FACH a conversar y comentar el buen negocio que habíamos descubierto.
Creo haber sido el fundador o cofundador del sistema de taxi colectivo o al menos de la línea Estadio Israelita – Plaza Bulnes que después otros formalizaron en el Ministerio de Transporte. Le escribí a mi padre que podía venirse a trabajar su taxi a Santiago en el sistema ya que debía seguir una única ruta sin tener que ir a sectores que no conocía y lo ponían nervioso. Se vino de inmediato y arrendando casa cerca de allí, trabajó en esa Línea por muchos años hasta que se jubiló.
Yo seguí esporádicamente y sólo por un corto tiempo; luego mi auto lo trabajó allí un chofer.

Durante esos años, hasta 1968, seguí mayoritariamente trabajando en lo artístico, obviamente sin ser ya primera figura, pero en mis actuaciones siempre recibía el cariño y el apoyo fuerte del público.
Recuerdo una vez que me contrataron para actuar en el Caupolicán junto al Pollo Fuentes, máxima figura en esos momentos. Me ponen penúltimo en el show previa la actuación del Pollo. El teatro repleto. Termino mi actuación y el público mayoritariamente juvenil no dejaba de aplaudir y gritar haciéndome volver a cantar una y otra vez y José Alfredo esperando detrás de la cortina nervioso y molesto por la situación, cuestionando al productor por qué me había puesto en ese lugar. Lo mismo que le ocurrió con Joe Vasconcellos años después en el festival de Viña, excepto que en el Caupolicán no pudo cambiar la actuación para otro día como en el festival.
Tal vez ese hecho influyó para que posteriormente pasaran cosas extrañas, como por ejemplo cuando por pedido del casino de Viña donde él animaba y tocaba la orquesta de Horacio Saavedra, tuvo que realizar una producción con 5 cantantes nueva oleros y que tenían que cantar sólo una canción, uno de sus éxitos, junto a un tema entre todos. Para mí eligió la canción Peggy Sue (¿?). . . No Josefina, no Verónica, No Norma, No Corina o Susy o Lucy. . . si no que Peggy Sue.
Acepté sin oponerme ya que el contrato era bueno y además no aparecer como tantas veces como "conflictivo"


Capítulo 7

De giras por pueblitos chilenos a EE.UU.




De esos años recuerdo unas giras muy especiales de las cuales escribí hace un tiempo en Vivencias en mi sitio y que paso a citar:
"En 1967 cuando mi popularidad había mermado un poco como era de prever, un empresario me contrató para hacer unas giras que llamaban por “pueblos chicos”.
La primera duró todo Enero y Febrero, partiendo desde Santiago y llegando finalmente a Puerto Montt, actuando todos los días, pero sin hacerlo en Rancagua o San Fernando, tampoco en Talca o Chillán, ni en Concepción, Temuco, Osorno o Valdivia.
Se hacían los shows en pueblitos que quedaban al interior de las ciudades grandes, cientos de ellos. Incluso, vermú en un pueblo y nocturna en otro, distantes 10 o 15 kilómetros en promedio.
La televisión no había llegado a regiones todavía y la gente asistía en masa a los eventos. Se hacía todo con mucho sacrificio y en condiciones precarias. La amplificación la llevaba el productor y consistía en un amplificador que se activaba con batería de auto (se llevaban varias de recambio y recarga) y bocinas de parlantes.
Se actuaba en escuelas, recintos de bomberos, galpones o, con suerte, en gimnasios. En algunos pueblos según fuese, algunas personas llevaban sus sillas y no faltaba por ahí algunos que pagaban sus entradas con huevitos o productos de sus cosechas.
Yo que era la “estrella”, cerraba el espectáculo acompañado sólo de mi guitarra. La gente feliz.
Pero más feliz era yo que disfrutaba del cariño de esa gente sencilla, bondadosa y amable. Gente campesina. No había hoteles, lógicamente, y entonces el alojamiento lo daba la familia con la mejor casa. Abundante comida de campo y mucha fruta.
Feliz de conocer lugares maravillosos que ni como turista se pueden conocer, rincones hermosos escondidos entre cerros y quebradas. Además en cada lugar llegaba pidiendo prestado un caballo para cabalgar, cosa que me atraía desde niño cuando veía las películas de cowboys en el norte, en Chuqui, donde eran escasos hasta los burros.
Para el norte entre Santiago y La Serena o hasta el valle de Elqui, la cosa era similar, pero más allá la gira se ponía brava, pues eran pueblos o campamentos mineros en medio de cerros, las distancias eran grandes y los caminos malísimos. Muchas veces equivocábamos las huellas y nos tomaba más tiempo aún.

En 1968 hice una gira que no todos los artistas han tenido la suerte de hacer.
Luego de actuar en varias ciudades y pueblitos en la Isla Grande de Chiloé, cruzamos en un pequeño avión y actuamos, entre otras, en Coihaique, Puerto Aisén, y navegando el Lago Gral. Carrera, llegamos a actuar a Chile Chico, a 4 kilómetros de Argentina. Todos lugares maravillosos."
Fin de la cita.

En los ’50 y ’60 el famoso sueño americano, es decir irse a vivir a EE.UU. era muy fuerte. En Chile como en la mayoría de los países sudamericanos la pobreza era grande. La gente ganaba muy poco y todo lo importado era carísimo debido a los altos impuestos de aduana. Mucha gente compraba a crédito hasta el paragua, que sí duraban años y eran nacionales. Aunque parezca increíble, existía en Santiago un negocio especializado llamado “La Casa del Paragua”. Además el cine norteamericano nos mostraba un mundo esplendoroso y perfecto. Miles de chilenos se iban a vivir allá. Incluso varios cantantes de la nueva ola lo hicieron y no volvieron más.
Así fue como en 1969 decidimos con Verónica irnos a vivir allá. Obviamente no juntos con el niño, si no yo adelante para luego llevarlos.
En el curso de inglés por correspondencia que había hecho en los ’50 y que era de un instituto de Los Ángeles, California contaban maravillas de esa ciudad y estado y para allá tome rumbo en un bus de la Grayhound desde Miami.
Un viaje larguísimo que me permitió conocer el borde sur de EE.UU. y practicar mucho inglés con los diferentes pasajeros que iban subiendo y bajando entre tramos y ciudades. Una vez allá me radiqué en Pasadena donde vivía un amigo chileno de origen alemán con su familia y que tuvo la gentileza de orientarme.
Arrendé un pequeño departamento ubicado en la calle Marengo St., de un ambiente con la típica cama que bajaba de la pared donde en el día se ocultaba. Era un sector netamente anglo con muy pocos latinos.
Había llevado poca ropa para así adquirir la que se estilaba allá. Recuerdo que en Sears compré esos típicos pantalones gringos a cuadrillé y unas casacas muy coloridas.
Debido a mi buen oído y al intenso estudio de inglés, yo podía hablar casi sin acento español. Claro que al principio hablaba un 90% y entendía un 50%.
“Para conseguir trabajo necesitas la tarjeta del ‘social security’ – me comenta mi amigo – pero creo que con el inglés que tú tienes, más las pintas que compraste puedes obtenerla. Vamos a ir a la oficina tipo cinco, ya que cierran a las cinco y media de la tarde y los dependientes están ansiosos por terminar la pega”.
Llené la solicitud como oriundo de un pueblito del interior y la dependiente me informó que en una semana me llegaba la tarjeta a mi dirección enviada desde Sacramento.
“Bien – me dice mi amigo ¬ – cuando te llegue la tarjeta, te cambias de dirección y por ningún motivo manejes un carro”.
Cuando recibí la famosa tarjeta, que todavía la conservo de recuerdo, me cambié a una residencial (a boarding house) a unas cuatro cuadras en la misma calle y en donde me entretenía bastante, pues pasaba mucho en el hall compartiendo con otros inquilinos, todos gringos.
Conseguí empleo en una empresa en Glendale donde camino a su trabajo me pasaba a dejar mi amigo. Recuerdo que me pidieron abrir una cuenta corriente en Bank of America, con cheques con mi nombre estampado, en donde me depositaban el sueldo. Todo gracias al buen inglés y además que en esos años las leyes de inmigración no eran tan rígidas y estrictas como las de ahora.
Pero poco a poco ese mundo de buenas expectativas, sobre todo debido a mi forma de pensar fue cambiando.
Era la época de los hippies y de un descontento de la juventud por el sistema y el agobio de la guerra en Vietnam.
En las tardes o fines de semana me iba a un parque en Hollywood, en donde prácticamente vivían miles de hippies y jóvenes rebeldes para conversar con ellos, practicar mi inglés y compartir experiencias.
Algunos se quejaban de cómo era posible que hasta los 18 años no les permitieran comprar una cerveza, pero cumplidos estos los mandaban a matar gente a Vietnam. Otros se quejaban que no veían a su madre o a su padre desde mucho, ya que se habían casado una o dos veces más y ya no les sabían ni el paradero. Otros que tenían de todo en su casa, modernos artefactos, hasta cepillo dental eléctrico, pero que no había vida familiar ya que sus padres estaban muy ocupados tratando de ganar más dinero.
Para muchos tal vez más defecto que virtud, siempre he dado más valor a lo espiritual y empecé a pensar que lo que lograría materialmente iría en desmedro de aquello, sobre todo para mi hijo, puesto que comencé a darme cuenta como ya en ese entonces había problemas de drogas en colegios; un materialismo aplastante en donde claro, una mayoría de inmigrantes estaban fascinados por haber podido fácilmente comprar un “carro”, lo que consideraban como gran objetivo de vida; cada generación con su guerra de turno para defender grupos y objetivos económicos; niños y jóvenes en un creciente porcentaje con obesidad mórbida debido a una alimentación adictiva y chatarra; luego el continuo aumento de degeneración sexual con el influyente mundo gay, etc. etc.
Poco a poco comencé desilusionarme de vivir en esa sociedad y a pensar la posibilidad de regresar. Claro no imaginaba que muchos de esos problemas también los tendríamos en 30 o 40 años después en nuestros “países en desarrollo”.

Viví también una experiencia hermosa de amor y pasión. En la residencial alojaba una muchacha llamada Sue con su hija de nombre Kira de 3 años de edad. Ella estaba divorciada. Era una gringa hermosa de pelo largo y un cuerpo sensual. Pronto nació entre nosotros un romance y una relación apasionada. Tan intensa y bella era nuestra relación que en esos días de la llegada del hombre a la luna que pasaban por la televisión, nosotros la sentíamos como cosa secundaria, mirando las imágenes de soslayo y subconscientemente.
El amor entre nosotros empezó a crecer día a día. Fue un romance que tal vez podía haber durado toda una vida. Pero yo sentía un mea culpa, pensando en los que esperaban por mí y un día aunque con un dolor muy grande, decidí terminar y me cambié a la comuna de Torrance, un sector industrial al sur de Los Ángeles, en donde conseguí un trabajo nocturno en Harvey Aluminum, ya que era con un muy buen sueldo y así ahorrar y traer de vuelta. Allí viví los días más triste de mi vida. En una residencial, donde alojaban sólo trabajadores, dormía hasta pasado el medio día y al salir a la calle, como zona industrial, no andaba ni un alma; solamente vehículos iban y venían.
Comía en una fuente de soda cercana, generalmente una hamburguesa y un café, y al conocer y conversar con algunos parroquianos comprobaba lo que en los diarios en esos momentos comentaban, que 4 de cada 5 norteamericanos veteranos de la guerra estaban física, psíquica o emocionalmente enfermos. Nunca conocí tanta gente sola, como yo lo estaba, pero enfermos, deprimidos y hablando locuras o rayados con el tema de Dios.
Y en medio de ese triste ambiente, el recuerdo de Sue y mi amor reprimido, el recuerdo de la familia y mi hijo aquí en mi país. Era como estar en un abismo.
Esa tristeza la recuerdo cada vez que escucho a Bob Dylan cantar la melancólica melodía de su “Lay, lady, lay”, pues la primera vez que la escuché, venía a mis oídos como desde lejos, desde una radio en otra habitación del edificio, mientras yo venía despertando soñoliento y taciturno después de una dura jornada nocturna de trabajo, haciéndome sentir toda la pesadumbre y soledad del mundo en mi alma.
Al regresar mis razones que tuve para hacerlo no fueron entendidas. Para mi esposa y su familia sólo era un fracasado. Bueno, quizás tenían razón.

Pero como todo tiene su lado positivo, gracias al mayor dominio del idioma inglés alcanzado en ese país, entré a trabajar en Antofagasta en la empresa inglesa de carga naviera Pacific Steam Navigation Company; allí, cuando los barcos llegaban a puerto, debía ir a bordo para atender los requerimientos del capitán y su tripulación. Sólo trabajé cuatro meses y me vine a Santiago, ya que no me sentía cómodo viviendo en casa de mis suegros.

Fue cosa del destino que una vez en la capital aparece en el Mercurio un aviso en inglés de una empresa internacional que necesitaba un administrativo con dominio de ese idioma. Después de varios exámenes y entrevistas entre muchos postulantes, quedé seleccionado y entré a trabajar en la estación de rastreo de satélites de la NASA en Peldehue, cerca de Colina. Según el sector, diferentes vehículos tipo station pasaban a buscar y a dejar a la casa a los trabajadores. En mi vehículo que era sector oriente viajaban casi puros gringos. Era un trabajo en la sección Logística y había que cumplir 7 días seguidos de turno de noche, 7 días de turno de tarde y 7 días de turno de día de 8 a 16 hrs. Claro que el sueldo era buenísimo, pero los años allí se me pasaron volando al estar siempre deseando que llegara el turno de día que terminaba el viernes y tenía mi único fin de semana libre al mes.
También durante el tiempo que trabajé en la NASA tuve un gran adiestramiento en muchas áreas, ya que la política de la entidad era capacitar constantemente a los funcionarios con variados y diferentes cursos, sobre todo que así lo exige la Logística que era el área en donde yo me desempeñaba.
Toda entidad dependiente del gobierno de los EE.UU. debe certificar o acreditar el grado de dominio del inglés de los funcionarios extranjeros. En esa época usaban oficialmente un test de la Universidad de Georgetown y en Chile lo tomaba el Instituto Norteamericano de Cultura. Debido a que mis estudios habían sido siempre autodidácticos a partir del realizado por correspondencia desde National School de Los Angeles, sentí gran satisfacción al obtener en mi test un 95% en escrito y 90% en oral. Aún conservo ese certificado.

Durante este periodo, mientras trabajaba en NASA, grabé para el sello Caracol varios discos 45, entre los que destacan Flotando en el viento de Bob Dylan al que le hice una versión en español alternándola con la letra en inglés; Tu sonrisa quiero ver, una canción original. También mi versión en español de Nunca llueve al sur de California.
Pero casi no fueron tocados en radios debido a la negativa de la mayoría de ellas de no apoyar a este sello ya que su dueño don Antonio Contreras no respetaba los derechos y regalías de los artistas. Tiempo después las máquinas para fabricar discos vinilos que había adquirido jamás las pudo hacer funcionar debido a la crisis provocada por la piratería de la música editada en casette lo cual lo llevó a la quiebra.
La situación política de esos años hizo incierto el futuro de la NASA en Chile y antes de quedar cesante con más años y obedeciendo a mi espíritu lleno de inquietudes artísticas, decidí retirarme y volver a lo mío.
Esta decisión sumada a las expectativas personales que Verónica se había creado en el norte puso fin a nuestra unión en 1975, tras doce aflictivos años de enlace. El matrimonio fue legalmente anulado por el civil.



Capítulo 8

Mi verdadero amor era rioplatense




En 1976 tomo rumbo a Buenos Aires con la intención de radicarme definitivamente en Argentina. Quería dejar atrás para siempre 35 años de vida, los cuales son casi la mitad de los que hasta hoy he vivido. Quería nacer de nuevo en mente y espíritu, quería partir de cero en cualquier cosa, quería reinventarme. No sabía si seguiría en el canto o trabajaría en una oficina; tal vez estudiaría pintura o si quizás terminaría trabajando un taxi. . . o qué se yo, ¿viste?
Arrendé una habitación en un hotel familiar en la calle Rivadavia a unas cuadras de la Plaza Once. La cantidad de dólares que había llevado, los cuales en esa época tenían un altísimo valor allá, me permitieron tener casi 6 meses sabáticos. La cultura del pueblo argentino, con su enorme influencia europea sobre todo de italiana y francesa; su respeto a la persona más allá de su condición social; la relajada convivencia en los cientos de cafetines cuyo aroma se esparcía por las calles, me habían atraído enormemente las veces que antes había estado allá. Me dejé llevar por los días; deliberadamente por primera vez en mi vida no pretendía ni proyectaba nada. Recorría sus calles, a veces caminando hasta Lavalle y Florida, otras me acercaba el subte; un día iba a La Boca, otro caminaba hasta Palermo. A veces leía en una plaza, otras acostado en mi pieza.
Redescubrí a Neruda embriagándome con el romanticismo de Los Versos del Capitán. En las noches solía ir a ver obras teatrales que había para regodearse y con buenos actores. Pronto al hacerme de amigos del sector, me quedaba conversando con ellos hasta tarde en un café de la esquina mientras escuchábamos reiteradamente en la rocola a José Luis Perales cantar. . .’Si, si, si, te quiero con el corazón. . .’
Cuando se fue terminando mi dinero, me acerqué a un agente quien empezó a enviarme a cantar por fines de semanas a provincia. De pronto iba a Concordia, a Rosario o Mar de Ajó. También comencé hacer los trámites en inmigración para obtener la residencia.
Mas un día viernes 19 de Noviembre de ese año cambiaría mi vida para siempre y cientos de veces después daría gracias a la vida por haber estado allí. Comprendería que todo los sufridos caminos recorridos antes en mi vida me habían llevado allí: una sala de espera en una oficina era una estación donde yo, sin saberlo, esperaba su llegada; allí por el fondo de un largo pasillo apareció ella caminando con su sensual femenino andar, con su cabello largo y su alta y delgada figura, y al acercarse su rostro bello y su dulce mirada se adueñaron de mi sangre, mis pensamientos y mi alma.
Allí conversamos, allí nos conocimos. Seguimos conversando un par de horas en un café. Mirtha era uruguaya, vivía en Montevideo y estaba por un par de días visitando a su madre y hermanos que vivían en Buenos Aires. Debía regresar a su país. Una semana más tarde, el viernes 26 siguiente yo debía actuar en un teatro de la ciudad de Fray Bentos en tierra charrúa, ubicada al borde del río Uruguay que la separa de Argentina. Quedamos que ella viajaría desde Montevideo y nos encontraríamos allí. En esa hermosa pequeña ciudad se inició definitivamente nuestro romance.
Paseamos por sus calles, nos bañamos en una tranquila playa del río y en la tarde camino al teatro tomé su mano. Ella dice haber sentido lo mismo que yo: Un placer sensorial, una energía electrificante, una satisfacción infinita, un sentirse dueño del mundo, más no obstante todo lo dicho, un sentimiento y una sensación inexplicable con palabras.
Después ella debía volver a su trabajo y yo volver a Argentina para actuar un fin de semana de Diciembre en Mar del Plata. Nuevamente nos separamos. Pero terminado ese contrato viaje ansioso a Montevideo. Ella no me esperaba. Golpeé la puerta de la casa de su tía Maribel con quien ella vivía y al abrirme ambos nos dimos cuenta que nuestro amor había crecido aún más. Salimos a caminar y conversar por la avenida 8 de Octubre, cercana a su casa y ya luego pasamos juntos unos diez o doce días, incluyendo noche buena y navidad, viviendo feliz e intensamente nuestro naciente amor.
Yo regresé a Chile a pasar el año nuevo con mis padres y hermanas y ella quedó de venir a Chile en sus vacaciones de Febrero.
Después de pasar sus vacaciones conmigo volvimos a fines de Febrero a Buenos Aires. El mismo día de llegada allá la fui a despedir en su viaje de retorno a Montevideo en el Vapor de La Carrera que partía a las 9 de la noche.
No habíamos decidido qué camino tomar. Ella por de pronto debía volver a su trabajo y yo seguía con la idea de vivir en Buenos Aires, pero ya no tan seguro de ello.
Volví al hotel y casi no dormí pensando en ella. El día siguiente fue triste, yo sentía una inmensa nostalgia y todo pensamiento o inquietud de futuro dejó de tener aliciente sin ella. Al atardecer tomé la decisión. Dejé la mayoría de mis pertenencias en un par de maletas, entre ellas ropa, discos, fotografías, revistas, premios de mi carrera guardadas en custodia del hotel, las cuales jamás volvería a buscar y viajé esa noche rumbo a Montevideo, también en el Vapor de La Carrera.
Este era un famoso vapor de turismo con casino y entretención a bordo y que hacía el viaje muy lentamente durante la noche, llegando a Montevideo alrededor de las 7:30 de la mañana. Hoy se encuentra como reliquia anclado en el barrio de La Boca.
Mirtha trabajaba como asistente de un dentista y allá llegué a buscarla a la salida de sus labores aquella tarde. Junto con sorprenderse se alegró, nos abrazamos, nos besamos y ya no nos separamos más. Nos fuimos a vivir en una residencial a un par de cuadras de la avenida 18 de Julio, cerca de la Plaza de la Independencia. Yo conseguí dos o tres contratos en algunos importantes negocios nocturnos y luego de dos meses de hermosa y apasionada convivencia en esa tranquila y bella ciudad, nos vinimos definitivamente a Chile, llegando un primero de Mayo de 1977.
Durante algunos meses trabajé un taxi Simca 1000. Pero un día 26 de Octubre de ese mismo año no salí a trabajar temprano.
Mirtha y yo junto a mi amigo Patricio Troncoso, como mi padrino y testigo, y junto a la señora Raquel, amiga de Mirtha como su madrina y testigo nos juntamos a las 9 de la mañana en el registro civil de Providencia, allí en calle Los Leones para casarnos y unirnos en matrimonio. Solamente los cuatro. No supo su familia. No lo supo la mía. No hubo fiesta ni regalos. Mirtha lucía bella, hermosa con una túnica que ella misma se había confeccionado. Yo con un simple saco y corbata. Volvimos felices a nuestro domicilio y festejamos y agradecimos a nuestros padrinos y amigos con un rico y especial desayuno-coctel, ya que además era el cumpleaños de Mirtha.
Luego de ello salí al medio día a trabajar en el auto. Económicamente no podía ser de otra manera. Pero ya esa actividad no era la misma, ya no era rentable.
Me tocaba renovar mi licencia de conducir y entonces renuncié voluntariamente a la clase A, solicitando simplemente la clase B para obligarme a no volver jamás a ese trabajo.
Le dije a Mirtha que me iba a dedicar de lleno a lo mío aún con sus altos y bajos. Ella estuvo de acuerdo. Me dio todo su total apoyo diciéndome que lo importante era realizarse en lo que uno se sentía feliz, en lo que uno amaba o era su vocación sin importar si era más o menos rentable.
Terminé definitivamente con el taxi. También terminó Diciembre.




Capítulo 9

De vuelta al canto y al disco




El día martes 3 de Enero de 1978 fui en la noche hablar con don Pedro Muñoz, dueño del Maxim allí en la Avenida Mata y que en ese momento tenía un éxito avasallador. Mirtha me acompañó. Don Pedro me contrató para ese mismo fin de semana partiendo el jueves 5 más viernes y sábado. El contrato fue buenísimo en lo económico ya que era sólo por un fin de semana. Había dos orquestas entre ellas la de Tito Campbell. Se llenaba totalmente, más de 2000 personas ya que era un enorme local. Yo tuve un éxito enorme.
Cuando estamos en el camarín el sábado, último día de contrato, don Pedro me dice: — Sabe Danny, que hace tiempo que tengo la idea de abrir toda la semana, así que vamos a seguir desde mañana todos los días indefinidamente.
Y el sueldo — le pregunto ansioso.
Bueno, igual — me contesta — Seguimos igual.
Estuve Enero, Febrero, Marzo y Abril.
Luego cambió por un show de tango con Carlos Vásquez y Elena Cavada quienes también tuvieron varios meses de éxitos.
Ese contrato en el Maxim fue el que definitivamente me afirmó en lo económico y me volvió la fe en mi carrera al descubrir que la gente seguía gustando de mis canciones, que seguía amando la música de los '60.
La promoción que hacía el Maxim llegaba por los diarios a todo Chile y empecé a ser contratado casi todos los fines de semana por negocios nocturnos (boîtes) y elegantes restoranes en regiones con muy buenos honorarios, pasajes y buenos hoteles. Salvo esporádicas excepciones, después del Maxim nunca más volví a trabajar en centros nocturnos en Santiago ya que no se comparaban con lo que pagaban en provincia.
Mirtha me acompañaba en todos esos viajes hasta que su guatita se lo permitió ya que esperaba a Danielito que llegó el 30 de Agosto en 1978. Cuando ese día llegó nuestra felicidad fue completa y sentimos que ese hijo nos unía aún más y para siempre.
Danielito llegó con su marraqueta, pues un par de meses antes yo había ganado el primer lugar y muy buenos dólares como autor en el festival Chile Canta en el Cobre en Chuquicamata con mi canción “Sólo un vagabundo”. Festival por invitación donde estuvieron compitiendo Osvaldo Díaz, Santiago Cuatro, Julio Bernardo Euson, Florcita Motuda entre muchos otros.

En algunas radios FM solían tocar un tema en armónica de Lee Oskar Antes de la lluvia, el cual saqué un día como pasatiempo en mi armónica. Por ahí por 1980 conversando en el café Paula con el productor Nelson Catalán que trabajaba para el sello Sol de América, único que seguía grabando con artistas nacionales y en discos vinilos, me comenta que ese tema no saldría en Chile debido a que por razones políticas Lee Oskar no había autorizado su licencia. Cuando le comento que yo lo tocaba se entusiasma y se pone en contacto con el sello para que yo lo grabara.
El tema original duraba más de siete minutos y en algunos pasajes se desinflaba un poquito, y como siempre a todo lo que he grabado que no sea mío, le he hecho arreglos o algunas variaciones que le dé un toque personal, acorté el tema a un poquito más de tres minutos, le marqué más como chachachá el estribillo y agregué algunas improvisaciones propias. El sello quería que yo cantara en algunos pasajes, más logré convérselos de que quedara sólo instrumental. No obstante, no volvieron a poner en primer plano la armónica después del estribillo donde yo cantaría.
Fue un éxito radial sobre todo en regiones. En Santiago en la radio Cooperativa llegó al quinto lugar del ranking mensual. Se vendieron más de 20.000 copias en disco 45 vinilos. Todo un éxito comercial pues en ese entonces el casete pirata ya boicoteaba las ventas. Luego ya no se fabricaría más discos vinilo. Yo tuve la satisfacción de despedirlo positivamente. Llevé el disco a la producción de un programa que el Pollo Fuentes tenía en el canal 13 (aún en calle Lira).
— Déjalo. . . te llamaremos — me dijeron. Nunca lo hicieron. Como al mes apareció el Pollo junto al Coco Legrand tocando en armónica algunos compases del tema.
También se lo dejé a Camilo Fernández para hacerlo en un programa de Raúl Mata u otros que tenía en asesoría. Jamás me llamó tampoco. Según Nelson Catalán, Camilo era el productor que quería editar la versión de Lee Oskar. Yo no sé si fue cierto, pues nunca se lo pregunté. Hasta el día de hoy muchas personas del público se sorprenden cuando yo toco el tema en mi show, ya que no saben que fui yo el que lo grabó en Chile.
Podría escribir un libro completo sólo de puros chaqueteos como los anteriores que me han ocurrido durante estos 49 años en el medio. Tal vez me anime a comentar otro más adelante.

Otro gran campo de trabajo artístico que se empezó a producir en los ’80 fueron los festivales de verano que cada ciudad o pueblo a lo largo de todo Chile realizaba ya sea con el auspicio de la Municipalidad o directamente realizado por ella. Como hormiguita trabajaba duro el verano ahorrando para el invierno, ya que eran contratos buenos. Claro que durante el año seguían los trabajos en centros nocturnos, eventos de empresas y los famosos días de. . . Día de la Mujer 8 de Marzo, Día de la Madre 10 de Mayo, Día de la Secretaria 3 de Diciembre y otros, en los que yo por tener más de doce canciones con nombre de mujer, nunca faltaba en algún show.
También durante esa década de los ’80 había mucha actividad televisiva llegando a ver varios programas en la semana con actuaciones de cantantes nacionales, aunque yo nunca me he sentido cómodo en shows televisivos y sí me siento fuerte en actuaciones en vivo. A mediado de esa década inicié un ciclo feliz de actuaciones durante muchos años. Después de haber actuado en el elegante restaurante “El Popeye” en el segundo piso de la estación-puerto en Valparaíso recibí una llamada telefónica con algo de eco.
— ‘Oye Danny, somos un grupo de chilenos que vivimos aquí en Suiza. Sabes que estuvimos de vacaciones en el puerto y vimos tu show y grabamos parte en una videocámara. Aquí ha gustado arto y queremos contratarte para dos eventos que vamos hacer. . .’ Cito el escrito Colonias posteado en internet hace tiempo:
“De las experiencias que más agradezco a mi actividad como cantante, ha sido la de visitar tantos lugares y países del mundo. Y el agradecimiento mayor se lo debo a los chilenos que conforman las colonias en el extranjero.
Aparte de los viajes que realicé en los 60's y 70's, sobre todo por Sudamérica, desde mediado de los ’80 me vino una racha de viajes hasta el 2004, haciendo 1 ó 2 viajes todos los años.

En la ciudad de Lausanne, Suiza 1998


En 1988 viajé a Suiza, a la ciudad de Lausanne, ahí al ladito de Francia. Incluso los chilenos residentes viajan a comprar a Gex una cercana ciudad francesa. La mayoría de los chilenos son de Valparaíso y viven en esa ciudad hermosa y tranquila junto al bello Lago Léman (Lago Geneva por el lado francés).
En 1989 estuve en las ciudades industriales de Valencia y Maracay en Venezuela, ciudades con muchos chilenos muy bien establecidos con negocios y actividades independientes. Luego estuve viajando 5 años seguido una vez al año a Miami partiendo el primer año con una presentación en El Burro Restaurant el más concurrido restaurant chileno en ese momento, y después muchas otras actuaciones en la sala de eventos Mylander allí en Hialeah, donde se concentra la mayor cantidad de chilenos. En esa ciudad tengo muy buenos amigos.

En Sídney, Australia 1996


En 1996 hice el viaje más maravilloso de todos. Estuve un mes en Australia haciendo 8 actuaciones en Sídney y en una gira hasta Melbourne, donde fui acompañado por el excelente conjunto musical Frecuencia Cuatro, compuesto por chilenos y un joven uruguayo. Sídney es una ciudad impresionante y unos amigos, ex-colegas en la Nasa en Peldehue me llevaron a conocer Las Montañas Azules, distante 2 horas al interior de Sídney, de belleza indescriptible.
Una sensación extraña sentí de vuelta: partí de Australia un lunes al mediodía y llegué a Chile "el mismo día lunes" también al mediodía, debido a la diferencia de horario de 14 horas. Otra colonia bastante grande y muy unida es la de la ciudad de Sao Paulo en Brasil, donde canté en el 18 Septiembre del 2001. Ellos tienen un grupo folklórico de excelencia y me impresionaron los huasos, chilotes y pascuenses (hijos y nietos de los colonos) que cantaban cuecas, tonadas y bailaban tan bien en el escenario, al oírlos hablar en portugués ‘vestidos así’ en los camarines; era lógico, ellos son brasileros.

En Quebec, Canadá


En Mayo del 2002 hice una gira de un mes por EE.UU. y Canadá: New York, New Jersey, Quebec Toronto y otras.
Un querendón amigo chileno, junto a su familia, me llevó desde Toronto a conocer Las Cataratas del Niágara, otra experiencia maravillosa.

Junto a las Cataratas del Niágara en Canadá


El 14 de Febrero del 2004 hice mi última actuación en Miami en el Día de los Enamorados, en un evento organizado por el Club de Leones Lautaro de la ciudad.
Una cosa en común han tenidos todas estas visitas: el cariño de los chilenos. Me he sentido feliz y agradecido al ver con qué emoción y alegría recuerdan sus años juveniles y románticos, a través de las canciones que acompañaron su juventud y sus vivencias en nuestra tierra.”
Fin de la cita




Capítulo 10

Naturismo y abnegación familiar




El 17 de Julio de 1982 se acrecienta nuestra felicidad con la llegada de nuestro segundo hijo Marcos. Mirtha cuidó personalmente de Daniel y Marcos, ya que decidimos sacrificar un avance mayor en lo económico por la felicidad y cuidado de la niñez de nuestros hijos. Siendo fieles a nuestras ideas, ella se cuidó naturísticamente en sus embarazos y sus partos fueron naturales. Al llegar conmigo a Chile ella traía varios problemas crónicos de salud los cuales felizmente erradicó con el sistema de salud del señor Lezaeta. Por lo tanto le tomó fe al régimen y durante los meses de espera cuidó su alimentación.
Por ejemplo, contrariamente a lo que se acostumbra, durante su embarazo no tomó leche ni comió carne y no obstante amamantó con su leche hasta casi el año a los dos niños, quienes a su vez no comieron otra cosa hasta que le salieron sus primeros dientecitos, lo cual indica que el estómago recién está preparado para recibir otros alimentos. Aclaro que Mirtha obviamente reemplazó la leche y la carne por almendras, maní, nueces, etc. como también todo tipo alimentos naturales, como paltas, aceitunas, zanahorias crudas, frutas, etc. Luego de controles en el consultorio de Vitacura en calle Espóz y en donde después siguieron sus controles de niño sano, los muchachos nacieron en la maternidad del Hospital del Salvador En ambos establecimientos Mirtha recibió una excelente atención. Todo bajo mi sistema de previsión por lo cual teníamos servicio de salud Sermena que luego fue Fonasa.

Luego nuestros niños estudiaron en el liceo municipalizado Amanda Labarca que estaba cerca de casa, en donde tuvieron excelentes y cariñosos profesores y sacaban los primeros lugares en notas.
El apoyo y preocupación de Mirtha por ellos como también su colaboración e interacción con los profesores en el colegio creo que fue fundamental en estos resultados. Además yo me agregaba asistiendo con ella a todas las reuniones de curso e imponiendo bastante disciplina en casa. Claro que felizmente por ese tiempo yo ya había madurado bastante y superado muchos de mis traumas y salvo humanos errores creo haber sido un buen padre y un poco más papa-abuelo.
Al terminar el cuarto medio, Daniel obtuvo el premio a la excelencia académica y tan buen puntaje en la PAA (PSU) que le permitió entrar a la Universidad Católica a estudiar Ingeniería Civil.

Daniel y Marcos


Marcos igual de inteligente, pero un poquito más relajado y sociable, es decir un poquito despreocupado por sus estudios, igualmente sacó muy buen puntaje y entró a estudiar Ingeniería Comercial en la Universidad de Santiago (Usach). Ambos ahora ya trabajan con sus profesiones.
Cuando ya Daniel tenía 14 años y Marcos 10, recién Mirtha entró a trabajar en una empresa en un puesto administrativo, lo cual fue un apoyo fundamental en la economía del hogar y para el financiamiento de los estudios de nuestros muchachos.
Habiendo triunfado ya en tiempos pretéritos y considerando que como músico y cantante de música popular en un país tan pequeño y con poco campo laboral, sobre todo para el artista nacional y además con una mayoría de productores, agentes o representantes de artistas con muy poca ética, tener una renta mensual adecuada ha sido difícil, como lo ha sido siempre para casi todos los artistas locales, salvo pocas excepciones entre los que se encuentras los que se aferran a la televisión con diente y muela.
Pero yo concluí hace ya mucho tiempo que si bien cuánto ganar dependía del medio y de estos agentes, cuanto gastar una vez ganado aquello dependía de mí.
No sólo es vital un ordenamiento en la economía hogareña, además es primordial vivir honestamente nuestra realidad como también fundamental establecer prioridades según trascendencia o importancia.
Por ejemplo mi station Subaru Loyale año 1991 no lo cambié hasta que los muchachos terminaron la universidad. Era el vehículo más antiguo del barrio, pero funcionaba perfectamente y viviendo mi realidad esperé tranquilo el día del cambio. Haber ocupado las entidades sociales del estado como el servicio de salud y un colegio municipalizado, también fue vivir nuestra realidad.
Así lo hacen en los mejores países europeos como Noruega, Suecia u otros. Son las personas y sus familias las que tienen que poner lo mejor de sí, usando todos sus talentos, sus esfuerzos. Deben ir a la montaña.
Guardando las proporciones, como miles de otros anónimos ciudadanos ni Pablo Neruda ni Gabriela Mistral fueron a un Saint Important School para dar lo que traían en sus mentes y almas

Volviendo a la década de los ’80, la fuerza positiva que me daba el amor de mi mujer hizo volver a mi alma anhelos y sueños dejados en el pasado como aquel de mi niñez de querer estudiar piano clásico, algo que comenté en la primera parte de este libro en el capítulo de la infancia.

Tiempo atrás escribí sobre ello en mi sitio bajo el título El Piano en donde en parte decía:

“Pero en el campamento minero y en medio del desierto. . . ¿un piano. . . dónde?
Además debido a los conceptos y economía de mis padres, mis sueños de estudiar en un conservatorio quedaron ahí no más.
Después durante la enseñanza media, viviendo en un internado en Antofagasta, lo más asequible: una guitarra tradicional.
Más tarde en actuaciones en radio o teatro en medio de los ensayos, intruseaba el piano del director de orquesta.
Luego, aunque tuve un piano en casa por un corto tiempo, las giras y actividades laborales no me dejaban dedicarme a él. Y después claro, no hubo ni casa; un primer matrimonio terminó y me fui un tiempo del país.
No fue sino hasta después de los 40 años de edad, a mediado de los 80's, en que ya con más dificultad compré nuevamente un piano, uno usado y viejito, un Fisher y empecé por mi cuenta a sacar acordes basándome en la guitarra y hacer ejercicios para los dedos. Para tener más tiempo y no molestar, ponía una frazada entre las cuerdas y los martillos y así a las 2 de la mañana le daba y le daba mas nadie escuchaba.
Luego de un tiempo saqué el acompañamiento de todas mis canciones rocanroleras e hice algunas temporadas actuaciones en pubs y otros, acompañándome en un piano eléctrico (no teclado).
Pero la música clásica daba vuelta en mi mente y corazón y empecé atrevidamente a sacar temas de oído. Lógicamente, tal vez lograba un 50 ó 60% de lo que debía ser, debido a la cantidad de notas que suenan al mismo tiempo.
Hasta que felizmente en 1989 la SCD crea unos cursos para los autores que no sabían leer música como mi caso. Era sólo los miércoles de 9 a 12 horas durante 8 meses. La idea era terminar leyendo en forma básica, difícil a primera vista lógicamente, lo suficiente como para llevar al pentagrama nuestras composiciones.
Pero para mí fue también la posibilidad de estudiar paso a paso, en forma autodidáctica, las partituras de obras de Chopin, Mozart, Beethoven, Liszt.
En la sección Videos de mi sitio en internet hay varias grabaciones hecha en casa con mi piano de estudio.”
(Fin de la cita)

Hasta hoy lamentablemente nunca le he dedicado el tiempo necesario y que hubiese querido debido a mis responsabilidades profesionales y de jefe de hogar, pero me siento feliz y realizado de haberlo intentado, de haberme sacado el pillo y tocar lo que toco ya que llegó a ser sólo un querido hobby.

Después de ese cursillo de teoría y solfeo de la SCD, vino uno de Armonía en 1989 y otro de Orquestación básica en 1990, luego de los cuales hice dos cosas positivas: Primero me hice todos mis arreglos orquestales de mi show, aunque los he usado poco ya que a lo largo de Chile casi no hay grupos o bandas lectores de partituras en los centros de espectáculos o si dentro de un grupo hay uno o dos, no sirve de nada igualmente.
Y en segundo lugar es que uniendo aquellos conocimientos teóricos y mis habilidades prácticas en el piano, produje un texto de estudio que me llevó a dar clases de teclado entre los años 1992 y 1998.
Al principio lo hice en casa, pero como tenía un lugar muy pequeño y estrecho para ello, después lo hice sólo a domicilio. Agregué esta actividad ante la necesidad de mejorar mi renta, ya que en Chile la labor del músico o artista nacional ha sido siempre de dificil desarrollo y sobretodo después de pasar muchos años de su época de éxito.
Pero "pastelero a tus pasteles". No tenía la pedagogía ni la vocación para ello, y además muy poca paciencia y el texto, si bien técnicamente bueno, era tal vez más bien exigente.
Cuando se activo la música de la nueva ola, después de un programa "Siempre lunes" de Antonio Vodanovic, dejé de dar clases para siempre.

Al hablar sobre los cursos de solfeo y teoría en la SCD, me viene a la memoria un día de la época en que no sabía escribir mis líneas melódicas. Debe haber sido a mediado de los ’80. Llego a la SCD cuando aún estaba en la calle San Antonio para que el músico Sr. Ojeda, (encargado de ello en una oficina especial) me hiciera frente al piano la trascripción de una nueva canción, lo cual obviamente tenía su costo.
Me quedo apenado pues él no había ido a trabajar y me pongo a conversar con Valentín Trujillo que estaba haciendo un trámite y al saber lo que yo necesitaba, saca una hoja pauteada y me dice que le tarareara la canción. Ante mi asombro me escribe en dos o tres minutos la línea melódica, sin piano, en el tono justo, con sus acordes en clave americana, lista para ser inscrita en Propiedad Intelectual y obviamente sin cobrarme.
Esta actitud no sólo me mostró su extraordinario oído musical sino que la maravillosa persona que él ha sido. Gracias tío Valentín.

Volviendo al tema de las actuaciones en centros nocturnos en los ’80 y parte de los ’90, durante mis primeros 20 años de carrera mi guitarra era la compañera inseparable de la cual no me despegaba por nada, al igual que mi colega Ubiergo. Sin ella me sentía en pañales.
Inicié mi carrera de cantante en el norte acompañándome con guitarra.
Ravello en contrabajo (de los antiguos) y el recordado "Gomina" Sánchez en batería me acompañaron en mis primeras actuaciones en radio Minería de Santiago.

En gira con Oscar Arriegada


En los estelares radiales nocturnos, además de mi guitarra, me acompañaban las grandes orquestas con cuerdas y vientos que tenían las radios. Luego en las giras diferentes buenos conjuntos.
Pero al principio de la década de los ‘80 como ya lo conté antes, vino la época en que actuaba mucho en boîtes y restaurantes, y allí me aconsejaron dejar la guitarra para tener más desplazamiento y acercamiento físico con el público. Fue difícil, la guitarra era una gran compañera en el escenario, pero logré dejarla y atenerme sólo al acompañamiento de los conjuntos que tenían estos centros de espectáculos.
Pero a medida que pasó el tiempo y debían acompañarme nuevos músicos jóvenes, que no leían partituras ni conocían bien mis canciones empecé a tener un problema serio e ingrato. Especialmente en provincias tenía poquísimo tiempo para ensayar, 30 minutos o una hora máximo; a veces junto a la hora en que ya llegaba el público u otras con 1 ó 2 músicos menos que llegaban sólo a la hora del show, pues trabajaban en otra cosa.
Así obviamente en el momento de actuación muchas veces los músicos se olvidaban de todo y el acompañamiento musical solía sonar muy mal. Soy muy exigente, perfeccionista y les confieso que sufría mucho con esto.
Como antes comenté, los arreglos orquestales que me hice al terminar los cursos en la SCD con una conformación clásica de 7 músicos, con trompeta, saxo alto y trombón, los he usado rara vez por haber pocos músicos lectores en los centros nocturnos.
Afortunadamente una solución llegó por 1994 cuando gracias al conocimiento académico adquirido de la música y al ya poder tocar piano además de la guitarra, pude hacerme yo mismo mis pistas para mis actuaciones.
Las primeras las hice sólo con un teclado, pingponeando los diferentes instrumentos como batería, bajo, guitarra, teclados, violines, bronces, etc. en una grabadora de casete de doble velocidad y que tenía una mezcladora de cuatro canales. Los resultados obviamente eran ahí no más.
Pero desde 1996 me introduzco en las modernas tecnologías computacionales de la música, asistiendo al primer curso de Introducción a los sistemas Midi, Audio Digital, Computación Musical y la Música en Internet dictado por CMT (Centro de Música Tecnológica), dependiente de la SCD.
Ese año les compré un computador a mis muchachos y Daniel que tenía 18 años me ayudó en mi aprendizaje en el manejo del PC.
Pronto llegaron los programas para grabar música en multipistas y con sonidos sampleados que son sonidos digitales imitando los de los instrumentos reales o análogos, y en vez de grabar en cinta magnética, se empezó a grabar en disco duro.
Todas las pistas que uso en mis actuaciones, cuando no hay orquesta, son las que me hice yo mismo hace ya 11 años, en 1998. Las hice con mucho cariño, tratando de que sonaran lo más parecido a los arreglos originales de mis discos, sobre todo los temas Verónica, Norma, Corina y Josefina que son mis clásicos.
En mis shows he vuelto a usar mi guitarra en algunas canciones, también con apoyo de pistas. El ideal de todas maneras sería actuar con una banda u orquesta, pero por motivos económicos los empresarios y productores de espectáculos no contratan conjuntos y menos orquestas.
En todo caso creo que el público debe saber que cuando actúo con mis pistas hay un trabajo serio y hecho con cariño no sólo como cantante, sino como músico.




Capítulo 11

Adios al cigarrillo




Creo que la década de los ’80 fue muy positiva para mí ya que también en 1986 logré por fin realizar lo más ansiado por años: ¡dejar de fumar!
Muy probable que no estaría hoy, un día del año 2009, escribiendo estas memorias de no ser por ese trascendental hecho en mi vida.
Sobre ello me referí en un escrito titulado 40/30 y que como tantos otros posteé en mi página en la red. Aunque algunos datos se repiten son necesarios mantenerlos por el contexto. Dice el escrito:


“A los 5 años de edad comencé a usar lentes ópticos permanentes, ya que "un ojo no quería mirar donde lo hacía el otro y ambos eran algo miopes".
¡Cuatro ojoooos! — me gritaban despectivamente los cabros en la calle. Pero si bien me picaba eso no era mayor problema. El verdadero era que mi madre no me dejaba salir a jugar pichangas, pues ella temía que me llegara un pelotazo en los lentes.
Al final no salía casi nunca, poniéndome así algo gordito. . . o más bien gordo, aunque aún no llegaba la comida chatarra.
Ya lolo en Antofagasta me entró la pretensión, me saqué los lentes, empecé hacer ejercicios, nadar hasta en invierno en la playa y hacer ejercicios de Charles Atlas. . .
Pronto ya no me gritaron Cuatro Ojos. Lo cambiaron por:
— ¡Charles Guataaaa!
Bueno, al final bajé los kilos demás aunque los músculos no aparecieron nunca, pero sí me acostumbre hacer ejercicios y cuidarme un poquito.
Digo un poquito ya que a los 21 ó 22 años me entró el maldito vicio del cigarrillo. Fumé por más de veintitantos años, pero pasado los 30 años de edad, al fumar una infaltable cajetilla diaria, ya me había hecho mucho daño y mi voz, que siempre fue pequeña, era un desastre en los altos. Luché durante años por dejarlo. No podía.
Lo único que atenuaba el daño era el hecho que jamás, ni por broma, fumé marihuana ni probé cocaína hasta el día de hoy. ¿Para qué?. . . si con el vicio del tabaco que es igual de negativo ya estaba hasta la coronilla. Y tragos, sólo un parcito de vez en cuando, socialmente. Llegó el Día del Padre de 1986 y mientras me celebraban mis hijos, aún niños, una fuerte taquicardia hizo que un médico vecino viniese ayudarme y me sentenciara a futuro males mayores si seguía fumando.
Ese día pedí ayuda a Dios para yo cumplir como padre frente a mis hijos y nunca más volví a encender un cigarrillo.
Dios sabe lo que me costó, lo que sufrí para lograrlo, minuto a minuto, día a día, mes a mes. Luego era necesario no volver a reincidir y tal vez un deporte me ayudaría a no volver atrás. Por esos días llevaba a Daniel a clases de tenis al centro deportivo Rolf Nathan y observando que había un frontón y que yo debía esperarlo una hora, compré una raqueta (de aluminio en ese entonces) y empecé a tratar de "echar abajo el frontón". Le daba y le daba.

En el Arrayán
   


Luego una clasecitas con Don Manuel Berríos y tiempo después prácticas con el gran Jerry, y poco a poco me fui apasionando y nunca más lo dejé.
Claro en los primeros 5 años me ganaban todos. Cuesta dominar la técnica partiendo tan tarde, a los 45 años en mi caso. Pero ahora sólo me ganan. . . bueno casi todos.
En los ‘90, como pertenecíamos al Club de la Interamericana en el Arrayán, tuve clases con Patricio Cornejo, una de las personas lindas que he conocido en mi vida, a quien admiro y respeto mucho. Con él di pasos grandes hacia adelante y aprendí sobre todo a jugar contento y perdonándome los errores.
No he dejado nunca de jugar, por lo menos una vez a la semana, hasta el día de hoy.”
Fin de la cita.




Capítulo 12

Cáncer




“En Noviembre del 2003 me hice varios exámenes en un chequeo médico de rutina. Entre ellos un antígeno prostático. Resultado: 8,5. Derivado derechito al Urólogo: Una biopsia. Malas noticias. Un cáncer prostático 3/4, agresivo.
‘Debemos operar urgente’ — dice el doctor que por supuesto es médico cirujano.
No puedo creerlo. Una segunda opinión. Lo mismo.
Me dejo estar unos días.
Luego un llamado del primer doctor Don Benjamín Silva:
— Oiga señor Astudillo esto no es broma, la cosa es delicada.
— Bueno — respondo — ¿cómo, cuándo y dónde? —
El 7 de Enero (2004) en San Borja Arriarán. —
De acuerdo, allí nos vemos.
¿Qué pasó? ¿Cómo puede ser?. . . Desde los 20 años y por casi 25 practiqué el naturismo y un poco de yoga, discípulo de Don Manuel Lezaeta Acharán y cliente del Hogar Naturista en Tomás Moro. Claro que todo aminorado por el maldito vicio del tabaco que tuve hasta los 45 años de edad y además después de los 40 me eché a la bartola. Subí 17 kilos, de 65 a 82.
‘Por lo menos debo llegar al quirófano tiqui-taca’ — me dije.
De vuelta al naturismo. Tres semanas de apurado régimen:
Cataplasmas de barro durante la noche. Seis de la mañana frotación con agua fría y jugo de pomelo o piña. Luego a las 8 am baño vapor combinado con frotaciones de agua fría. Desayuno te mosqueta con miel y frutas dulces. A media mañana baños genitales, yerba sanguinaria. Almuerzo, once y comida sólo frutas y verduras crudas.
Llegué con 71 kilos a la operación, sin problema de presión alta, con buena circulación, etc. Optimista y con ganas de luchar. Al tercer día, batiendo el record de otros pacientes del doctor, fui dado de alta.
No fue necesario quimioterapia ni otros tratamientos.
El 23 y 30 de Enero tenía contrato en el Mall del Centro, el 14 de Febrero en Miami para el Día del Enamorado y el 27 en el Festival de Maullín. Los cumplí todos. Claro bien fajado y "moviéndome como abuelito".
Excelente fue el trabajo del Dr. Benjamín Silva y su equipo. Muy buena atención del personal de pensionado del hospital San Borja Arriarán.
El oportuno apoyo de la SCD y lo más importante: El cariño de mis amigos artistas y de un público maravilloso que me dieron su respaldo y afecto el 30 de Enero en un evento lleno de amor. . . amor más grande aún el de mi esposa, mis hijos y familia. . . y el amor más grande aun de Dios.

No sé cuál ni cuándo será la próxima movida del señor Cáncer,
pero si vuelve, aquí un señor Capricornio le dará dura pelea.

                   


Por otra parte el 22 de Diciembre 2005 cumplí 65 años e hice mi última imposición bajo la Ley 15478 de Previsión del Artista, que administraba la Caja de EE.PP. y que después lo hizo INP.
Fueron 41 años de imposiciones, mes a mes, sin ninguna laguna.
Es una satisfacción grande, pero no fue fácil.
Hubo tiempos difíciles donde había que sacrificar cosas y priorizar ir al banco a pagar las imposiciones. Pero bueno, gracias a eso he tenido Fonasa para la familia y hoy la tranquilidad de tener una base con una pensión bastante aceptable y trabajar más relajado.
Inicié mi carrera en Abril de 1961 con mi primer disco "Verónica", dejando de lado el último año de estudio de Contadores, por lo tanto si ustedes me aguantan hasta el 2011, tal vez Dios mediante llegue a los 50 años de carrera.




Capítulo 13

Gracias a la vida




Antes de pasar a la última parte de mis memorias y vivencias, quiero decir que doy gracias porque mi familia y yo hemos sido felices, nos sentimos realizados y tranquilos, hemos palpitado un vida plena en esta sureña tierra pegada al pacífico a la cual queremos de corazón aún a pesar de todos sus bemoles, por decirlo con un término musical.
Soy feliz porque aún hoy con 70 años de edad sigo soñando y pensando en un mundo mejor, porque aún tengo sueños y proyectos que sólo la muerte me puede impedir cumplir. He tratado de mantener el equilibrio entre el Danny y el Javier, usando el don artístico recibido sólo para la entretención o emoción de la gente y en la forma más honesta y profesional posible. Pero fuera del escenario y la música he preferido una vida sencilla y tranquila. Soy casero por naturaleza.
Sé que todo lo anterior me llevó a tener un bajo perfil artísticamente después de los ‘60. Y tener un bajo perfil en un país eminentemente chaquetero es como vivir solitario en el desierto. Las últimas generaciones no han tenido idea de mí. Pero ello no me ha afectado, pues he tenido claro que cada generación tiene sus propios artistas; yo ya lo fui de la mía y no habría de pasar la vida haciendo hasta lo indigno por estar 'vigente'. Cuando sí lo estuve, eché las bases para hoy no preocuparme.

No podría dejar de contar en estas memorias una parte muy importante de mi existencia y que ha sido la inquietud desde joven de pensar, de analizar, de cuestionar. Cuestionar por ejemplo la forma de vida que los hombres nos hemos dado en la tierra. Obviamente consciente de la utopía que significa ya en estos tiempos lograr cambios o marcha atrás a nivel social, pero con la certeza que en el plano individual tener conciencia de otros parámetros y evitar en lo posible ser hombre masa, puede ayudar al individuo a ser feliz en un mundo muchas veces adverso, a ser fuerte ante inclemencias de todo tipo, no sólo del tiempo. Tan esencial ha sido en mi vida el pensar y tan fiel he sido a esos pensamientos que justamente son los que, junto a mis traumas ya mencionados, coartaron o condicionaron mi qué hacer o no hacer en la vida.
Por ejemplo en 1968 en mi ansiedad como jefe de hogar por buscar una alternativa de ingresos económicos y queriendo aprovechar mis habilidades para el dibujo hice durante unos meses un curso de diseño publicitario en el instituto CEA cuyo director era el querido y recordado Jorge Rencoret.

Dibujo que hice en mi adolescencia
estudiando una pintura de Botticelli.


Entre otras materias, se estudiaba sicología de las masas que no es otra cosa que conocer las motivaciones, las fortalezas y debilidades de la mente del individuo, pero que actúa y se motiva en forma diferente cuando está inmerso en una sociedad, perdiendo su personalidad y llegando actuar en forma inconsciente o no premeditada. La publicidad y la política son las que más usan este factor y se benefician de él.
También estaba mi habilidad de músico, letrista y compositor de tonadillas y así logré ganar algún buen dinero con la producción de algunos jingles publicitarios que hice, pero en lo personal siempre me sentí vendiendo pomadas.
Conscientemente dejé de hacerlo, dejando de ganar ese dinero. Y alguien podrá decir. . . ¿y este tipo qué quiere, está loco?
Tal vez sí, si lo analizamos desde un sentido común.
Pero yo sigo pensando que en algún recodo del camino los hombres tomamos la senda equivocada ya sea por culpa de una manzana, o por la evolución de nuestro cerebro triuno, o por la forma de nuestras manos que nos permitió asir y manipular logrando desarrollar nuestra actividad cerebral, o esta última por comenzar a consumir sal. . . o qué se yo.
¿Se han detenido a pensar ustedes que después de miles de años de existencia de la humanidad, de miles de viajes y descubrimientos, con visitas al espacio, después de miles de pensamientos e inventos, de ambiciones y guerras, de ingeniería cubriendo con cemento los caminos de tierra o de arquitectura modelando edificios que nos encierran, de nuevos trajes y nuevas modas, de trillones de palabras dichas en vivo o por teléfono o en la televisión o leídas en un libro, o comunicadas por internet. . . los seres humanos, al igual que el resto de los seres vivientes después de nacer, seguimos necesitando sólo y básicamente despertar felices, comer ansiosos, evacuar satisfechos, andar y correr con alegría o jugando, amar y procrear, y al llegar la noche volver a dormir plácidamente?
Pero contrariamente al resto de los seres vivientes que no inventan ni pretenden cambiar la naturaleza, nosotros, como diría un típico chileno: ' nos hacemos cada atado'.
Siempre he querido escribir sobre estos cuestionamientos, pero he dejado pasar el tiempo como lo expreso en este escrito que aparece a continuación y que escribí allá por 1995, cuando algunos medios se hacían problema de qué lado estaba tal o cual artista. A propósito de ello, yo he sido sólo un trabajador en la actividad del espectáculo, de la entretención, en el campo del canto y la música y por respeto al público y a mí mismo, jamás he intentado influir en la gente diciendo en el escenario palabras a favor o en contra de ninguna ideología, pero tampoco me he cuestionado si aquel que me contrata para cantar es de izquierda o es de derecha.
Es posible que ahora que me animé a escribir mis memorias, me anime a escribir algunos ensayos sobre mis pensamientos, por de pronto cito el mencionado escrito:

Ni izquierda ni derecha, 30 de Abril 1995
Desde que era un veinteañero he pensado que la humanidad ha estado creando especialmente en los dos últimos siglos, una vida artificial lejos de la naturaleza a través de la cual el creador y/o la vida se manifiesta y que traería con el tiempo desastrosas consecuencias. A la mayoría que le comentaba mis pensamientos en ese entonces les parecía ideas descabelladas y pesimistas.
Pero poco a poco lamentablemente esas consecuencias se han empezado a producir y ahora son cientos los escritos que hablan de ello. No profundizaré aquí sobre el tema, pero en relación al título quiero decir que pienso que el hombre ha creado una sociedad en que hoy sólo nacemos para ser productores y consumidores de bienes, los cuales durante cientos de años la humanidad no necesitó para existir, y sin embargo hoy gastamos y contaminamos el único mundo que tenemos y al mismo tiempo hacemos con ello que la mayoría de los habitantes del mundo sufran y sean infelices.
Por lo anterior pienso que no tiene importancia con qué sistema político o partido se gobernará una sociedad, país o el mundo mientras se valide y promueva esta vida artificial. El real problema es la sociedad de consumo y vamos a terminar con el mundo igual, ya sea con las ideas de Smith, Marx, o las de un "centro centro".
Por lo tanto no soy ni de derecha ni de izquierda.
Tampoco pertenezco a iglesias ya que creo que se han alejado de las verdaderas enseñanzas en todas las religiones.
Algunas de ellas se recuerdan los domingos, pero durante la semana se olvidan todas (ojo no estoy hablando del amor).
Como todos los jóvenes y de todas las épocas, a los veintitantos quise escribir un libro sobre mis pensamientos y "mejorar el mundo", luego desistí al descubrir que en miles de libros ya antes se había escrito tanto o mucho más, llegando como todos a la egoísta o triste máxima que cada uno es feliz o ‘infeliz’ a su modo.



De esas enseñanzas escritas recordemos las de Jesús en San Mateo 6: 26-28    y,    si consideramos a la tierra y al universo como el templo o la casa de Dios a que se hace referencia, también recordemos San Mateo 21: 12-13.    Dicen:

San Mateo 6:
26   Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros y vuestro Padre celestial las alimenta. . .

(Y también a nosotros, no después de oraciones ni milagros, sino diariamente a través de los alimentos y frutos naturales, no manipulados ni fabricados, de valles, oasis, bosques, huertos, y en las costas de ríos, lagos y mares los cuales nos mantienen sanos de por vida.)

28    Y por vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo cómo crecen: no trabajan ni hilan. . .

San Mateo 21:
12   Y entró Jesús en el templo de Dios y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas;

13    y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.


Pero parece que nosotros o no hemos hecho caso o no hemos entendido nada.





Registro Propiedad Intelectual
Inscripción Nº 185389    26 Octubre 2009
©   Derechos Reservados.

Volver a Inicio      Back to Home

..........................................................................